miércoles, 18 de junio de 2025

¡EL EUROMAJARON!

 



Allá en Bruselas, trono de excelencias,
donde el sentido común sufre dolencias,
habita un sabio en traje bien planchado
que nunca ha fregado… pero todo ha regulado.

Con mano firme dicta la condena:
“¡Tapón unido siempre a la botella llena!”
Y mientras tú te manchas la camisa,
él brinda en Davos… con champán y sonrisa.

“Las vacas deben orinar sin culpa,
los pepinos curvos ¡fuera de la pulpa!”
Prohíbe el queso si huele muy fuerte,
pero entra aceite chino… sin pasaporte.

Te exige normas para el pan tostado,
la curvatura exacta del plátano pelado,
y que el jamón declare su intención
antes de entrar a una reunión.

El agricultor se ahoga entre papeles,
mientras entran fresas sin sellos ni fieles.
“¡Libre mercado!”, grita el comisario,
con las manos llenas del sobre ordinario.

Y si en tu barrio hacen ruido o queman,
calla, no opines, ¡o te llaman problema!
No es que no vean lo que hay en la calle…
es que temen más al titular que al detalle.

Normas mil para el europeo cansado,
y silencio eterno para el desorden importado.
Reglas absurdas, muchas, infinitas…
menos para quien rompa… con causas benditas.

Sergio Calle Llorens

viernes, 6 de junio de 2025

¡ARDE PARIS!

 



 Si el PSG pierde las semifinales de la Champions, queman Paris. Si el PSG es derrotado en la final de esa misma competición, queman Paris. Si el PSG se corona como campeón de Europa, le meten fuego a la Ville Lumiére e, incluso, atacan a los bomberos que intentan apagar los incendios que los africanos han provocado. Convendrán conmigo que esos pirómanos son una pandilla de hijos de puta que deben ser deportados a sus lugares de origen, y con urgencia. Sí, a esos que jamás se adaptarán a los valores occidentales. Cualquiera con algo de seso se percataría que Europa se asienta debajo de una bomba de relojería; los islámicos. Desactivar esa bomba requiere inteligencia, paciencia y diente de lobo. Todo llegará.

En España, por su parte, el Ministerio del Interior nos presenta datos demoledores; el 43,3% de las violaciones en manada las cometen extranjeros y los marroquíes lideran la lista de ese repugnante delito. Dicho de otra manera, el colectivo que sólo representa el 13,4% de la población residente (6,5 millones sobre 48,6 millones) es el más peligroso de todos. También destaca el colectivo marroquí entre las nacionalidades más reincidentes en este tipo de delito. Pero el problema, según esta misma pandilla de tarados que les defiende, es la ultraderecha.  Por cierto, antes de insultarme por lo que aquí les dejo escrito, deberían imaginar el terror de una niña de 11 años mientras era violada en un centro comercial por una manada de marroquíes.  

En Dinamarca, en cambio, ya no están para bromas y acaban de prohibir el uso del hiyab en las universidades y en los colegios. Una decisión que viene tras destruir, y literalmente, los guetos donde vivían los inmigrantes. Barrios en los que no entraba ni la policía y señoreaba la bandera del islam. Para los lerdos profesionales les adelanto que en esa pequeña nación escandinava gobierna la socialdemocracia. Sin embargo, ya no aguantan más y tarde o temprano esto provocará una reacción en cadena en el resto del viejo continente.

¡La batalla comienza ahora!

Sergio Calle Llorens

miércoles, 4 de junio de 2025

¡CHANDLER BAJO LA LLUVIA!

 



Acabo de terminar Dept. Q en Netflix. La dejé anoche en pausa a las dos de la madrugada, con los ojos secos de tanto mirar y el pecho ligeramente comprimido, como si los casos sin resolver me hubieran llamado por mi nombre. Desde el primer episodio, la serie me atrapó con algo más que su impecable fotografía, su ritmo medido o su aire sombrío: lo que me atrapó fue la palabra hablada. Los diálogos. Esa tensión eléctrica en cada intercambio, donde los personajes parecen decir mucho más de lo que verbalizan. Fue entonces cuando me vino el eco de un viejo conocido: Raymond ChandlerNo porque la serie se le parezca en superficie —el mundo de Chandler era soleado y cínico, el de Dept. Q es lluvioso y grave— sino porque ambos comparten una virtud escasa y poderosa: el lenguaje afilado que acaricia verdades rotas.

En Chandler, los diálogos no son ornamento ni información. Son la forma en que el alma se defiende del mundo. Su Philip Marlowe lanzaba frases como puñales envueltos en seda. En Dept. Q, Carl Mørck hace lo mismo, aunque más desde el abismo que desde la ironía.

—"¿Sabes qué harás si lo encuentras?"
—"Preguntarme por qué no lo hice antes."

Hay en eso la misma resignación filosófica que Chandler cultivaba. La frase breve. El golpe suave al hígado. La idea de que hablar es una forma de no derrumbarse.

En ambas narrativas, el detective no es un héroe. Es un testigo que camina entre ruinas. Mørck, como Marlowe, no confía ni en los sistemas ni en las instituciones. Pero no se detiene. No puede. Porque hay algo en el fondo de su pecho —no esperanza, no redención— sino simplemente la certeza de que alguien tiene que hacer el trabajo sucio por los que ya no pueden hablarY eso, en literatura, es poesía amarga.

Quizá lo que más me conmovió de Dept. Q es que nunca grita. Nunca dramatiza. Sus verdades son susurradas entre líneas. Como Chandler. Ninguna frase se repite. Ninguna explicación es forzada. Todo fluye con ese arte difícil de lograr: decir sin explicar, mostrar sin exhibir, revelar sin desvelarY ahí radica la grandeza.

No, Dept. Q no imita a Chandler. Lo que hace es heredar su espíritu. Lo que un saxofón solitario es al jazz, Dept. Q lo es al thriller moderno: una voz rota que se alza en la noche y encuentra, entre la niebla, el eco de una vieja canción.

Esa que Raymond Chandler escribió hace más de ochenta años con tinta de humo, whisky y lluvia. Y que hoy sigue viva en los labios de un detective triste, bajo el cielo de Escocia, hablando poco, pero diciendo todo.

Sergio Calle Llorens

lunes, 2 de junio de 2025

¡UN ALCATRAZ PARA ESPAÑA!

 



En Italia, las cuatro mafias principales son la Cosa Nostra, la Camorra, la Ndragueta y la Sacra Corona Unita. En España, en cambio, contamos con el PSOE.  Es la heredera de la Garduña que, como no me cansé de repetir, estaba compuesta por soplones, fuelles, coberteras, sirenas, floreadotes, capataces y maestros. Como cualquier sociedad secreta tenía sus contraseñas y signos de reconocimiento entre sus innumerables miembros. Ahora, en cambio, ya cometen sus fechorías a la vista de todos. Bien es cierto que el hampa ibérica no mata porque controla casi todas las instituciones del Estado y no lo necesita. Empero, los Bonanno, los Colombo y los Gambino son unos aficionados en comparación con estos maleantes patrios.

