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martes, 16 de junio de 2026

¡PEQUEÑOS PLACERES!

 


La vida tiene pequeños placeres que iluminan el alma: esa luz deliciosa que se filtra entre las nubes en un atardecer junto al mar. Esas cervezas en compañía de los viejos amigos. Las risas de un niño jugando en la orilla. Las piernas doradas de una mujer. Una mirada a medianoche. El espíritu de quienes siempre hemos sido libres y, por supuesto, ver cómo algunos prefieren escribir sobre los peligros que acechan a la lagartija pitusa en Ibiza antes que sobre la corrupción del gobierno de P. S.

Evidentemente, cada uno puede tener su opinión. De hecho, hay mucha gente que tiene opiniones, pero bastantes menos tienen estilo para contarlas. Y el estilo, para un escritor, vale más que cien opiniones.

Yo escribo para exagerar, caricaturizar, pinchar y dejar una herida verbal que el lector recuerde. Mi trabajo no es presentar pruebas ante un tribunal, sino encender el foco sobre lo que considero una farsa y dejar que el lector contemple el espectáculo. El problema es que ya ni siquiera tengo que esforzarme en exagerar. El gobierno y sus voceros lo hacen por mí.

Las joyas de Zapatero, el blanqueo de capitales, las cloacas del PSOE, los de la secta del capullo en la cárcel y el nadaplete del Madrid, que no ha ganado ni un título en dos temporadas. Y miren que se han gastado más dinero que nadie. La Cosa Nostra lo quería todo y, con la pandemia, dejó a Al Capone y sus muchachos como simples aficionados. Los madridistas aspiraban a campeonar y hasta el Albacete les dio una patada en el trasero. Ni en baloncesto, oigan.

La cantidad de lecciones que nos han dado sobre moralidad. Los millones de jornadas afirmando que eran los mejores del mundo. Pero todo era una farsa, un sainete con decorados de cartón piedra.

Recuerdo que siempre que terminaba mi columna de fusilamiento pensaba en esto: si alguien recuerda, tras su lectura, una escena, una metáfora o una comparación sangrante, la sátira ha cumplido su función literaria. Sin embargo, ahora ellos me hacen todo el trabajo sucio. Ni siquiera tengo que esforzarme en deformar la realidad, porque la realidad ya aparece deformada por sí sola, como un reflejo imposible en una galería de espejos infinitos.

En fin, como escritor no se trata de quitar pólvora al disparo. Se trata de mejorar la puntería. Y bien mirado, en la España sanchista hasta los mafiosos parecen pegarse un tiro cada mañana.

¡Pequeños placeres!

Sergio Calle Llorens

sábado, 6 de junio de 2026

¡P.S!

 


Contemplar el rostro de Leire Díaz, la famosa fontanera del PSOE y periodista en un universo paralelo, me produce una profunda inquietud. Esos gestos. Esa mirada perturbada. Esa manera de andar. Esa agenda que deja meridianamente claro que montó una red de acoso y derribo para proteger al ONE de los casos de corrupción que afectan personalmente a Pedro Sánchez. Perdonen la reiteración. 

A veces me pregunto en qué sección del averno estructural hace la secta del capullo el casting para reclutar a estos demonios.

A veces tengo miedo de conocer más detalles. Otras, en cambio, salto de alegría al ver cómo la UCO, responsable de la investigación, está llevando a medio Gobierno hacia la cárcel y al otro medio a las puertas de la imputación. De ahí las cloacas. De ahí la operación para acabar con jueces, periodistas y guardias civiles. De ahí los insultos de la sincronizada.

Leire se reunía con P.S., con la directora de la Benemérita, con ZP, pero el hijo de Gepetto no sabía nada de sus andanzas. Para Anticorrupción no hay duda: la operación estaba destinada a proteger a la familia del presidente. El caso Sánchez deja al Watergate en peccata minuta.

Una historia así no sería aceptada ni por Sherlock Holmes, que, al comprobar la identidad secreta tras la que se esconde P.S., concluiría que el personaje ni siquiera merece levantar la pipa.

Sin embargo, para la sincronizada que siempre defiende al Gobierno, todo tiene una explicación alternativa. O es un montaje. O, peor aún, el resultado del odio de la fachosfera. Para esta gente, P.S. puede ser cualquiera.

Paca Saltarina para Javier Ruiz.

Patricio Sentado para Sarah Santaolalla.

Porfirio Salchicha para Gonzalo Miró.

En verdad, estamos a un paso de que alguien diga en Televisión Española que las reuniones de la descacharrante Leire con P.S. corresponden a las siglas de «Picha Submarina». Total, esta gente es así.

Sergio Calle Llorens

miércoles, 3 de junio de 2026

¡EL PAPA, SÁNCHEZ Y LAS CLOACAS!

 


Recientemente se reunieron en el Vaticano Su Santidad, el papa Minino XIV, y Su Sanchidad de España, Pedro II el Cruel. El primero sigue sin abrir la boca ante las matanzas de cristianos en África. El segundo continúa sin felicitar las fiestas a los católicos mientras no se cansa de hacerlo por Ramadán con los musulmanes.

Como ven, ninguno pone la otra mejilla, aunque ambos tienen más cara que espalda. A tenor de los escándalos de corrupción que cercan a miembros de su partido, no sería de extrañar que el Vaticano terminase organizando una segunda ruta de escape para socialistas atribulados, como ya hizo con los nazis tras la Segunda Guerra Mundial.

