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viernes, 1 de marzo de 2024

¡PUTIN, PUTINA Y PUTONES!

 



La Rusia de Putín y su mujer Putina atacó Ucrania y Europa acogió a los nacionales del país atacado con los brazos abiertos. Por su parte, Hamas asesinó, violó, torturó a ciudadanos israelíes- las cifras de la masacre incluyen a niños, a mujeres y a familias enteras- provocando la furia de la única nación judía del mundo que lleva meses envuelta en una operación de castigo en Gaza. Como resultado de todo esto, en la actualidad hay más de cuatro millones de ucranianos residiendo en países de la UE, pero no hay ningún ciudadano palestino que haya sido aceptado como refugiado en nación árabe alguna. Dicho de otra manera, Ucrania fue invadida por sus vecinos y una ola de solidaridad alcanzó a todos los rincones del viejo continente. Por lo que sea, ni Egipto ni Catar ni Arabia Saudí ni Jordania ni el cochambroso Marruecos aceptan a sus hermanos musulmanes dentro de sus fronteras.  

En todos los países occidentales, los homosexuales gozan de completa libertad hasta el punto de poder casarse y adoptar hijos. Nadie les discrimina. Nadie les discute sus derechos que, al parecer, incluye el hacer el chorra montados en carrozas el día del orgullo gay. En estas mismas naciones, las mujeres gozan también de igualdad jurídica. Pues bien, como es conocido, en los países musulmanes los honrados comealmohadas y los bujarrones profundos son colgados de las grúas, y las señoras no gozan del mismo tratamiento jurídico que ellos. Pero esta tozuda realidad no es suficiente para que algunas feministas sigan afirmando que las musulmanas son reinas en lugar de esclavas y que son las occidentales las que sufren a diario por el malvado heteropatriarcado.

En España son legión los que llevan años alertando sobre los peligros de la extrema derecha, pero no se conoce ni un muerto en las filas de la izquierda, ni tan siquiera un ataque digno de reseñar. Empero, ya hay dos ciudadanos asesinados por las mal llamadas fuerzas progresistas. La última muerte ha sido la de Sergio Delgado cuyo único delito fue ser de Valladolid que, como todo el mundo sabe, es el refugio de todos los fachas del mundo. Tiemblo de pensar la cantidad de programas que hubieran dedicado en la Sexta si el muerto hubiese llevado la hoz y el martillo en el momento de sufrir el ataque. Ya ven, el sacrificio del perrito Excalibur provocó más indignación que el asesinato del joven pucelano.

Que cada cual saque sus propias conclusiones., pero a mí todo esto me basta y me sobra para afirmar que occidente no es sólo la mejor civilización que vieron los tiempos, sino que es superior a las demás con su liberalismo político refrendado en nuestras constituciones, nuestras ideas de progreso y nuestra forma de vida.

Seré claro una vez más; los palestinos no tienen nada que ofrecernos. Rusia no tiene nada que enseñarnos, China no tiene nada que nos guste, y no hay ningún país musulmán en el que merezca la pena vivir. Una vez más, occidente es el faro que ilumina el mundo y el PSOE es el precio a pagar por la libertad, aunque sea peor que la mafia de Chicago.

Sergio Calle Llorens


lunes, 6 de diciembre de 2021

¡LA PURA VERDAD!

 


A día de hoy, los habitantes del planeta son, en mayor o menor grado, europeos por su manera de pensar, de vestir, por sus gustos musicales y hasta por la ideología. Pueden ser salvajemente antieuropeos como el patético presidente de Méjico, pero desde la ciencia, pasando por la guerra, todo, absolutamente todo lo importante, se concibe y se escribe en idiomas europeos. Incluso la China comunista, régimen criminal donde los haya, construye su modelo económico basándose en las finanzas del viejo continente.  Es el llamado modo mercantil.

Todo comenzó con el descubrimiento de América que llevó a una auténtica revolución científica. Con la conquista, los españoles fueron reuniendo una gran cantidad de datos sobre la geografía, la flora, el clima. Y todo porque el conocimiento es poder. Los aztecas y los incas tuvieron miles de años para subyugar a todo un continente, pero no lo hicieron porque nunca les preocupó ir más allá. Creo que me entienden. Fíjense como en un espacio muy corto de años, los españoles conquistaron todo lo que esos pueblos, hoy considerados de luz por la izquierda europea, no pudieron. Una hazaña en toda regla.