Sin duda, Leyre Díez, la fontanera más famosa del sur de Europa, no sólo deja una pistola humeante en forma de audios, sino también una forma de entender la vida; hacerse de oro a costa de todos nosotros mientras tratan de matar civilmente a los críticos con la gestión de unos tipos tan peligrosos como el capo que los dirige. Para muchos, lo publicado viene a demostrar que si bien otros tenían Al Capone, los de la secta del capullo cuentan con Al Sanchone y hay que estar preparados para lo peor. Porque el error, el suyo que no el mío, ha sido el de considerar al partido socialista obrero español como una agrupación política más y no como una organización mafiosa.

 Su ADN es ese intento de acabar con la UCO, esa forma de ofrecer pactos con la Fiscalía y esa arrogancia supina a la hora de amenazar. Ahora entenderán algunos lo que pasaba en algunos juicios de la taifa del sur. Ahora verán la misma luz que deslumbró a Pablo de Tarso cuando se cayó del caballo camino de Damasco. Sólo que esa luz no les dejará ciegos porque ya perdieron la visión hace muchos lustros.

Por cierto, recuerdo que la mayoría de ustedes no quisieron creerme, pero los audios publicados por diferentes medios de comunicación muestran una verdad inquietante; este grupo mafioso está en el poder y hay que desalojarlo. Con esto no quiero decir que haya que ganarles en las elecciones, que también, sino en hacerles el vacío social y, si me apuran, construir una prisión de máxima seguridad para encarcelar a los miembros de este grupo delincuencial. ¿Qué les parece crear un presidio estilo Alcatraz en las islas Chafarinas?

Sergio Calle Llorens

miércoles, 28 de mayo de 2025

¡MONICA BELLUCCI!

 




Se mai una Dea ha camminato fra noi mortali, lo ha fatto in tacchi Louboutin, con uno sguardo che fonde i ghiacciai alpini e un sorriso che farebbe firmare a Dante Alighieri un nuovo canto della Divina Commedia. Il suo nome? Monica Bellucci.

¡Sì, proprio lei. Vergine di Modena e di Meraviglia!
Non è solo un’attrice: è una costellazione. Un miraggio su pellicola. Un respiro lungo quanto un bacio di Fellini sotto la pioggia. Monica è la risposta italiana a domande che nessuno osa fare.
Quegli occhi sono versi perduti, scritti a mano in inchiostro di giada. Quando ti guarda, ti senti nudo come Adamo nel giardino, ma con molto meno fogliame per coprirti. Non sai se inginocchiarti o offrile un gelato al pistacchio.
Quelle labbra non parlano: narrano. Sono pagine carnose di un libro proibito, dove ogni parola è sospirata e ogni bacio è una rivoluzione. Se mai venissero baciate da qualcuno senza poesia nel cuore, si scioglierebbero per indignazione.

Vergine del Rinascimento! Leonardo l’avrebbe inseguita con compasso e pennello. Botticelli avrebbe gettato la Venere nel mare per rifare tutto da capo. Il suo corpo non sfida le leggi della fisica: le riscrive. E con molto più stile.

In “Malèna”, Bellucci non recita: incanta. Cammina per le strade e il mondo si ferma. Persino i piccioni smettono di tubare. Vergine del silenzio che grida! La sua sola presenza è una sinfonia muta che attraversa la schiena come un brivido lirico.

Perché non è solo bella. È profonda. Come un bicchiere di Barolo bevuto sotto le stelle. In ogni intervista traspare quella miscela rara di intelligenza, sensibilità e ironia. Monica è il tipo di donna che ti guarda e capisce. Anche quello che non osi dire.

C’è chi la definisce inarrivabile, ma io penso che sia un sogno accessibile solo con un biglietto scritto a mano da qualche stregone gentile.
Vergine delle illusioni buone!
Quella che ti fa credere che anche tu, piccolo umano col cuore in tasca e le scarpe slacciate, potresti per un attimo danzare tra le ombre del cinema accanto a lei.

Monica Bellucci non è solo una donna. È un effetto speciale creato dalla Natura in un giorno di euforia artistica. Un sospiro italiano che ha fatto il giro del mondo.
Vergine dell’Eterna Bellezza, ti ringraziamo!
Perché in un mondo che scorre veloce, tu ci ricordi che la bellezza può ancora farci fermare. E sognare.

Sergio Calle Llorens

martes, 27 de mayo de 2025

¡NOT BEFORE SUNDOWN!

 



¿Y si las criaturas del bosque no se extinguieron… sino que aprendieron a esconderse en nuestras obsesiones más íntimas?

En el año 2000, Finlandia otorgó su máximo galardón literario, el Premio Finlandia, a una novela que rompió con todo: Not Before Sundown, de Johanna Sinisalo. Lo que parecía una obra menor sobre folklore y trols acabó revelándose como una bomba cultural. Porque esta historia no trata realmente sobre criaturas mágicas. Trata sobre el deseo como bestia salvaje. Sobre la otredad como espejo. Sobre el monstruo que se parece más a ti de lo que quisieras.

El protagonista —cuyo nombre nunca sabremos del todo— es un fotógrafo homosexual de éxito que, una noche cualquiera, encuentra un trol real: pequeño, herido, adorable. Lo lleva a su apartamento en Tampere, lo alimenta, lo cuida… y empieza a obsesionarse.

Pero el trol no es un animal. Es algo más antiguo, más astuto, más inquietante. Se comunica sin hablar, y afecta su entorno como un campo magnético. El protagonista empieza a tener sueños raros. Y su atracción por la criatura se torna íntima, incluso sexual.

Aquí, el horror no tiene colmillos ni sombras que saltan desde los armarios. Tiene formas más sutiles: el deseo que se vuelve posesión, la ternura que se vuelve hambre. El trol es el catalizador de todo lo que el protagonista ha querido reprimir: su necesidad de control, su trauma infantil, su aislamiento emocional.

La estructura de la novela es brillante: capítulos cortos, intercalados con fragmentos de noticias falsas, leyendas finlandesas, ensayos ficticios, citas científicas. Todo parece decirte: “Esto es real. Esto es posible. Esto fue olvidado.”

Y en esa mezcla entre modernidad urbana y mitología antigua, el lector empieza a sentir que quizás, sólo quizás, los trols existen… y siempre han estado aquí.

Uno de los aspectos más perturbadores del libro es la transformación psicológica del protagonista. Lo que comienza como una historia de rescate animal se convierte en una fábula oscura sobre la cosificación del otro, la belleza como peligro, y la disolución de la humanidad en la fascinación.