Que el premier español, según la UCO, aparezca señalado como el vértice de una estructura política que hostigó a los guardias civiles encargados de investigar la supuesta corrupción de su entorno familiar no parece motivo suficiente para visitar España. Había ganas de verlo después del desprecio mostrado por el Paco Paco hacia nuestro país. Un cuervo de plumaje tan negro como el horizonte que se dibuja para los de la Rosa Nostra.

Pero la verdadera imagen de estos días no está en Roma. Está en las cloacas.

Porque si todo era producto de la máquina del fango, si todo era una conspiración de la fachosfera y de la derecha mediática, ¿por qué hubo necesidad de descender al alcantarillado? ¿Por qué mover tapas, remover aguas negras y organizar operaciones destinadas a desacreditar a quienes investigaban los casos que afectan al entorno presidencial?

La reunión con el pontífice romano duró apenas unos minutos. La de Leire Díez, tras la imputación de la hija del proxeneta, se prolongó durante días. Y esa diferencia de tiempo resulta mucho más reveladora que cualquier fotografía protocolaria.

Cinco días de reflexión. Ciento veinte horas. Siete mil doscientos minutos.

Mientras artistas, músicos, comunicadores y demás fieles del sanchismo suplicaban entre lágrimas un «Pedro, no te vayas», el silencio de los despachos parecía estar ocupado en tareas mucho menos sentimentales. Hoy sabemos que aquellas jornadas tuvieron bastante menos de meditación y bastante más de estrategia.

Y, sin embargo, quienes entonces inundaban las redes y los platós con muestras de apoyo incondicional permanecen mudos. Ni una canción protesta. Ni un manifiesto. Ni un tuit indignado. Nada.

Silencio.

El mismo silencio que suele escucharse cuando alguien levanta la tapa de una cloaca.

Mientras tanto, las causas judiciales siguen avanzando y los nombres se acumulan alrededor del poder como barcos atraídos por un remolino. Unos ya están sentados en el banquillo. Otros esperan sentencia. Algunos siguen declarando. Y todos parecen navegar en la misma dirección.

Demasiadas corrientes para creer que se trata de simples coincidencias.

Ya solo falta que Víctor Manuel le componga una nueva oda a Su Sanchidad, como hizo en 1966 con Francisco Franco en la canción «Un gran hombre».

Así, queridos niños, se entiende mucho mejor por qué el dictador murió en la cama y la España de la transición en manos de un psicópata.

Sergio Calle Llorens

viernes, 22 de mayo de 2026

¡ZAPATERO HASTA LAS CEJAS!


 

 

Zapatero estaba de corrupción hasta las cejas. Esas franjas de vello estratégicamente situadas sobre las cuencas de los ojos, que agitaba con entusiasmo de telepredicador durante las campañas electorales. Las manos, en cambio, parecía reservarlas para otros menesteres: supuestamente para trincar del petróleo o del oro venezolano. Las mismas extremidades con las que ocultaba presos políticos en el Caribe. Los mismos dedos con los que firmaba acuerdos con algunos de los peores dictadores del planeta.

«La tierra no pertenece a nadie, salvo al viento», proclamaba el expresidente que negó la crisis económica hasta que la crisis terminó llamando a su puerta con una maza. Aquella brisa poética se ha convertido ahora en vendaval judicial y amenaza con empujarlo directamente hacia la cárcel; junto a Maduro, junto a sus hijas políticas y junto a toda esa corte tropical de aduladores del chavismo. Mientras tanto, un servidor mantiene una botella de champán francés enfriándose en la nevera para celebrar el acontecimiento. Entonces tendrá que abandonar su soñada ocupación de “supervisor de nubes acostado en una hamaca”.

«El infinito es infinito; el universo es infinito y probablemente no cabe en nuestra cabeza», decía Rodríguez en uno de sus infumables discursos. Especialmente en la suya: cabeza de chorlito ilustrado.

«Everyday, all day, bonsáis», declaró el leonés durante una visita a La Moncloa del canciller Schröder y del presidente Chirac. Una frase destinada a cambiar para siempre el rumbo del pensamiento occidental y a dejar a Platón convertido en tertuliano de sobremesa.

«Hoy estamos mejor que ayer y mañana estaremos mejor que hoy». Y al día siguiente estalló una bomba en la T-4 de Barajas. Una vez más quedaba demostrado que el personaje, además de inútil, arrastraba una leyenda negra de gafe únicamente comparable a la de Tomás Roncero.

«España es un poderoso trasatlántico», declaró ufano durante el centenario del hundimiento del Titanic. Ya ven ustedes que de historia siempre anduvo, como su única neurona, bastante justito.

«Los 130.000 no son parados; son personas que se han apuntado al paro», confesó el marido de Sonsoles sin despeinarse ni pestañear.

Produce escalofríos pensar que semejante palurdo haya presidido un país europeo y occidental. El hombre que, después de arruinar España, todavía pretendía repartir lecciones de moral y ética. Él. Precisamente él. El imputado moral permanente.

A resultas de todo esto conviene distinguir entre el simple tonto y el imbécil solemne.

El tonto se equivoca porque ignora. Le faltan datos, experiencia o contexto. Eso nos sucede a todos. Nadie atraviesa la vida sin despeñarse alguna vez por los desfiladeros de la ignorancia. Pero el tonto tiene remedio: aprende. Cuando comprende, rectifica. Cuando ve con claridad, cambia de opinión.

El imbécil es otra cosa.

No yerra por falta de información, sino por soberbia. Ve la evidencia. Escucha la verdad. Percibe el error y, aun así, persevera en él con fanatismo litúrgico. Ahí reside la diferencia esencial.