Napoleón se acompañó de una gran expedición científica en su conquista de Egipto.  De hecho, los franceses crearon una nueva ciencia: la egiptología. Los británicos hicieron lo propio en Australia. Este fue la llave que abría la puerta tras la que se escondía el futuro. Allí se hallaba el crédito que financiaba las expediciones que terminaban, en algunos casos, en grandes descubrimientos que se transformaban en colonias. Y con la confianza de los nuevos pobladores llegó más crédito. Este fue el círculo en el que se basó el éxito europeo.

Hay que recordar que en el siglo XVIII Asia era el motor económico del mundo, lo que significa que tenía mucho capital para invertir. Sin embargo, ni los chinos, ni los indios, ni los musulmanes salieron a descubrir el mundo. Por eso Filipinas era española, pero Cornualles no era china.

También es evidente que España e Inglaterra son los dos países que más influencia han tenido en el mundo, tanto para bien como para mal. La nación española construyó además 27 universidades en el nuevo mundo- Portugal no construyó ninguna- y realizó la primera vacunación masiva de la historia con la expedición de Balmis para salvar a toda la América hispana de la viruela, incluyendo en la misión a Filipinas.

 El submarino, el helicóptero, el primer traje espacial, la jeringuilla desechable, la calculadora digital, el teleférico, la grapadora, la silla de ruedas y hasta la fregona son inventos españoles. También es español el segundo libro más traducido de la historia; Don Quijote. Incluso el primer ferrocarril que inauguró España fue la línea La Habana- Güines. Valga como dato que en el siglo XIX los españoles habían construido miles y miles de kilómetros de tren, mientras que  Persia tenía unos escasos 2500 km en 1950, un país del tamaño de Gran Bretaña.  Es necesario recordar que la arquitectura que llevaron “ los conquistadores” al Nuevo Mundo y el modelo educativo son herederos de Roma y de Grecia.  ¿Cómo se puede odiar la base de la civilización occidental que trajo los derechos humanos, la democracia, la ilustración y el progreso?

Los imperios europeos crearon nuestro mundo, incluidas las ideologías que utilizan los odiadores para juzgarlos. Pero que lo tengan claro: si hoy tenemos vacunas contra el coronavirus es porque se sigue aplicando el modelo del viejo mundo cuya idea es simple pero efectiva. Se basa en esta hipótesis; si admitimos nuestra ignorancia e invertimos recursos en la investigación, las cosas pueden mejorar. Europa mejoró porque hizo girar las ruedas del progreso en beneficio de la humanidad.

Este método nuestro podría estar al alcance de todas las inteligencias, incluso de las más primarias, pero el bobo americano seguirá llamando al hechicero para que le resuelva todos los problemas. La culpa de todo no la tiene Europa, ni mucho menos España, sino la ideología zafia a la que se entregan. ¡Alguien tenía que decirlo!

Sergio Calle Llorens

lunes, 11 de enero de 2021

¿SÍ O NO?

 



Los seguidores de Trump asaltando el Capitolio me recuerdan a los personajes de la matanza de Texas. En cambio, no estoy seguro de si Biden va a ser proclamado presidente de los Estados Unidos o, por el contrario, está a un paso de ser embalsamado.  Creo que Donald podría haber ganado la reelección de no haber sido por la pandemia que azota al mundo. Y es que, a pesar de todo, el país de las barras y estrellas había alcanzado la tasa más baja de desempleo en muchas décadas. Joe, cuyo nombre  nos indica claramente sus intenciones, será un gran presidente porque, estando gagá como está, será mucho más fácil manipularle. En cualquier caso, siempre me he manifestado en contra de rodear o asaltar parlamentos elegidos democráticamente. Y da igual que los que protestan contra unas elecciones democráticas sean los de Podemos, supremacistas blancos o socialistas andaluzas al ritmo de las insoportables sevillanas. A un servidor les parecen todos los mismos perros con distinto collar.