Hay escenas que hielan la sangre no por lo explícito, sino por lo simbólico. Una especialmente: el momento en que el protagonista, acariciando al trol mientras duerme, nota que su propia voz interior empieza a hablar en un idioma que no es el suyo.

Es como si el trol no sólo viviera con él… sino dentro de él.

Not Before Sundown no es un libro de miedo en el sentido tradicional. Es una novela perturbadora, elegante y venenosa, que te persigue lentamente. No hay héroes ni villanos. Sólo la pregunta eterna:
“¿Qué parte de mí he estado negando tanto tiempo… que al fin se ha encarnado en algo que no puedo controlar?”

Sergio Calle Llorens


domingo, 25 de mayo de 2025

¡MURIÓ IÑAKI|


 


Por un instante, Madrid dejó de sonar. Las aceras se volvieron menos punk, los bares de Malasaña más silenciosos. Murió Iñaki Fernández, el alma provocadora de Glutamato Ye-Yé, y con él, algo más que una voz: se fue un símbolo de libertad. Se fue el grito que se reía del sistema.

Fue en aquellos años ochenta en los que España intentaba averiguar qué demonios era la democracia, cuando un grupo de chavales se atrevió a desafiar los códigos no con pancartas ni manifiestos, sino con algo más efectivo: el humor absurdo, el ruido pop, el surrealismo como dinamita. Glutamato Ye-Yé era un grito de guerra disfrazado de chiste, y su general era Iñaki, ese tipo con bigote hitleriano que tenía más de Groucho que de Adolf, y que convertía cada actuación en una performance entre lo punk y lo dadaísta.

¿Qué era Iñaki Fernández? Era un bufón en el sentido más noble de la palabra: el único al que se le permite decir la verdad mientras hace reír. Su humor no era un chiste fácil; era una crítica disfrazada. Con canciones como “Todos los negritos tienen hambre y frío” desmontaba los eufemismos del colonialismo. Con “Un hombre en mi nevera” nos recordaba lo ridículo del miedo y lo hermoso del sinsentido. Su estética, sus letras, su forma de escupir las palabras sobre el escenario eran el espejo deformante de una España que aún se sacudía el pasado a zarpazos.

Glutamato Ye-Yé no solo fue un grupo; fue un experimento libertario con guitarras. Y Iñaki, el alquimista que transformaba la provocación en poesía bastarda. Nunca buscó el aplauso fácil, ni el canon, ni el éxito enlatado. Se reía de la industria musical mientras la obligaba a escucharle.

Y ahora que se ha ido, uno siente que ha muerto una forma de estar en el mundo. Ya no quedan muchos como él: tipos que se subían al escenario no para cantar, sino para recordarnos que se puede vivir sin pedir permiso. Que se puede desafiar sin odio. Que se puede ser libre incluso en un país que aún colea entre censuras suaves y nostalgias peligrosas.

Iñaki Fernández fue un soplo de aire fresco, no porque dijera lo que queríamos oír, sino porque nos obligaba a escuchar lo que nadie se atrevía a decir. Y lo hacía con una risa. Con un bigote. Con una canción de tres acordes.

Hoy, esa risa se ha apagado. Pero su eco sigue flotando en los garitos donde aún suenan vinilos de verdad, en los recuerdos de quienes lo vieron en directo y no sabían si estaban ante un cantante o un iluminado. Era las dos cosas. Y era, sobre todo, un hombre libre.

Descansa en paz, Iñaki. Y que allá donde vayas, el sistema tiemble.

Sergio Calle Llorens

viernes, 23 de mayo de 2025

¡LOS OKUPAS!

 



 Cuando se alargan las sombras y llega la noche los okupas se adueñan de las terminales buscando seguridad. El tema está generando gran debate en la política española. Empero, en una sociedad que busca respuestas, lo ideal es hacerse las preguntas pertinentes. Especialmente entre los desnortados que siguen hablando del televoto del cochambroso Festival de Eurovisión. Que Israel estuviese a punto de ganar el certamen ha provocado más rabia en algunos sectores que el tema de que algunos no puedan pagarse- ni con un sueldo- una mísera habitación en las grandes ciudades. Entonces las preguntas son las siguientes: ¿Cómo es posible que cualquier inmigrante que llega a España sin recursos tenga dinero de bolsillo, habitación- algunas en hoteles de cuatro estrellas- comida, educadora social, abogada, psicóloga, monitora y hasta educadores, mientras los españoles malviven entre vuelos comerciales? ¿Cómo hemos llegado a esto? En verdad, no es posible entender que los españoles tengamos que arreglar las miserias y los fracasos del resto del mundo sin atender las necesidades de nuestros compatriotas. ¿A quién se le ha ocurrido semejante barbaridad? ¿Por qué tenemos que financiar con nuestros impuestos a todos los colectivos marginados mientras nuestros paisanos pasan estas penalidades? Sí, ya sé que el patán de turno me dirá que entre los okupas de los aeropuertos también hay inmigrantes, pero esos fueron traídos aquí por los nuevos negreros del siglo XXI. Y ellos deberían hacerse cargo de la factura.

 Evidentemente estamos ante un gran fracaso colectivo que bebe de las aguas infectadas por el buenismo. Una doctrina regada de papanatismo patrio que permite que un tipo que ha cotizado veinticinco años se vea relegado a ser ciudadano de tercera categoría por el país que contribuyó a levantar con tanto esfuerzo.

Ante esta vil situación no llegó a comprender que a nadie se le caiga la cara de vergüenza. Ante esta ignominia apenas queda la resignación y el apoyo a los partidos a los que llaman ultras. Ya ha ocurrido en Portugal y en otros países de nuestro entorno. La gente está harta y sólo hace falta echar la vista atrás para recordar que en un tiempo no demasiado lejano la clase media española, y el que lo niegue es un besugo, tenía vivienda propia y una casa para las vacaciones. Y ahora, ni un sueldo les da a algunos para vivir bajo techo. Lo digo de otro modo; o esto empieza a arreglarse o muchos van a entender que no van a seguir viviendo, y a costa de los demás, en modo avión.  

¡Vienen curvas!

Sergio Calle Llorens

miércoles, 21 de mayo de 2025

¡IBÁÑEZ!

 



Hay nombres que no necesitan presentación porque se han colado en nuestras vidas como si siempre hubieran estado allí, como si fueran parte del mobiliario emocional de nuestra infancia. Uno de esos nombres es, sin duda, Francisco Ibáñez Talavera. Pero si por alguna cruel jugarreta del destino alguien aún no lo conoce, bastaría con mencionar a sus dos criaturas más legendarias: Mortadelo y Filemón, esa pareja imposible de agentes secretos cuya torpeza ha salvado al mundo más veces que James Bond… aunque casi siempre por accidente.