El tonto todavía está en camino. El imbécil convierte el error en trinchera. Uno agradece la corrección; el otro se ofende, se rasga las vestiduras y acusa al espejo de deformarlo. Uno revisa sus ideas; el otro las defiende incluso cuando sus postulados se desploman como yeso húmedo.

Al tonto se le puede enseñar. El imbécil, en cambio, carece de solución posible. Ser tonto es humano. Volverse imbécil constituye una decisión del carácter.

Y si alguien duda de ello, basta con asomarse a las redes sociales para contemplar cómo legiones de imbéciles continúan defendiendo a un personaje como Zapatero, que ya empieza a oler a presidio.

Los demás brindaremos con Moët & Chandon.

Sergio Calle Llorens


miércoles, 6 de mayo de 2026

¡NOTICIAS ESPELUZNANTES!

 


Dije, y a algunos sesudos pensantes les pareció exagerado, que si importabas África y Magreb, al final, claro está, tenías exactamente eso.; el tercer mundo en casa. También dejé escrito qué si repetíamos los fallos en inmigración ilegal en Reino Unido, Francia o la desternillante Bélgica, el resultado sería el mismo drama. Me crujieron a insultos.  Pues bien. El tiempo, ese juez implacable, me ha terminado dando la razón.

Un hombre de 37 años, marroquí para más señas, grita consignas islamistas en plena calle de Esplugues de Llobregat y termina asesinando a una ciudadana china de 17 primaveras que había salido a pasear a su perrito. El supuesto criminal, angelito migrante para las ONG subvencionadas por el gobierno del yerno del proxeneta, ya había protagonizado incidentes en varios puntos de la geografía española. A pesar de los gritos, del apedreamiento a la policía y los vecinos, los responsables dijeron que se trataba de un caso de salud mental. La suya, no la de los gestores políticos. No fue deportado. De Burgos pasó a Barcelona tras protagonizar diferentes monerías de la morería. Lo de siempre y a nadie puede sorprender. Tampoco asombra que los medios de desinformación catalogaran el asesinato como violencia machista. Cuando se destapó el pastel, tuvieron que borrar tuits y titulares por la vía de urgencia.

Un falso mena viola a una menor en un parque en Hortalezas y alude que consumió marihuana, alcohol, pastillas y hachís. Como vemos, el joven no disponía de tiempo para estudiar urbanidad occidental.

 La criatura había sido expulsada de Alemania e Italia por delitos violentos. Le acogimos en España por caridad cristiana y le ha destrozado la vida a una pobre niña cuyos gritos, como no fueron provocados por un hombre europeo heterosexual, no quiso escuchar nadie.  Nadie le echó cuentas. Otra que tampoco sabe mucho de cuentas es María Jesús Montero, Lady Mopongo para los amigos, cuya contabilidad ha sido desnudada por el Tribunal de la materia señalando que usó fondos de la UE para tapar que no hay presupuestos estableciendo un nuevo agujero de récord en las pensiones. Al parecer la ministra gastó en 2024 77.000 millones más de lo que permitía la prórroga e infló deudas tributarias, según el órgano fiscalizador.

En estos asuntos el gobierno de Sánchez se niega a dar más información; en la regularización de inmigrantes alude al secreto de Estado. En el tema de las cuentas aplica aquello de los socialistas prefieren la oscuridad de los lupanares que la claridad de las cuentas.

Son las noticias escalofriantes de la semana. Hay más. Muchas más. Pero me tiemblan las manos como para seguir escribiendo.

Sergio Calle Llorens


miércoles, 29 de abril de 2026

¡EL PARTIDO MUSULMÁN ANDALUSÍ!

 


El nacimiento del partido islamista en la taifa del sur no es exactamente lo que necesitábamos los autónomos. Su líder, que no conocen ni en su casa a la hora de comer, es apoyado por el nieto de Blas Infante cuyo credo, y nadie puede negarlo, incluía segregar a Andalucía de España y unirla al cochambroso Marruecos.

En su presentación, su cabecilla se ha ido a Sevilla para subirse a la Giralda y pedir a los ciudadanos de esa ciudad que se conviertan al islam en masa. Al tipo se le veía convencido. A los sevillanos no tanto. Eso de dejar de comer jamón, abandonar en masa la devoción a la Virgen de Triana o a la Macarena no parece un plan sin fisuras. Más bien todo lo contrario. En verdad, verlo lanzar a rezar por el rito musulmán no le va regalar demasiados votos. No importa cuantos edificios históricos pise porque, como bien nos enseña la historia que no se muestra en los centros de estudio, cuando un payaso se muda a un palacio, no se convierte en Rey; el palacio se convierte en un circo.

También es posible que el musulmán arranque algunos votos por la zona de Algeciras. Si eso ocurre, aunque de momento no le valga para obtener representación parlamentaria, demostrará por qué los judíos y cristianos copan los premios Nóbel en todas las categorías y los musulmanes, siendo millones, son relegados siempre al vagón de cola.

 Para ser exactos, el 65% por ciento de los premiados se consideraban cristianos a la hora de recoger el citado galardón. Más de 200 personas de origen judío han sido galardonadas con el Premio Nobel, representando aproximadamente el 20-25% del total de los premios otorgados desde 1901, a pesar de constituir solo el 0,2% de la población mundial. La mayoría de estos premios se concentran en las áreas científicas de Física, Química y Medicina. Y el dato final relevante y demoledor. Además, Se estima que en 2025 la población musulmana mundial ronda los 2.000 millones de personas. El islam es la religión con mayor crecimiento, representando aproximadamente el 25,6% de la población mundial.