Hay personas a las que les parece bien prohibir que las azafatas de la Formula 1 luzcan palmito y, hasta aplauden al recordar  que estas bellezas hayan perdido sus trabajos. Pero a esta misma gente les parece maravilloso que Cristina Pedroche salga desnuda posando en la nieve para sus miles de seguidores en Instagram. A mí, ya lo saben los que me conocen, me encanta ver a mujeres ligeritas de ropa. Me es indiferente que sean señoritas de pechos nutricios junto a coches rapidísimos, o la chica de Vallecas con una zanahoria en el culo.  No seré yo quien critique la generosa exhibición del cuerpo femenino al que admiro tanto.

Los medios de comunicación se declaran contrarios al racismo. De hecho, cualquier ataque racista a manos de cualquier jubilado en el metro es mostrado en televisión hasta la saciedad. Empero, la mayoría de los que editan las noticias calla si el ataque viene de boca de un alto cargo socialista del Ayuntamiento de Sevilla; ¿Pero tú sabes quien soy yo, Machupichu? Personalmente ambas cosas me parecen igual de impresentables.

Estaría bien que usted, querido lector, decidiera de una vez si está a favor o en contra de las prácticas aquí aludidas. Es momento de tomar partido por la lilbertad. Es la hora ideal para alejar el hueso del sectarismo. No puede ser que su opinión oscile en función de la veleta ideológica.  Mañana es un buen día para abandonar el fanatismo y abrazar el liberalismo que, como no me canso de repetir, es aquella corriente ideológica que piensa que el contrario puede estar en lo cierto y uno ser el equivocado. 

Querido idiota, un escrache es un escrache y da igual a quien se le haga. No es tan difícil entenderlo. Haga un esfuerzo. ¿Estamos de acuerdo? ¿Sí o no? Decida.

¡Vayamos juntos a buscar la verdad o váyase concretamente a la mismísima mierda!

Sergio Calle Llorens


domingo, 7 de junio de 2020

¡ARRODILLARSE!


La luz de la luna cubre el césped de un velo tenue y el gran cedro pone el contraste de sus sombras de oscuro terciopelo. Como estoy más libre que el aire, puedo contarles las novedades. En un principio tenía en mente hablares de un tipo de ojos penetrantes y calma de glaciar. Un personaje que parece haber salido de las páginas de una de mis novelas. Sin embargo, la actualidad manda: la novia de un conocido lo ha dejado a causa de su obsesión por el fútbol. Él, supongo que para defenderse, dice que llevaban juntos cinco temporadas y estaban a punto de renovar. El pobre está tan triste que sus labios parecen haber olvidado la sonrisa. Obviamente el desengaño amoroso de Arturo no ha provocado reacción alguna en ninguna parte del mundo que sólo  tiene ojos para la muerte de un señor de color en los Estados Unidos de América.  Es evidente, el desamor no es noticia. Tampoco es relevante el fallecimiento de más de 40.000 españoles para aquellos que son incapaces de señalar Minesota en el mapa. 

Salvo llevar una vida decente, puede decirse que sé algunas cosas. Después de todo, mi vida me ha llevado a cruzar el charco varias veces. Conozco algo la psicología humana pero no tanto para comprender lo que lleva a alguien a asaltar un supermercado en Gerona, por el homicidio de un miembro de la comunidad negra en América.
 
El colmo de este despropósito es ver a miles de personas arrodillarse como medida de contrición. Personalmente se me hace duro ver a tanto descerebrado en posición genuflexa. Sobre todo en el aniversario del desembarco de Normandía.  Es absurdo hacer una comparación entre esa juventud que era masacrada en la Playa de Omaha y los que hoy protagonizan el mayor espantoso de los ridículos. Porque los primeros se sacrificaron para librar a la vieja Europa del fascismo, y la única renuncia que hacen los segundos es pasar media hora sin móvil. Y lloriqueando. 

 A todos estos grupos que se denominan antifascistas- en realidad sus actitudes recuerdan a los camisas pardas- les recomendaría el libro de Cornelius Ryan “The longest time” que recoge una de las gestas más legendarias de nuestra historia.  Tal vez así llegaran a conocer las andanzas de aquellos que se fueron  demasiado jóvenes.  Algunos murieron matando. Otros gritaban los nombres de sus madres al experimentar el terror de ver sus cuerpos destrozados por las balas alemanas.