Porque lo que hacía Ibáñez no era simplemente dibujar viñetas con humor: creaba mundos delirantes donde la lógica dormía la siesta y el absurdo tenía carnet de identidad. Y aún así, sus historias contenían una lucidez demoledora sobre la sociedad española de su tiempo. En un país que salía de la grisura del franquismo, Ibáñez ofrecía una válvula de escape, una carcajada rebelde, una invitación al disparate sin consecuencias.

Mortadelo, calvo, alto, especialista en disfraces imposibles y huidas absurdas, es el alma del caos. Filemón, bajito, malhumorado, con esa raya al lado y vocación de líder frustrado, es el eterno pagador de platos rotos. Juntos, forman el núcleo neurálgico de la T.I.A. (Técnicos de Investigación Aeroterráquea), una parodia irreverente de la CIA en versión ibérica, en la que los espías llevan gabardina, gafas de culo de vaso y tienen menos éxito que un vendedor de calefactores en el Sáhara.

Pero, atención: lo que parece simple, es una coreografía de lo absurdo meticulosamente diseñada. Cada viñeta es un estallido de imaginación, una bomba de gags visuales, referencias escondidas, humor físico al estilo de los Hermanos Marx, y crítica social camuflada entre explosiones y caídas.

Ibáñez fue un dibujante compulsivo, un trabajador incansable, de los que nacen una vez cada siglo. Se levantaba temprano y dibujaba hasta que el brazo se rendía. Creó miles de páginas a mano, con un estilo que parecía fácil pero que era un prodigio de economía expresiva y eficacia cómica. En su época dorada, llegó a dibujar más de 50 páginas al mes, sin ayuda, sin IA, sin Photoshop. Solo tinta, papel, y un cerebro funcionando a 300 chistes por hora.

Pocos saben que al principio no firmaba sus obras, ya que la editorial Bruguera se quedaba con todos los derechos y lo trataba como a un obrero de fábrica. Fue durante años un esclavo creativo sin nombre en sus propias páginas. Y aun así, siguió dibujando. Porque amaba lo que hacía, y porque —como él decía— “el humor es la mejor forma de decir lo que no te dejan decir en serio”.

Mortadelo y Filemón nacieron en 1958, como parodia de Sherlock Holmes y el doctor Watson, aunque enseguida cobraron vida propia. Desde entonces, han pasado por dictaduras, transiciones, el boom del ladrillo, la burbuja de internet y hasta la pandemia. Se enfrentaron a villanos como El Profesor Bacterio, la entrañable y aterradora secretaria Ofelia, o el Súper, siempre al borde del colapso nervioso.

Lo más asombroso es que las aventuras de Ibáñez predijeron, sin quererlo, muchas realidades futuras. En una historieta de los años 80 llamada El atasco de influencias, retrató el nepotismo y la corrupción con una clarividencia que haría palidecer a cualquier editorial de actualidad. En otra, parodió el caos burocrático de la administración pública con una precisión quirúrgica que muchos funcionarios aún no han perdonado.

Lo que quizás no sabías…

  • Ibáñez hablaba alemán y leía a Kafka. De hecho, su humor —aunque popular— tiene trazas del absurdo kafkiano, con personajes que deambulan sin rumbo en un sistema ilógico.
  • A pesar de su estilo hiperactivo, no tomaba café. Su energía venía del entusiasmo puro.
  • En los años 70, su éxito fue tal que en Alemania vendía más que Asterix. Mortadelo se llamaba “Clever” y Filemón, “Smart”.
  • Durante años, recibió cartas de lectores pensando que Mortadelo era un nombre real. Algunos incluso escribían a la T.I.A. pidiendo ayuda para resolver crímenes.
  • Cuando Bruguera fue absorbida, Ibáñez luchó judicialmente por recuperar los derechos de sus personajes, y lo consiguió. Una batalla digna de ser dibujada en sus propias páginas.

Ibáñez se fue en 2023, pero no se ha ido. Cada carcajada que arranca una relectura, cada niño que descubre a Mortadelo por primera vez, es un pedacito de Ibáñez reencarnado. Fue un cómico, un dibujante, un escritor, pero, sobre todo, fue un fabricante de alegría. Y eso, en un mundo tan necesitado de sonrisas, es casi un acto revolucionario.

A veces lo olvidamos, pero reírse es un acto profundamente humano, profundamente necesario. Y en ese arte, Ibáñez fue un maestro. Un Quijote de la carcajada montado en su pluma estilográfica, dispuesto a lanzarse contra los molinos de la mediocridad, con el disfraz de dragón de Mortadelo ondeando al viento.

Gracias, maestro. Por las risas, por las locuras, por los personajes que siguen tan vivos como siempre.
Porque mientras exista alguien capaz de reírse con un chiste tonto pero perfecto, Ibáñez vivirá.

Sergio Calle Llorens

sábado, 17 de mayo de 2025

¡PABLETE: EL AMARGADO!

 




Pablo Bujalance, también conocido como el tristón de Carranque, podría haber comenzado su última columna de fusilamiento hablando del esplendoroso día que se había levantado en Málaga el pasado sábado. Incluso, digo yo, debería haber dedicado alguna línea sobre la ilusión de ver a Unicaja campeonando por segunda vez en la Champions basketball league- cómo ocurrió finalmente- alzando su décimo título de la historia del club tras ganar la Intercontinental, la Supercopa de España y la Copa de SM el Rey- derrotando al Real Madrid en los dos campeonatos nacionales. Poniéndonos exigentes, habríamos esperado alguna mención especial de su parte a Vodafone que convierte a Málaga en un nodo clave de la red de satélites que llevará internet a todos los rincones del planeta con el primer laboratorio de Europa centrado en esa tecnología. Pero no. Claro que no. Es más, nada bueno se puede esperar de un tipo cuyo concepto de la máxima aventura es sacar a su perrito a pasear.

La pregunta es obligada; ¿Qué le pasa a Don Negativo por la cabeza para escribir semejantes sandeces? La explicación es simple; Pablete tiene el alma llena de amargura y por eso nunca ha dedicado un solo halago a su tierra. Al pésimo articulista no le sale hablar de que más del cincuenta por ciento de las empresas que se crean en el sur tienen su sede en la provincia malagueña. Y sería mucho pedir que destacara que la Noche en Blanco del pasado sábado congregara a más de 250.000 personas en una tarde noche de cultura con el Mediterráneo como excusa. Porque su legendaria negatividad le da para criticar lo que hace, o deja de hacer, el ayuntamiento. Sin embargo, sus rabietas de niño mal criado no llegan nunca al gobierno de España que hace pagar a los malagueños por usar las autovías. Que otros territorios estén exentos en el pago de estas autopistas no le mueve en absoluto. Tampoco que Pedro Sánchez tenga imputado a su ex número uno, a su fiscal general del Estado, a su cuchicuchi y hasta a su hermanísimo le mueven a tomar su anémica pluma.  Lo suyo es ciscarse en aquellos que usamos el término fenicio, el taró, para designar a la niebla que arriba del mar. En ese caso, se sube por las paredes y echa espumas por la boca.