Podemos hablar de matemáticas en la siguiente ronda informativa;

1. Grupo judío (0,2% población → 20–25% Nobel)

Esto es lo más llamativo.

Si tomamos un valor medio (22,5%):

factor de representacioˊn=22,50,2=112,5\text{factor de representación} = \frac{22,5}{0,2} = 112,5factor de representacioˊn=0,222,5​=112,5

 Este grupo está más de 100 veces sobrerrepresentado en premios Nobel respecto a su tamaño poblacional.

2. Grupo Cristiano (33% población → 65% Nobel)

6533≈1,97\frac{65}{33} \approx 1,973365​≈1,97

Aproximadamente el doble de lo esperado. También está sobrerrepresentado, pero nada comparable con el grupo pequeño.

3. Grupo Musulmán (25,6% población → 12 premios)


Desde 1901 ha habido algo más de 600–650 laureados individuales.

12650≈1,8%\frac{12}{650} \approx 1,8\%65012​≈1,8%

 Eso sería:

1,825,6≈0,07\frac{1,8}{25,6} \approx 0,0725,61,8​≈0,07

 Es decir, muy infrarrepresentado.

Matemáticamente, el contraste es brutal:

  • Un grupo diminuto con una hiperconcentración extraordinaria de premios
  • Un grupo grande con rendimiento alto
  • Otro grupo enorme con rendimiento muy bajo

Pero esto no explica causas, solo describe un fenómeno.

Al margen de los datos matemáticos, hay otra realidad inquietante. Todos los islamistas emigran a países occidentales donde hay bienestar, respeto a la ley y a los derechos humanos- y eso incluye la igualdad entre hombres y mujeres- libertad religiosa y sexual. Pero nunca a países musulmanes. Dicho de otra manera; occidente es la respuesta para escapar de sus descacharrantes sociedades. Crear un partido islamista para vivir de nuevo bajo el yugo del medievo, del que por cierto escaparon, sólo se le puede ocurrir a un bobo con abundantes barbas.

Sergio Calle Llorens

domingo, 19 de abril de 2026

¡UN CABALLERO EN TIEMPOS DE RUIDO!

 


Mi padre aprobó unas oposiciones con doce años. Tuvo que estudiar contabilidad e inglés. Tras conseguirlo, obtuvo el puesto de botones en el Banco de Bilbao. Años más tarde terminaría trabajando como director de sucursal. Nunca se tomó una baja. Jamás dio una excusa en el trabajo. Un tipo que se vestía por los pies. Alguien que en ninguna hoja del calendario tiró un papel al suelo. Un caballero profesional que exigía lo mismo de sus subordinados.

A él no se le pasó por la cabeza pitar un himno ajeno, ni siquiera el andaluz, que sentíamos ajeno. En esencia, era un tipo conservador. De esos que crecieron afirmando que hacer el servicio militar era servir a España. Sin embargo, decía que los homosexuales eran seres fantásticos, porque así mis hermanos y yo tendríamos más mujeres a nuestra disposición. De las lesbianas pensaba que eran personas de muy buen gusto, porque se enamoraban de otras mujeres.

Rafael variaba muy poco de opinión; lo que le parecía fatal al alba le seguía pareciendo igual de mal en la anochecida. No era el tipo de hombre al que le hubiera agradado escuchar cánticos como el de «musulmán el que no bote», pero habría puesto el grito en el cielo ante la vejación del himno de todos los españoles. Ya lo leen: un señor muy alejado de los patanes que hoy opinan en televisión y escriben en los diarios.

Lo que más me gustaba de él era su fino e irónico sentido del humor. A veces podía confundirse con un señor inglés que, tras leer un artículo de The Times, levanta la cabeza para soltar un comentario jocoso. Le hacían mucha gracia esos falsos profetas que se esposan con mujeres porque Dios se les aparece en sueños para que desfloren a alguna damisela. Como si el Altísimo, que como todo el mundo sabe está en el cielo tan pimpante, no tuviera otra cosa que hacer que preocuparse de la vida sexual de los mortales.

Mi padre nunca tuvo mala sangre. Es más, pasó su vida donándola, porque la suya era universal. El karma no le premió y, el único día que su ángel de la guarda —al cual mandó saludos muy poco cordiales— estaba despistadillo, terminó ahogado en su propia sangre, esperando a una ambulancia del Servicio Andaluz de Salud. Su muerte no provocó ningún titular. Nadie se manifestó en la calle por él. Básicamente, porque gobernaba el PSOE y él no era un perrito como Excalibur.

A veces pienso que su muerte fue la forma que tuvo Dios de ahorrarle ver con sus propios ojos que los españoles y el resto de europeos estamos siendo sustituidos por una masa de gente ajena cuyos valores morales se anclan en un pedrusco de Arabia. Él no lo hubiera intentado. Él no lo hubiera aceptado. Al final, el tiempo le dio la razón: nuestro mundo va a desaparecer.

Y, sin embargo, cuando cae la noche y el ruido se apaga, me gusta pensar que hombres como él no desaparecen del todo. Que quedan suspendidos en algún lugar discreto, quizá en ese mismo cielo donde el Altísimo sigue tan pimpante, observándonos con una mezcla de ironía y cansancio. Como si aún levantara la vista de su periódico invisible para dictar sentencia, breve y certera, sobre este mundo que ya no reconoce. Y entonces, por un instante, todo parece un poco menos perdido.