Yo, que crecí liberal y libertario, jamás pensé arrodillarme ante nada, ni ante nadie. Sin embargo, en una mañana de un otoño mal encarado de 1994, sentí la  necesidad de hacerlo. Ocurrió en el cementerio americano de Omaha Beach en Colleville sur, sobre la costa normanda. Un camposanto que es un remanso de paz que incita al recogimiento y a la oración. Un espacio verde encaramado en un acantilado con vistas a la playa de Omaha, 10.000 cruces blancas perfectamente alineadas apuntan a América. 70 hectáreas que abrigan las tumbas de los soldados estadounidenses que sacrificaron sus vidas por la libertad el 6 de junio de 1944.  Ante aquel bosque de cruces, mis rodillas tocaron la hierba  para rendir homenaje a nuestros héroes.  Pero no me pidan que yo me postré a los pies de nadie porque ni es mi estilo,  ni soy racista, ni soy tan idiota como para pedir perdón por una muerte ocurrida a miles de kilómetros de distancia. 

Por todo ello, sólo me queda añadir: ¡Que se arrodille su puta madre!

Sergio Calle Llorens




miércoles, 27 de mayo de 2020

¡FUIMOS LIBRES!


La luz de la luna cae sobre mi atalaya mediterránea con tanta fuerza que la sombra de los árboles parece labrada a cuchillo. Las casitas blancas encaramadas en la parte alta de El Cantal adquieren una estampa fantasmal. Arriba, en el cielo, las estrellas parecen parpadear con cierta timidez, como si quisiera pasar inadvertidas a las fuerzas gubernamentales. En estas parece mi mente recuerda un mundo que ya no existe. Al menos los que vivimos la libertad de los ochenta, llegamos a conocerlo.

En aquella época podíamos cantar “La mataré” de Loquillo y los Trogloditas o “las tetas de mi novia” de Siniestro Total y nadie te ponía una querella, o se hacía el ofendido. Eran los tiempos en los que el dictador tomaba forma de cuerpo borroso y  Santiago Carillo, el responsable de Paracuellos, se convertía en pieza clave en la Transición.  Nadie discutía de política con el cuchillo entre los dientes como sucede ahora.

Queríamos, que no es poco, vivir y dejar vivir. Años de dulce trascurrir a pesar de los asesinatos de ETA y de la corrupción generalizada que trajo el invento autonómico. Y de tal guisa vivimos hasta que llegó Zapatero y mandó parar con su ley de memoria histérica. Desde entonces hemos ido para atrás como los cangrejos. Ahora todo está prohibido y, lo que no lo está, está a punto de serlo por orden de la coalición liberticida que sufre España en la actualidad. 

Me temo que nunca volveremos a ser libres. Sospecho que el polvo que alfombra los caminos de los camposantos se difumina ante la intensa luz de mi pregunta: ¿Cómo es posible que haya compatriotas que no vean que nos han robado la democracia con la misma facilidad que la secta del capullo se gastaba el dinero de los parados en putas? 

No es verdad que la fatalidad llegue ciega a nuestras vidas, no. La fatalidad entra por la puerta que nosotros hemos abierto, invitándola a pasar. No existe ningún ser humano lo bastante fuerte e inteligente para evitar mediante palabras o acciones el destino fatal que le deparan las leyes inevitables de su propia naturaleza y carácter. Y ha sido una fatalidad que la mayoría no nos haya apoyado en nuestra lucha por la libertad de expresión. 

Ahora la democracia española está en llamas, y el humo resultante no deja ver que fueron mayoría los que miraron para otro lado cuando derribaron los pilares del edificio democrático: la libertad de crítica y de palabra de la que emergen el resto de derechos.  Fue una fatalidad elegir a Sánchez. Fue una desdicha permitir que los socialistas se cargaran la separación de poderes. Fue un infortunio permitir que las cargas públicas salidas de la Andalucía socialista- la más corrupta según la Unión Europea- fuesen nombradas ministras.

Tengo la convicción de que fuimos libres una vez pero ese mundo se apagó como las velas que tengo en la ventana recibiendo la brisa marina.  

¡Que Dios nos proteja! 