En verdad, a Pablete hay que entenderlo. Su vida ha sido dura. De niño nunca le escogían para jugar al fútbol, no porque fuera un manta- que lo era, sino por su fama de cenizo. Se cuenta que el equipo en el que caía, jornada tras jornada, perdía de goleada y sus compañeros terminaban en el hospital con algún hueso fracturado. Incluso cuando volvía a casa y pasaba junto a la pajarería de su barrio, los canarios caían muertos sin razón aparente. También se llegó a rumorear que las plantas de su casa se negaban a aceptar la fotosíntesis. Un suicidio floral sin precedentes en la historia del planeta. Y sólo porque era, y sigue siendo, inaguantable. Ni las plantas lo soportan.  

La gangrena, la peste negra y el tifus son cosas positivas comparadas con sus opiniones.  Incluso, si fuera un personaje de ficción, encarnaría a Gargamel con su odio eterno a los simpáticos pitufos cuyo azul recuerda al mar de Málaga. Y si interpretara- Dios no lo quiera- a una celebridad cinematográfica, bordaría el papel de un demonio babilónico a punto de poseer el cuerpo de una inocente niña.  No hace falta decir nada más.

Leerle es entender que a la luz le sigue la penumbra. Esta tierra es la luz divina y Pablito encarna lo más tenebroso y oscuro del alma humana.  Un muerto viviente sin alma, sin amor, sin cariño y sin esperanza. Porque miren que hay cosas que criticar, pero escribir que las bellas jacarandas son inútiles, es sobrepasar todos los límites de la idiocia.  En este punto quiero mandar un recuerdo emocionado a los inventores del “tiene menos luces que el dormitorio de un topo”.

 Unas últimas advertencias: Si usted se cruza con él en la calle, no lo dude, cambie de acera. Si, por el contrario, se lo topa en un avión, abandone la nave rápidamente porque es más gafe que Tomás Roncero. La negatividad, queridos niños, es contagiosa.

Sergio Calle Llorens

miércoles, 14 de mayo de 2025

¡SUPER 8!


 


La lluvia golpeaba con insistencia los cristales, como si quisiera entrar. Era una tarde de esas en que el cielo parece a punto de caerse sobre la tierra, y uno solo puede rendirse al cobijo de la melancolía. En la televisión, sin mucha ceremonia, comenzó Super 8. Hacía más de una década que no la veía. No recordaba cada escena, pero sí la sensación: la de haber vivido algo importante. Y en esa tormenta, en la soledad cálida del salón, volví a ser niño.

Ver Super 8 hoy es como abrir una caja de recuerdos que creíamos olvidada. Es encontrarse con una época no tan lejana en años, pero remota en espíritu: cuando la aventura aún era posible y el mundo no estaba contenido en pantallas diminutas. La película, escrita y dirigida por J. J. Abrams y producida por Steven Spielberg, es más que una historia de ciencia ficción con sabor a los años 70; es una carta de amor a la infancia y al cine mismo.

La premisa es sencilla, pero poderosa: un grupo de niños rueda una película de zombis con una cámara Super 8 cuando presencia el descarrilamiento de un tren que libera a una criatura desconocida. Pero Super 8 nunca fue, en el fondo, sobre el monstruo. El verdadero corazón de la historia late en los ojos azules de Elle Fanning, en el desconcierto dulce de Joel Courtney, y en la forma en que la cámara mira el mundo como si todo, incluso el dolor, tuviera un resplandor dorado.

Hay algo profundamente honesto en la forma en que Super 8 retrata el primer amor: ese enamoramiento silencioso, torpe y puro que no necesita ser nombrado. En cada mirada entre Joe y Alice se esconde una verdad universal: todos hemos sentido alguna vez que el mundo podía acabarse y que bastaba con tener a esa persona cerca para que todo estuviera bien. Como en E.T., como en Cuenta conmigo, la infancia se convierte en un territorio sagrado desde el que observamos la pérdida, el duelo, la amistad y el paso irreversible del tiempo.

Las referencias cinematográficas son evidentes, pero no impostadas. Abrams bebe del Spielberg de Encuentros cercanos en la tercera fase y del Zemeckis de Volver al futuro, pero también del alma de Los Goonies, del corazón herido de The Iron Giant. Y sin embargo, Super 8 no es un pastiche: es una sinfonía nostálgica hecha con los acordes de una infancia que no volverá, pero que el cine mantiene viva, suspendida en celuloide.

Verla hoy, ya adultos, ya cansados, ya escépticos, es dejar que la película nos devuelva, aunque sea por un rato, a ese momento en que fabricábamos historias con cartón y pegamento, cuando creíamos que los trenes escondían secretos y que una linterna podía salvarnos del mal. Es recordar que antes de las facturas, de las ausencias, de los silencios dolorosos, hubo una bicicleta, un amigo, una cámara, y el mundo entero por descubrir.

Super 8 es, en su esencia, una película sobre lo que se pierde. Sobre un grupo de chicos que intenta entender la muerte de una madre, la distancia de un padre, la fragilidad de lo que parecía eterno. Y todo ello envuelto en luces titilantes, en planos de amanecer, en la belleza imperfecta del formato Super 8. Verla es llorar un poco por lo que fuimos, pero también agradecer que el cine nos lo devuelva.

Cuando terminó la película, la tormenta ya se había ido. Quedaba el olor a tierra mojada y una tristeza dulce, como si uno hubiera pasado por una estación olvidada del alma. Super 8 no pretende explicar la vida, pero sí recordarnos cómo se sentía vivirla por primera vez. Y en tardes como esta, con el mundo afuera en pausa, eso basta. Eso salva.

Sergio Calle Llorens


jueves, 8 de mayo de 2025

¡LA UEFA ES CULPABLE!

 



Es el espectáculo de élite, dicen. La máxima competición de clubes del planeta, afirman. La Champions League: ese teatro de luces y cámaras donde supuestamente el mérito deportivo debería gobernar. Pero debajo del barniz de marketing, himnos gloriosos y gestos de fair play, la UEFA mantiene en pie una maquinaria podrida que no solo tuerce partidos: destruye ilusiones con precisión quirúrgica. Y lo hace con árbitros que parecen más marionetas de despacho que jueces imparciales.

Lo ocurrido en el partido de vuelta entre el FC Barcelona y el Inter de Milán en 2025 ha sido el último insulto a la inteligencia colectiva de millones de espectadores. El árbitro polaco, Szymon Marciniak, ofreció una clase magistral de cómo aniquilar la justicia deportiva en 120 minutos. Penaltis no pitados, manos invisibles, tarjetas que no llegan, faltas que se inventan... Todo en favor del equipo italiano, todo en contra de un Barcelona que, guste o no, estaba ganando con fútbol lo que se le negó desde el silbato.