Sergio Calle Llorens

miércoles, 18 de marzo de 2026

¡LARRA: LA LUCIDEZ QUE MADRID NO QUISO VER!

 


Madrid amanece con ese color de periódico viejo que tienen las ciudades cansadas. Los barrenderos empujan la noche hacia las alcantarillas, los primeros autobuses resoplan como viejos caballos de hierro y en las terrazas algún madrugador moja el churro en el café mientras hojea titulares que ya nacen arrugados. Madrid siempre ha sido así: una ciudad que despierta deprisa y piensa tarde. Si uno camina lo suficiente por sus calles, todavía puede imaginar a un hombre flaco, nervioso, con levita negra y una ironía afilada como una navaja. Se llamaba Mariano José de Larra, aunque firmaba muchas veces como Fígaro, que era una forma elegante de esconderse mientras decía verdades que nadie quería escuchar.

Larra miraba a la capital del reino como quien observa un teatro lleno de actores mediocres. En sus artículos retrató a los funcionarios perezosos, a los políticos huecos, a los burócratas que convertían cualquier trámite en una novela interminable. El país que describía era un país que parecía avanzar con los pies atados. Su famosa sátira sobre el “vuelva usted mañana” no era sólo una broma: era el diagnóstico de una enfermedad nacional que todavía hoy da síntomas cada mañana en alguna ventanilla administrativa.

Lo extraordinario es que Larra tenía apenas veintitantos años cuando escribía con esa lucidez feroz. Era joven, elegante, brillante y profundamente incómodo para su tiempo. Amaba a España con la misma intensidad con la que la detestaba, como quien quiere a un familiar que no deja de cometer disparates. Su pluma era una mezcla peligrosa de inteligencia, desesperación y sarcasmo, tres ingredientes que en política suelen ser dinamita.

Pero Larra no sólo escribió sobre la sociedad: también escribió, sin saberlo, sobre el corazón humano. Su vida sentimental fue un campo de batalla romántico, como correspondía a un escritor del siglo XIX. Su relación con Dolores Armijo terminó convirtiéndose en una tragedia privada que acabaría mezclándose con su desesperanza pública. Un día de febrero de 1837, después de una ruptura que terminó de quebrarlo, Larra se encerró en su casa de la calle Santa Clara y se pegó un tiro. Tenía apenas veintisiete años. España perdía así a uno de los pocos hombres que la entendían demasiado bien.

Desde entonces han pasado casi dos siglos y Madrid sigue despertando con el mismo aire entre cansado y burlón. Cambian los trajes, cambian los gobiernos, cambian las palabras, pero hay algo en el fondo del país que parece resistirse a cambiar del todo. Quizá por eso leer a Larra produce una sensación extraña: uno tiene la impresión de estar leyendo el periódico de esta misma mañana.

Y tal vez por eso conviene recordarlo.

Porque España cambia de siglo.

Pero nunca deja de parecerse a sí misma.

Sergio Calle Llorens

lunes, 16 de marzo de 2026

¡LA SEMANA EN LA QUE UN SOCIALISTA PIDIÓ PERDÓN Y OTRAS ANOMALÍAS DE LA NATURALEZA!

 


La semana anterior, que murió a las orillas de unas aguas entre azules y turquesas, ocurrieron cosas inauditas. No tengo otra forma de expresarlo.

Ahí tienen a un exconcejal del PSOE llorando y pidiendo disculpas tras confesar un fraude de 34 millones de euros en el asunto de los ERE. Un reconocimiento de culpabilidad que no se había producido antes. Recordemos que ni con la guerra sucia de los GAL, ni con la terrible operación Mengele, ni con el asesinato de Calvo Sotelo, ni con Invercaria, ni con Filesa, ni con el caso Ábalos, la Rosa Nostra esta gente pidió disculpas.

Insisto: jamás se había visto a un militante de la mafia socialista, cual plañidera cualquiera, admitiendo un delito tan grave. Es de agradecer el gesto de José María Sayago. Sin embargo, somos legión los que preferiríamos que los de la secta del capullo emulasen a los japoneses aplicándose un buen harakiri tras reconocer el latrocinio institucionalizado. En cualquier caso, por algo se empieza antes de que terminen en la cárcel.

También en estos días el personal anda muy soliviantado en la región malagueña. Por un lado, ha saltado, como una liebre desbocada, la noticia de que, por primera vez desde el nacimiento de la infumable taifa del sur, Málaga será la primera en inversiones por parte de la Junta, adelantando a Sevilla. Un acontecimiento insólito.

Tanto como las declaraciones del nuevo obispo de la provincia. El religioso ha criticado que el ayuntamiento de la ciudad del paraíso rechace la regularización masiva de inmigrantes ilegales a los que el orondo ministro de Roma, que no parece el más listo de la clase, no quiere que vinculen con la delincuencia.

Para evitar ese riesgo, el mitrado debería haber pedido a Dios, que está en el cielo tan pimpante, y a Sánchez, otro ser omnipotente, que para la citada regularización masiva los migrantes —qué palabra más tonta— presenten un certificado de penales verificable.

A mí, qué quieren que les diga, José Antonio Satué me recuerda a ese chiste:

—Oye, una cosa: ¿los monjes son buenos?
—Depende: abadías que sí y abadías que no.

Visto lo visto con el religioso, habrá días en los que el prelado parezca un poco tonto del culo y habrá días en los que parezca más tonto todavía. Es más, me temo que su nombre va a sonar fuerte este año en los Premios Oriundo Panoli.

