Si yo lo he
entendido bien, el yerno de un proxeneta llega a presidente y nombra como mano
derecha a un putero que tiene como máximo colaborador a un portero de puticlub,
y el ministro más polémico de todos los tiempos coloca como jefe de la policía
a un menda acusado de violación. Todo supuestamente, claro. No vaya a ser que
algún fiscal con vocación de censor confunda la sátira con la realidad.
El problema
es que, cuando cuentas la corrupción sistémica del gobierno de Pedro Sánchez,
los no nacionales se descojonan como si estuvieran viendo una reposición
interminable de Aquí no hay quien viva, y los de la mafia del capullo hacen
como que no saben nada. Ellos son más de leer Lo País, de ver a Jordi
Évole con gesto compungido y de escuchar en directo las genuflexiones
radiofónicas al amado líder en la Cadena SER del PSOE.
Cualquier
cosa es preferible a los “bulos” propagados por la llamada fachería digital,
que, curiosamente, han ido resultando todos ciertos. Desde las imputaciones de
los familiares del hijo de Gepetto hasta las entradas en prisión de los
colaboradores más estrechos del régimen. Pero aun así, el socialista medio
seguirá votando al partido de la rosa per secula seculorum, como quien
sigue yendo a misa aunque ya no crea ni en el cura.
Ese
fingimiento de ignorar la realidad española no es un error, es una elección
vital. Como preferir al patético Manu Sánchez antes que al humor
quirúrgico de Tip. Como confundir chascarrillo con ingenio. Vivir en un
limbo cómodo, ajeno a la decencia, a las buenas costumbres y, sobre todo, a la
evidencia.
Evidentemente,
hay cosas que ya no tienen solución. Porque para que el tonto de remate se dé
cuenta de su condición necesita, al menos, una chispa de inteligencia. Y claro,
esperar materia gris en Lady Mopongo es como buscar profundidad
psicológica en una película de Pajares y Esteso. Esa mujer que defiende la
creación de una academia de la lengua andaluza sin reparar en que lo que se
habla en el sur de España es, desde hace siglos, español meridional, no
un idioma inventado para justificar cargos y presupuestos.
Lo de María
Jesús Montero no se arregla solo con un logopeda de prestigio, sino con un
reputado psiquiatra que le espete a la cara: “Chiquilla, que estás muy mal del
tarro y voy a ordenar tu ingreso inmediato en el Manicomio Arkham”.
Porque hay momentos en los que la política deja de ser un drama y se convierte
en cómic oscuro.
No descubro
la pólvora al afirmar que los locos deberían estar en frenopáticos, los
mafiosos corruptos en centros penitenciarios de máxima seguridad y los votantes
ciegos del PSOE haciendo de extras en la próxima entrega de Torrente.
Berlanga lo habría contado mejor, Quevedo lo habría entendido
antes y Kafka, directamente, habría pedido la nacionalidad española para
escribir la secuela.
Cada uno en
su sitio, los de la Rosa Nostra encerrados y Dios, como siempre, en
todas partes.
Sergio Calle
Llorens