Sergio Calle Llorens

martes, 31 de marzo de 2020

LA PLUMA Y LA ESPADA


Una vez tomo la espada en mi mano no hay quien me pare.  El cuerpo derecho, pero de manera que el corazón no esté directamente frente a la espada del adversario, el brazo diestro completamente extendido, los pies bastante juntos. Demostraciones geométricas que giran alrededor del cuerpo del rival, haciendo movimientos de costado a fin de poner al enemigo en una situación comprometida. Vario la complicación de los pases según su reacción fuese tranquila o colérica. Evalúo también el tamaño del contrario. La cuestión es herir sin ser herido. 

Me pasa igual con la pluma. Es entrar en contacto con ella y mi ser sufre una transformación brutal. El Sergio amable da paso a una bestia que me es imposible dominar. En un duelo de esgrima las reglas son aceptadas de forma natural. Después del combate, los contendientes nos damos la mano y volvemos a casa sin rencor alguno. Pero cuando uno camina en el peligroso sendero de la crítica, el cobarde del que escribes no te manda padrinos para mantener un duelo al alba, sino a los abogados que, en casi todos los casos, suelen ser igual de pusilánimes que los ofendidos. 

Mi espada me ha sacudo de muchos apuros. Mi pluma, en cambio, me ha metido en problemas. Escribir, en cualquier caso, es no ganar para disgustos. Hoy todo el mundo quiere ser políticamente correcto.  Yo no quiero pertenecer al gremio de los gurruminos. Esos que no entienden que el tiempo que llevamos en confinamiento es superior a los días que han pasado los socialistas en prisión por el escándalo de los ERE.  Por tanto,  podría afirmar, y de hecho lo afirmo, que me encanta tener enemigos porque es prueba de que algo estoy haciendo bien.  Son legión los que me han aconsejado corregir la táctica, pero me temo que a estas alturas de mi vida soy incorregible.  Perro viejo no aprende  trucos nuevos.

De mís escritos se han dicho muchas cosas, y la mayoría son negativas. En mi defensa, si es que puedo oponer defensa, añadir que jamás he firmado un artículo malo. Es más, en todas las revistas y medios en los que he firmado, mis trabajos han sido los más seguidos y comentados. Como ven,  he podido enmendar mi falta de modestia. Por eso ahora voy a ser la persona más humilde del mundo, y jamás nadie podrá compararse con mi lengendaria humildad. 

La literatura, al igual que el rock and roll, encierra una carga indudable de violencia. Negarlo sería de necios. La enajenación en nuestro oficio de escribidores es siempre necesaria. En cualquier arte es de obligado cumplimiento volverse loco, y luego recuperar la cordura justo a tiempo. Ese es el ejercicio que renta a la hora de producir obras que tengan cierto valor. Así que no me importa tontear con la locura de vez en cuando. Es obvio que el regreso se hace difícil. Pero no hay otra manera. En  el apasionante mundo de las letras no hay atajos. Se escribe con tinta de sangre o no se escribe. Así de simple y así de duro.

 Pero nos desviamos;  Mimar al mal es una pestilente costumbre.  Por el contrario, hacer de la existencia el motor de mi existencia me ha traído que parte de mi producción poética haya sido vetada por la gente que es incapaz de entender que el escándalo amplia las cotas de libertad de cualquier pueblo. De momento, la batalla de la corrección política la han ganado los prohibicionistas pero, a la larga, perderán la guerra porque al campo de la libertad no se le pueden poner puertas.  

Anoche, sin ir más lejos, recordaba a José de Espronceda. El poeta español que por su actitud inconformista ante la política y la literatura, encarnaba una de las dos vertientes del romanticismo español; la liberal. Esa corriente de pensamiento que los escritores exiliados trajeron a España. Él también pagó con la cárcel su actitud desafiante con los poderosos porque como muy bien decía nuestro Don Quijote: “por la libertad se puede y se debe aventurar la vida”.   Yo he aventurado muchas cosas y el precio pagado ha sido altísimo; amistades, relaciones,  dinero, energía y un sinfín de cosas que no puedo enumerar aquí. En este punto, sólo puedo añadir que a los que juegan a perderme, les suelo dejar ganar. Y es que yo nunca he buscado un final feliz sino vivir sin tanto cuento. 