Pero esto no es nuevo. No es un error aislado. Esto es doctrina UEFA. ¿Alguien recuerda al Málaga CF en 2013? Aquella noche infame en Dortmund cuando el equipo de Pellegrini, con la humildad de quien sabe que juega contra gigantes, se defendió con el alma y ganó con merecimiento... hasta que el árbitro decidió lo contrario. Dos goles del Borussia Dortmund en el descuento, uno de ellos en flagrante fuera de juego, otro precedido de una falta. Ni VAR, ni justicia, ni vergüenza. La UEFA, por supuesto, jamás pidió disculpas. Ni una revisión. Ni una sanción al árbitro. Porque el escándalo ya había cumplido su función: sacar al modesto y mantener viva la narrativa del poderoso.

La lista sigue ¿El Real Madrid – Bayern de Múnich en 2017? Expulsiones ridículas, goles en fuera de juego y una prórroga que parecía escrita en la sala de reuniones de Nyon. Y en todos estos casos, una constante: los errores no son aleatorios. Favorecen siempre al club con más peso político, con más ingresos potenciales, con más audiencia detrás.

La UEFA, en lugar de ser el garante de la limpieza competitiva, actúa como empresa de entretenimiento donde los resultados se escoran según la conveniencia del espectáculo. El VAR, en teoría nacido para corregir injusticias, se ha convertido en un instrumento selectivo, que aparece y desaparece como por arte de magia, dependiendo de la camiseta.

Y cuando los clubes modestos sueñan, cuando un Málaga, un Atalanta o un Shakhtar se acercan demasiado al trono reservado a los de siempre, alguien sopla un silbato y los devuelve a su sitio. No se trata solo de errores humanos: se trata de un sistema que premia a los poderosos y castiga al que se atreve a desafiar el orden establecido. La Champions no es una competición deportiva. Es una coreografía de poder donde los árbitros juegan el papel de verdugos disfrazados de imparciales.

Hoy le ha tocado al Barcelona, y antes al Málaga, pero mañana puede ser cualquier otro que no sea el Real Madrid, se entiende. Porque el problema no son los clubes, ni siquiera los árbitros concretos: es la UEFA misma, su opacidad, su falta de rendición de cuentas, su red de intereses disfrazada de fútbol europeo.

Hasta que no se exija una limpieza real, hasta que no haya jueces independientes, hasta que el VAR no sea gestionado por un ente ajeno a la UEFA, lo que veremos cada temporada no será fútbol. Será una parodia. Una tragedia. Un crimen con público.

Y lo peor es que nos lo siguen vendiendo como un sueño.

Sergio Calle Llorens


domingo, 27 de abril de 2025

¡FREDDY KRÜDIGGER!

 



Cada vez que el Real Madrid pierde, nadie puede negarlo, la justicia, los valores occidentales y la humanidad ganan por goleada. Ayer también hubo goles que se clavaron en el corazón de los blancos tras caer derrotados en otra final con el Barcelona.  La previa ya venía cargada de tensión. El resultado es que Real Madrid TV apunta y Rüdiger dispara a la cabeza del colegiado. Al jugador alemán, que parece que lleva dentro a un peligroso psicópata, ya no le basta con hacer el gesto de cortar el cuello a la afición contraria cuan yihadista cualquiera, y le tiró un objeto al árbitro que le birló dos penaltis en la final a los azulgranas.  El personal se pregunta qué hubiera pasado si no llegan a sujetarlo sus compañeros. A otro que tuvieron que agarrar fue a Jude Bellingham. El inglés, que sigue sin hablar ni una palabra en español, se comunica con un fuck off por aquí y un fuck off por allá, normalmente sin consecuencias negativas sancionadoras.

 Todo esto ocurre porque hemos normalizado las evidentes ventajas del club blanco sobre los demás. Ya nadie cuestiona que todos, absolutamente todos, desde el presidente de la liga, de la Federación española de fútbol, el jefe de la ACB, hasta la mujer que hace las designaciones arbitrales del balompié femenino, sean seguidores del Real Madrid. Y aquí no pasa nada porque los medios de comunicación, madridistas, en su gran mayoría, ríen las gracietas de Freddy Krüdiger y sus compinches. Todos sabemos por experiencia qué si el tudesco jugase en otro equipo, las sanciones por conducta antideportiva serían ejemplares. También conocemos la razón por la que las camisas de fuerza son blancas.

A resultas de todo esto, Freddy Krüdiger no debería ser sancionado con doce partidos sin jugar como pide la inmensa mayoría que sufre los atracos indiscriminados del Real Trampas. Lo justo y razonable sería encerrarlo en un lugar acorde a sus serios problemas mentales. ¿Qué les parece a ustedes el manicomio Arkham? Con lo bien que estaría allí en compañía de Tomás Roncero.  Este podría ser un final bello de película. Y hablando de cine, la escena en la que Krüdiger es agarrado por sus compañeros me ha recordado a la de Al Capone siendo sujetado por agentes de la ley en Los Intocables de Eliot Ness.  Una puta maravilla. 

Sergio Calle Llorens


jueves, 24 de abril de 2025

¡PAGAR Y CALLAR!

 



En la vida todo tiene solución menos la muerte y el Psoe de Pedro Sánchez. Sin embargo, esta afirmación no será nunca compartida por los miembros de la secta del capullo ni leída por ciegos del viejo Reino de España. Para esta gente sus pensiones son y serán pagadas por los inmigrantes y  a nadie le importa que nosotros, sufridores autónomos, metamos 5000 0 6000 euros en la caja de la seguridad social cada trimestre, porque simplemente no contamos en su imaginario como contribuyentes. Ni pagando nos consideran sus iguales.

 Somos, por decirlo de una manera fría, la nada más absoluta. Miembros de un grupo que sólo existe en el mismo plano que las ganas de integrarse del colectivo “angélico” que viene de fuera. Pagar y callar; esa es nuestra marca. El destino de millones de españoles que pintamos lo mismo que Antonio Maestre en un congreso de mentes brillantes. Ya sólo falta que el desgobierno actual saque un nuevo Decreto Ley para que nos entierren con el culo al aire para que ustedes, progresistas del carajo, puedan aparcar sus sostenibles bicicletas.

 Desde tiempo inmemorial, mucho antes de que el líder socialista escribiera su famosa carta mostrándose como un hombre profundamente enamorado de su cuchicuchi, incluso mucho antes de que Sánchez provocase el Big Bang- esta última afirmación está sacada del CIS de Tezanos- se decía que el que paga manda, menos cuando eres autónomo porque entonces, como algunos experimentamos en carne propio, nuestro silencio debe ser sepulcral, no vaya a ser que despertemos a los menas de la siesta que se pegan en los centros de acogida.