Por otra parte, y para finalizar, propongo que, como alternativa a la herramienta «Hodio» —huella del odio y la polarización del gobierno—, se cree «Himbecil», un instrumento digital creado desde el respeto y la educación para detectar a los hijos de los cretinos que no descansan nunca.

Ya lo han leído. La semana ha estado llena de hechos tan insólitos como encontrar a un socialista que no robe. Algo tan novedoso como que hoy lunes su jefe le reciba en la oficina bajándose los pantalones para meterse una zanahoria por el culo mientras suena la sintonía de La naranja mecánica.

En fin, jamás imaginé que viviría para contemplar estos milagros de temporada: socialistas arrepentidos y sermones para idiotas.

Sergio Calle Llorens


lunes, 9 de marzo de 2026

¡SÍ A LA GUERRA!

 

Los ahorcamientos de mujeres violadas, homosexuales o manifestantes son el pan nuestro de cada día en Irán. Ninguna de las setenta resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas condenando la situación de los derechos humanos en ese terrible país ha servido para nada. Especialmente porque ninguna teocracia ha caído jamás gracias al derecho internacional. Por ello, ver estallar las bombas sobre las cabezas de los ayatolás produce una sensación de alivio —cuando no de franca felicidad— en muchos de nosotros, los occidentales.

Bien es cierto que nuestros países comercian con otros regímenes tan criminales como el iraní. Empero, en el mundo de la geoestrategia no hay aliados eternos, sino intereses. Ya nos gustaría a todos terminar, y de un plumazo, con países como el cochambroso Marruecos, Catar o Arabia Saudí, pero todo a su tiempo. Ya llegará la hora de marchar también sobre ellos.

Ahora las bombas se dirigen raudas y veloces hacia todos los rincones de Irán. Con ellas, el miedo ha cambiado de bando y, mientras tratan de defenderse por tierra, aire y mar —bueno, en el mar ya no les quedan demasiados barcos que perder—, los chiíes no pueden seguir financiando a más grupos terroristas y su arsenal de cohetes continúa menguando camino de la derrota total.

La guerra es un asunto feo, pero en ocasiones resulta necesaria. Bien lo sabía Winston Churchill antes de que al cabo austríaco se le ocurriese invadir Polonia. Por eso lucharon en las playas, en los aeródromos, en los campos y en las colinas. Nunca se rindieron. Tampoco lo hicieron los españoles que salvaron a Europa del dominio otomano en el Mediterráneo durante la batalla de Lepanto —la más alta ocasión que vieron los siglos—, ni los arcabuceros de los Tercios que contuvieron al turco ante las murallas de Viena. Tampoco entonces capitularon ante los sarracenos.

El “no a la guerra” es un grito infantil que esconde el cálculo electoral del embustero de Sánchez. El “sí a la guerra”, en cambio, nos recuerda la sangre que vertimos en los campos de la vieja Europa. La sangre de soldados que murieron por grandes ideales, porque nuestra civilización —por mucho que les pese a los estúpidos wokistas de toda índole y condición mental— sigue siendo la más grande de las civilizaciones.

Europa parece estar despertando. Y ese despertar debe convertirse en un clamor que ayude a Israel y a los Estados Unidos a terminar el trabajo. Es posible que las aguas del mar se tiñan de rojo carmesí y que el precio sea alto, como siempre lo ha sido cuando la historia llama a la puerta de los pueblos libres. Pero hay momentos en los que la espada debe hablar para que vuelva a reinar la paz.

Ha llegado la hora.

La hora de recordar quiénes somos.
La hora de no retroceder.
La hora de que los fanáticos del turbante comprendan, de una vez por todas, que Occidente no ha olvidado luchar.

Porque cuando Europa despierta, la historia vuelve a escribirse con acero.

Sí a la guerra.

Sergio Calle Llorens

martes, 24 de febrero de 2026

¡ESPAÑA, EL PUTICLUB INSTITUCIONAL!

 



Si yo lo he entendido bien, el yerno de un proxeneta llega a presidente y nombra como mano derecha a un putero que tiene como máximo colaborador a un portero de puticlub, y el ministro más polémico de todos los tiempos coloca como jefe de la policía a un menda acusado de violación. Todo supuestamente, claro. No vaya a ser que algún fiscal con vocación de censor confunda la sátira con la realidad.

El problema es que, cuando cuentas la corrupción sistémica del gobierno de Pedro Sánchez, los no nacionales se descojonan como si estuvieran viendo una reposición interminable de Aquí no hay quien viva, y los de la mafia del capullo hacen como que no saben nada. Ellos son más de leer Lo País, de ver a Jordi Évole con gesto compungido y de escuchar en directo las genuflexiones radiofónicas al amado líder en la Cadena SER del PSOE.

Cualquier cosa es preferible a los “bulos” propagados por la llamada fachería digital, que, curiosamente, han ido resultando todos ciertos. Desde las imputaciones de los familiares del hijo de Gepetto hasta las entradas en prisión de los colaboradores más estrechos del régimen. Pero aun así, el socialista medio seguirá votando al partido de la rosa per secula seculorum, como quien sigue yendo a misa aunque ya no crea ni en el cura.

Ese fingimiento de ignorar la realidad española no es un error, es una elección vital. Como preferir al patético Manu Sánchez antes que al humor quirúrgico de Tip. Como confundir chascarrillo con ingenio. Vivir en un limbo cómodo, ajeno a la decencia, a las buenas costumbres y, sobre todo, a la evidencia.