No le he pedido nada a ningún semejante. No espero nada de nadie. No envidio a otro ser humano.  Mi Dios, como decía Don José en su canción del pirata, es la libertad. Mi fuerza el viento y mi única patria la mar. 


Sergio Calle Llorens

lunes, 10 de febrero de 2020

LA REVERENCIA

Anda el personal muy soliviantado desde que Iván Redondo, el gurú de Pedro Sánchez, hiciese una reverencia al  condenado presidente autonómico  catalán en un encuentro que, al parecer, fue organizado por aquellos que piensan que Napoleón, como su propio nombre indica, era natural de Nápoles. Gente que jura que Australia es un país llena de canguros y orinocos. Ya saben, políticos como Irene Monterio- la cuchicuchi de Pablo Iglesias- que desconoce que la palabra parental- es que la tipa se ha inventado el término marental- no viene de padre sino de pariente que alude tanto a padre como a madre.  Pero una cosa es la incultura de nuestros políticos, y otra, creo yo bien distinta, las reacciones de sorpresa a la reverencia que sólo se reserva a los monarcas europeos. 

En verdad a mí me sorprende más que a Sergio Ramos no le hayan dado el Oscar al mejor actor de reparto, que el gesto de sumisión de los socialistas patrios encarnados en la cabeza agachada de Redondo al paso del amortizado Torra. Después de todo inclinar la cabeza es lo que lleva haciendo cualquier persona en España- al menos todos aquellos  que se autodenominan progresistas aunque en realidad son retrógrados- en las últimas décadas. Una actitud de postración hacia los nacionalismos periféricos que han convertido a millones de españoles en ciudadanos de quinta categoría. No importa las veces que sigan posando como modernos porque, mal que les pese, son ellos los que han permitido que determinados territorios de este país tengan ventajas a la hora de financiar sus carreteras y sus hospitales. Pero, siendo justos, también Aznar tuvo su parte de culpa cediendo ante los nacionalistas vascos y catalanes. La derecha española siempre parece creer que con colocar banderas españolas gigantes y apoyar la fiesta de los toros ya está todo hecho.

Seamos serios chicas: ni Vinicius es un goleador porque falla más ocasiones que su marido en la cama, ni vosotras acertáis de cara el gol luciendo la zamarra del falso progresismo. Creo que ha llegado el momento de recordaros la cantidad de veces que nos habéis señalado por advertir sobre vuestra doble vara de medir. Por no hablar de  la infinidad de ocasiones en las que mirasteis para otro lado cuando la maquinaria del Estado machacaba a letristas, poetas, escritores y críticos varios que no hemos querido aceptar la versión oficial sobre el estado autonómico. Tampoco puedo dejar de mencionaros los días que pusisteis el grito en el cielo por la letra de una canción o por un chiste políticamente incorrecto. En el tribunal de la Santa Inquisición había más justicia que en vuestros juicios de valor. 

Igual que para escribir bien hay que leer mucho y vivir más. Para abrazar la libertad se necesita un mínimo de raciocinio, cultura, y una querencia por los campos abiertos donde la palabra, aunque ofenda, sea la norma, nunca la excepción.  Por todo ello, Iván Redondo tiene todo el derecho a mostrarse sumiso con un señor inhabilitado por la justicia porque, en verdad, está repitiendo vuestra actitud que, por acción u omisión, ha permitido a Sánchez ser presidente. Esa inclinación de cabeza es el mejor recordatorio de vuestra propia condición dócil hacia el poder cuando gobiernan los vuestros.  ¿Lo pilláis ya pandilla de fanáticos?

Es obvio que aquellos que hicimos de la disidencia el motor de nuestra existencia tenemos el deber de deciros que el progresismo hispano posa igual de fea y de  inculta que aquella falsa influencer que afirmaba, tras peinarse y hacerse una foto para Instagram, que Richelieu fue el obispo de los tres mosqueteros. 

Sigan por tanto adelante con sus reverencias  hacia el nacionalismo y la corrección política pero recuerden que, más pronto que tarde,  alguien aprovechará la coyuntura para clavársela. Será un espectáculo doloroso que yo no pienso perderme por nada del mundo.

Sergio Calle Llorens