 Del dar cera pulir cera del señor Miyagi, hemos pasado a la frase favorita de este gobierno; vamos a pulirnos a los pringados de los autónomos para que no lleguen a viejos. Y ahí están las tasas, las inspecciones, las cuotas y los nervios de cada año. En definitiva, somos unos cadáveres que por alguna razón seguimos en pie. Muertos vivientes que sólo quedan bien en el papel de machistas recalcitrantes de las infumables películas de la actualidad.

Buenos días señor, ahí tiene usted la ventanilla por atreverse a montar una empresa. Buenas tardes, enemigo del progreso, y una bella señorita te indica cuántas tasas debes pagar por no ser el hermano del presidente. Buenas noches le espetas a una muchacha que come espetos bajo la luna, y al día siguiente te llega una denuncia del juzgado. Pagar y callar mientras damos cera y pulimos cera sin vacaciones, sin paro, sin contraprestaciones y sin esperanza.

¡Qué poco nos quieren!

Sergio Calle Llorens


miércoles, 23 de abril de 2025

¡LA GASTRONOMÍA MALAGUEÑA!

 




En un rincón del sur de España donde el sol parece tener sabor a aceite de oliva y el mar huele a hinojo y brisa fresca, Málaga se ha consagrado —con justicia— como el corazón gastronómico del sur. No es exageración ni orgullo de tierra: es estadística, es estrella… y es cuchara. Con más restaurantes con estrella Michelin que cualquier otra provincia de su entorno, Málaga no solo presume, deslumbra.

Aquí, entre chiringuitos humildes y templos de alta cocina, se cuece una revolución discreta pero sabrosa. No hay alardes innecesarios. Hay producto. Hay técnica. Y sobre todo, hay memoria.

De todos los platos que definen la identidad culinaria malagueña, hay uno que brilla sin pretensiones: el gazpachuelo. Sopa marinera de raíces populares, hecha con agua, mayonesa, pescado y patatas. Una receta que parece simple hasta que te abraza el alma en una cuchara caliente. Cada familia tiene su versión. Con arroz o sin él. Con clara montada o sin. Pero siempre con la misma verdad: que lo humilde, bien hecho, puede rozar la excelencia.

Hoy, el gazpachuelo ha entrado por la puerta grande en cocinas de vanguardia, reinterpretado por chefs que saben mirar atrás sin dejar de caminar hacia adelante. Dani Carnero, José Carlos García, Diego Gallegos, entre otros nombres estelares, han llevado a la cocina malagueña al mapa del mundo… sin perder ni una pizca de su sal de casa.

¿Alta cocina o cocina alta? En Málaga da igual. Aquí se puede comer un espetito de sardinas frente al mar, que rivaliza con la mejor experiencia en un menú degustación de 12 pases. Porque lo importante, lo que une, es el sabor auténtico y la nobleza del producto.

Desde la caballa de la bahía, el ajobacalao de Vélez, los tropicales de la Axarquía, hasta el aceite virgen de Antequera o los quesos de cabra malagueña, todo el territorio se siente en el paladar. Y por supuesto, el vino. ¡Ay, el vino! Málaga presume de dulces históricos y secos valientes. No por nada fue musa de reyes y de poetas. Como dijo Salvador Rueda:

“El vino de Málaga parece tener luz de aurora y pena de luna.”

Málaga ha sido, desde los fenicios, un puerto que da la bienvenida. Y esa apertura se saborea. En sus restaurantes se mezclan la tradición andaluza con influencias del Magreb, de Asia, de Hispanoamérica. El cosmopolitismo malagueño no es impostado: está en el ADN de nuestra gente, que conversa con cualquiera y cocina con todos.

No es casualidad que aquí florezcan cocinas creativas, con mestizajes inteligentes. Málaga no copia: interpreta. No imita: crea con un pincel de plata. Y ese espíritu, inquieto y libre, es el que convierte a la provincia en una constelación culinaria única.

En definitiva, Málaga no solo lidera el sur de España en número de estrellas Michelin. Lidera en sabor, en alma, en hospitalidad. Su gastronomía es un relato hecho de recuerdos y vanguardia, de mar y sierra, de cuchara y pinza. Es una cocina que no necesita presentación porque se presenta sola, en cada plato, con el orgullo del que sabe de dónde viene y el talento del que ya sabe adónde va. Porque Málaga no come para vivir… vive para saborear.

Así que si alguna vez te preguntas a qué sabe el sur, la respuesta está clara: sabe a Málaga.

Sergio Calle Llorens


martes, 22 de abril de 2025

¡EL ROBO DEL DIAMANTE!

 


“El ladrón no roba por necesidad, sino por belleza. Y el policía no atrapa por justicia, sino por amor al orden.” — Apócrifo, pero ojalá fuese mío.

Cierta vez dijo Balzac que detrás de cada gran fortuna hay un crimen. Pero también, si uno mira con ojo de poeta, detrás de cada gran crimen hay algo parecido al arte. El robo del diamante, la docuserie de Netflix que revienta las vitrinas de lo habitual, brilla más por la historia que por la joya misma. No es solo una narración del delito, sino un vals entre el caos y el cálculo, entre la pasión y la persecución.

En el año 2000, un grupo de ladrones británicos quiso hacer lo impensable: robar el diamante más vigilado del Reino Unido —el Millennium Star, 203 quilates de tentación— en pleno corazón del milenio. Un golpe de película, con todo: lanchas rápidas, maquinaria de construcción, y un plan milimétrico, diseñado no solo para el robo... sino para la leyenda.

“Un buen ladrón no busca dinero. Busca historia.” — me dijo una vez un actor que hacía de bandido, con ojos de niño travieso.

Pero si los ladrones son artistas del atrevimiento, los policías son artesanos de la paciencia. Y esta historia —ah, qué historia— es también un homenaje a ellos. A la Flying Squad, esa brigada que escucha y espera, que cambia los diamantes por réplicas, que ve el espectáculo montarse para luego, en el último acto, romper el telón y salir a escena.

Hay algo romántico en ambos bandos. Porque robar un diamante no es solo cuestión de avaricia. Es, a veces, como besar a alguien prohibido: un riesgo, una pulsión, una forma de saberse vivo. Y atraparlo, detener esa danza perfecta en el momento justo, es como declarar un amor imposible a gritos, con esposas en las manos.

El mundo se divide en dos tipos de hombres: los que sueñan con robar el mundo, y los que sueñan con que no se les escape.” — Una frase que nadie ha dicho, pero que todos hemos sentido.

El robo del diamante es una crónica policial que huele a novela negra, suena a jazz, y se ve como un truco de magia revelado en cámara lenta. Con ritmo cinematográfico y estética afilada, la serie no toma partido: en su narrativa, tanto el ladrón como el inspector son protagonistas de una misma pasión —la del juego, el ingenio, y la eterna persecución entre el deseo y el deber.

Así que cuando termines de verla, no te preguntes quién ganó. Pregúntate, más bien: ¿cuál habría sido yo? ¿El que soñó el golpe o el que lo desbarató?