Evidentemente, hay cosas que ya no tienen solución. Porque para que el tonto de remate se dé cuenta de su condición necesita, al menos, una chispa de inteligencia. Y claro, esperar materia gris en Lady Mopongo es como buscar profundidad psicológica en una película de Pajares y Esteso. Esa mujer que defiende la creación de una academia de la lengua andaluza sin reparar en que lo que se habla en el sur de España es, desde hace siglos, español meridional, no un idioma inventado para justificar cargos y presupuestos.

Lo de María Jesús Montero no se arregla solo con un logopeda de prestigio, sino con un reputado psiquiatra que le espete a la cara: “Chiquilla, que estás muy mal del tarro y voy a ordenar tu ingreso inmediato en el Manicomio Arkham”. Porque hay momentos en los que la política deja de ser un drama y se convierte en cómic oscuro.

No descubro la pólvora al afirmar que los locos deberían estar en frenopáticos, los mafiosos corruptos en centros penitenciarios de máxima seguridad y los votantes ciegos del PSOE haciendo de extras en la próxima entrega de Torrente. Berlanga lo habría contado mejor, Quevedo lo habría entendido antes y Dante, directamente, habría pedido la nacionalidad española para escribir la secuela del infierno hispano.

Cada uno en su sitio, los de la Rosa Nostra encerrados y Dios, como siempre, en todas partes.

Sergio Calle Llorens

 

miércoles, 18 de febrero de 2026

¡ARBITROS, BORREGOS Y LOBOS"


 

Los árbitros españoles de fútbol y baloncesto no son tan malos si los comparas con la peste bubónica y el ébola. De hecho, con sus delirantes actuaciones, el espectador medio piensa que a veces te dan y otras te quitan. Quiero decir que a veces te dan ganas de vomitar y otras te quitan las ganas de ver un partido. Esencialmente porque su único objetivo es beneficiar al Real Trampas de Madrid y perjudicar al resto.

Por cada piscinazo hay una pena máxima para el equipo de Florentino. Por cada agresión a los rivales, el VAR deja de funcionar. En el baloncesto pasa lo mismo y los codazos de Tavares existen en el mismo plano metafísico que la honradez de Pedro Sánchez. Ya hay estudios estadísticos que nos indican que es el equipo con más penaltis a favor del mundo y el que más tiros libres lanza. Esos mismos informes apuntan a que el Málaga es perjudicado por sus florentinezas cada siete minutos.

El otro día, en San Sebastián, el club de la capital de la Costa del Sol fue atracado en un nuevo episodio de La Casa de Papel, pero aquí no pasa nada y todo es muy bonito. En consecuencia, he decidido solo ver los partidos de Unicaja Málaga en el Carpena, porque mi salud ya no resiste más injusticias ni más corrupción.

Además, con el deporte en nuestra nación me pasa como con la política: no soporto escuchar a los tontos defendiendo lo indefendible. Porque siempre me topo con un patán, al estilo Tomás Roncero, demostrando, un día sí y otro también, que hay que volver a organizar el Día del Subnormal. Porque siempre hay un Manu Sánchez hablando de Franco en un carnaval en la taifa del sur, pero que se niega a mencionar, ni de refilón, a los cuarenta y siete muertos por un accidente ferroviario provocado por la desidia y la inutilidad del ministro socialista de turno.

Así, el defensor de las esencias andaluzas calla mientras Tony Bolaños se muestra alterado porque el Pequeño Marlaska se ha visto envuelto en otro monumental escándalo. Un ministro cuyas exdirectoras de la Guardia Civil, elegidas por él, están imputadas y, por si fuera poco, el número uno de la Policía Nacional, que también fue nombrado por su feminista mano, ha dimitido por estar imputado en un caso de agresión sexual a una subordinada.

El problema es que este tipo de gente pretende que cuando Rüdiger hacía el gesto de cortarle el cuello a la grada del Metropolitano estaba defendiendo la Alianza de Civilizaciones y, a renglón seguido, cuando Bellingham mandaba a paseo a un rival con un contundente fuck off, que todo hay que decirlo, el inglés empleaba un término que la nobleza británica de alto abolengo usa para saludarse.

Pensando en la corrupción en el deporte y en la política, me viene a la memoria aquel viejo lema de la criminal KGB soviética: “Pueblo de borregos, gobierno de lobos”. Por eso, en España todo lo que cambie será a peor. Después de todo, luchar contra las mafias es una actividad de riesgo.

Sergio Calle Llorens

 


viernes, 13 de febrero de 2026

¡MI GENÉTICA!

 


Uno va a hacerse una analítica pensando que saldrá con lo de siempre: “todo normal”, “beba agua”, “hierro justito”. Y de repente aparece una palabra que suena a tragedia clásica: talasemia. En mi caso, lo que ha salido es un rasgo talasémico A. No la enfermedad, no el drama, sino el gen. El polizón genético.

Ser portador no significa estar enfermo. Significa llevar una variante heredada, como quien hereda ojos claros, mala uva o una peligrosa afición por desmontar relatos oficiales. La talasemia solo es un problema cuando dos portadores coinciden y tienen hijos. Por eso se estudia. Por eso se controla. No por miedo, sino por conocimiento y previsión.

Y una vez pasado el susto inicial, llega la pregunta lógica:
¿esto de dónde sale?

Aquí es donde la genética empieza a resultar incómoda para muchos discursos identitarios. Porque los genes no leen manuales ideológicos ni mapas escolares mal explicados. Los genes recuerdan viajes reales, no consignas. El rasgo talasémico aparece en el Mediterráneo, sí, pero también en Irlanda, en Gran Bretaña, en zonas del norte de Europa. No por capricho ni por romanticismo céltico, sino por selección natural.