Porque, al fin y al cabo, todos llevamos un poco de diamante en el pecho… y un poco de detective en el alma.

Sergio Calle Llorens

martes, 15 de abril de 2025

¡RUFIÁN!

 




Pocas veces un apellido ha sido tan contradictorio con su dueño. Gabriel Rufián, que en cualquier otra circunstancia podría haber sido un personaje secundario en una novela picaresca, se ha convertido en uno de los actores más estridentes de la política española. Andaluz de cuna, pero independentista catalán de conversión, es la prueba viviente de que el fanatismo de los neófitos no tiene límites. Rufián es al nacionalismo catalán lo que un vegano recién convertido al brócoli: más papista que el papa, más catalán que el pan con tomate y más convencido de la independencia que un abertzale con GPS trucado.

Porque, ¿qué hay más pintoresco que un tipo de Santa Coloma de Gramenet, hijo de jornaleros andaluces, lanzando proclamas contra España con una pasión que haría sonrojar al mismísimo Rafael Casanova? La Cataluña del seny ha dado paso a la Cataluña del mem, y Rufián es el influencer de la bilis, el tuitero con escaño, el azote de la lógica y el campeón de la verborrea con sobrecarga de testosterona. Su Twitter es un manual de instrucciones para detectar fascistas, porque, según él, están por todas partes: en el Gobierno, en la oposición, en los periódicos, en las panaderías, en las ferreterías y, probablemente, en la sección de congelados del Mercadona.

Pero, ¿qué motiva esta pasión independentista en alguien que, si la Generalitat tuviera éxito en su empeño, probablemente sería enviado de vuelta a Andalucía en un tren nocturno? La respuesta es sencilla: la ideología del converso. Rufián sufre el síndrome del neocatalán devoto, ese fenómeno sociopolítico que convierte a algunos hijos de inmigrantes en radicales de la causa. Es el fenómeno del “más independentista que nadie”, del “yo no soy charnego, yo soy catalán de verdad”. Si el procés fuera una religión, Rufián sería su Torquemada, quemando en la plaza pública a cualquiera que ose decir que Cataluña nunca ha sido independiente, sino parte de la Corona de Aragón y de España.

Y ahí está el chiste: Cataluña, ese ente mítico que algunos venden como un país ancestralmente soberano, nunca ha existido como tal. Fue parte de la Corona de Aragón, que se unió con Castilla, y desde entonces ha sido pieza fundamental de España. Pero a Rufián y sus amigos eso les da igual. Porque en su realidad alternativa, Cataluña ha sido una nación próspera, prístina y pacífica, hasta que llegaron los malvados españoles con sus tricornios y sus ganas de romper urnas de cartón. La historia se retuerce, se estira y se aplasta hasta encajar en su narrativa.

Lo más divertido de todo es que Rufián, el paladín de la igualdad y la diversidad, milita en un movimiento que lleva décadas escupiendo frases racistas contra los andaluces y demás castellanos. Porque, amigos, la historia del nacionalismo catalán está llena de perlas como la de Jordi Pujol, que describía a los andaluces como “hombres poco hechos, que viven en la ignorancia y la miseria”. O la de Heribert Barrera, que afirmaba sin despeinarse que “el coeficiente intelectual de los negros de EE.UU. es inferior al de los blancos”. O la del mismísimo Quim Torra, que calificaba a los españoles de “bestias con forma humana”. Y ahí está Rufián, el gran azote del fascismo, abrazado a una ideología con un historial de supremacismo que haría palidecer a un aristócrata del siglo XVIII.

Pero el gran mérito de Rufián no es solo su capacidad para negar la historia con más aplomo que un terraplanista, sino su maestría en el arte de la chulería. Con su estilo de bar de carretera, sus frases de matón de instituto y su pose de rebelde sin causa, se ha convertido en un fenómeno mediático. Es el político perfecto para la era de Twitter: ruido sin sustancia, indignación sin profundidad, titulares sin contenido. Y lo mejor de todo es que él mismo parece creer su personaje.

La historia es cíclica, dicen. Y quizás dentro de unos años, cuando el procés sea un recuerdo lejano y Rufián una nota al pie de página, alguien escriba una tragicomedia sobre este hombre que quiso ser héroe de una causa que nunca fue suya. Un Quijote moderno que, en lugar de luchar contra molinos de viento, peleó contra su propio reflejo en el espejo de la historia.

Y el epílogo, inevitablemente, lo dictará el tiempo. Porque, al final, la independencia de Cataluña tiene algo en común con la dignidad política de Gabriel Rufián: ambas son una ilusión que se disuelve con la luz del día.

Sergio Calle Llorens

martes, 8 de abril de 2025

¡EL SEÑOR MINISTRO!

 



En el vasto escenario de la política española, emerge una figura que bien podría haber sido extraída de una novela negra o de una película de gangsters de los años 30: nuestro actual ministro de Transportes. Con su porte desafiante y su estilo directo, parece más un personaje salido de "El Padrino" que un servidor público del siglo XXI.

Su comportamiento recuerda al de Sonny Corleone, el impulsivo hijo de Vito Corleone, siempre presto a responder con vehemencia ante cualquier desafío. No es de extrañar que media España haya señalado que el ministro "no conoce los criterios mínimos de educación" necesarios para su cargo.

Mientras tanto, en Cataluña, el Ministerio de Transportes ha mostrado una diligencia digna de elogio. Después de casi dos décadas de promesas incumplidas, finalmente se ha acordado la creación de una empresa mixta para gestionar Rodalies, que comenzará a operar el 1 de enero de 2026.

Sin embargo, en otras regiones, como Málaga, la situación es muy diferente. A pesar de que la línea C1 de Cercanías es una de las más rentables de España, el ministerio ha licitado recientemente, por 1,2 millones de euros, un estudio de viabilidad para el tren litoral entre Nerja y Algeciras, una actuación que los malagueños llevan décadas esperando.

Esta disparidad en las inversiones ha generado críticas desde diversos sectores. En estas páginas se ha denunciado la "dejadez" del Gobierno, señalando también que los malagueños están "hartos de perder horas de trabajo" debido a la falta de inversiones en infraestructuras viales.

Mientras tanto, el subdelegado del Gobierno en Málaga defiende que el estudio de viabilidad del tren litoral "no se había hecho nunca", intentando justificar la demora en las actuaciones.

En resumen, nuestro ministro de Transportes parece moverse entre las sombras, al más puro estilo de los gangsters cinematográficos, priorizando inversiones según intereses que muchos no alcanzan a comprender, y dejando a  Málaga esperando soluciones que nunca llegan. Quizás sea hora de que este personaje salga de la ficción y empiece a actuar como un verdadero servidor público. Pero eso es como esperar que un socialista cruce España sin visitar sus puticlubs. Un imposible. 

Sergio Calle Llorens