Durante siglos, la malaria fue endémica en buena parte de Europa. También en el norte. Costas atlánticas, ríos, marismas, zonas húmedas. Ser portador de talasemia ofrecía una ventaja: no inmunidad, pero resistencia. Y la evolución, que no debate ni pide permiso, decidió conservar el gen porque servía para sobrevivir.

Hasta aquí, biología básica.

Y ahora viene el momento incómodo.

Porque cuando uno mira la genética real del sur de España, lo que aparece NO es una población de origen árabe. Lo siento por el tópico, pero no. La presencia musulmana fue política, militar y administrativa, no un reparto genético ni una sustitución poblacional. No hubo una “arabización” demográfica. Hubo una élite gobernante minoritaria sobre una población mayoritariamente hispanorromana que ya estaba allí desde hacía siglos.

Y aquí conviene decirlo sin rodeos:
las mujeres hispanorromanas no se casaban masivamente con musulmanes, porque eso implicaba perder derechos civiles, jurídicos y religiosos. No es una opinión moderna ni una provocación: es derecho histórico elemental. La genética actual, además, lo confirma con una frialdad casi cruel para el mito.

El componente árabe-bereber en la población del sur del país es reducido y marginal. El sustrato dominante es romano, visigodo y europeo atlántico. Es decir, si alguien espera encontrar en el ADN una genealogía de emires y califas, va a salir del laboratorio con cara de tonto.

Dicho de forma más clara:
el sur de España no procede genéticamente de los árabes.
Procede de europeos antiguos que fueron gobernados por árabes durante un tiempo. Que no es lo mismo. Ni de lejos.

Nuestro sur peninsular fue, antes que nada, hispanorromano. Luego visigodo. Luego un puerto abierto al Atlántico, al comercio, a los pueblos del norte. No un desierto humano esperando ser rellenado. Fue un cruce de caminos, no un solar vacío.

No hace falta imaginar una escena concreta, pero uno puede hacerlo: un mercader del norte con anemia leve, un visigodo de piel clara, un marinero irlandés que se baja del barco en el puerto equivocado y decide que ya ha navegado suficiente. Como en una historia de Corto Maltés, sin discursos, sin banderas, con el mar de fondo y el destino encogiéndose de hombros.

La genética moderna no discute ni opina: mide. Y lo que mide desmonta mitos muy repetidos y muy poco pensados. Lo que aparece es una continuidad europea profunda, compleja, mezclada, coherente con siglos de historia real. No con cuentos simplificados para consumo rápido.

La ironía final es deliciosa: después de descubrir que mi sangre hablaba de rutas atlánticas y pueblos del norte, terminé casándome con una mujer escandinava, de Dinamarca. Mis hijos son hispano-daneses, hablan ambos idiomas y además inglés, como si la genética se hubiera permitido un chiste privado.

Así que sí, puede que tenga un rasgo talasémico A.
Puede que en mi sangre viajen romanos, visigodos o algún rey irlandés despistado.
Pero desde luego, no procede de ningún reparto árabe imaginario.

Porque al final entendí algo muy simple:
mi análisis de sangre no era un problema.
Era un mapa

Sergio Calle Llorens


jueves, 5 de febrero de 2026

¡SUBVENCIONES, DIABLOS Y FAREROS SIN LUZ!


 

Nadie comprende que un cabo sin ningún talento conocido llegara a dirigir los ejércitos alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Tampoco hay inteligencia humana que explique que María Gámez se convirtiera en la primera mujer en dirigir la Guardia Civil, siendo, como era, la hija de un farero, aunque la falta de luces no se limitara precisamente al oficio paterno. Dos trayectorias improbables. Dos grandes perdedores de la historia.

La paradoja es deliciosa. Adolf Hitler alcanzó el poder a través de unas elecciones democráticas. La de Sanlúcar de Barrameda, en cambio, perdió en todos y cada uno de los distritos electorales en los que se presentó. El primero terminó suicidado; la segunda, como no podía ser de otro modo, recaló enchufada en La Casa de Papel. Una vez más queda demostrado que Dios posee un sentido del humor corrosivo y que el mayor triunfo del Maligno es habernos convencido de que no existe.

Y ya que hablamos del Diablo, conviene señalar al suyo propio en versión institucional. Hoy sabemos que Pedro Sánchez mantiene la chequera abierta de par en par para cualquier organismo, fundación o parásito extranjero que se cruce en su camino. Más de 600 millones de euros en subvenciones, arrancados directamente del sudor y la nómina de los españoles.

La lista de beneficiarios es interminable y, admitámoslo, jugosa. Va desde las finanzas de Palestina hasta la llamada Solidaridad de la Inserción Social y de la Familia en Marruecos. Resulta curioso que haya dinero para los trenes del cochambroso reino de Mohamed VI, pero no para garantizar la seguridad ferroviaria en España. Hay fondos para la justicia jordana, para el Ministerio de Justicia de Bolivia, para el estudio de las paredes vaginales de la mujer paraguaya y hasta para la descolonización y despatriarcalización boliviana. Todos reciben su correspondiente subvención. Eso sí, ni un euro para el paro de los autónomos, esos a los que se exprime hasta la última gota en nombre del “gobierno progresista”.

Este esfuerzo hispano por redimir a los desheredados del mundo alcanza cotas de sainete cuando uno descubre que la alcaldía de Pikine, en Senegal, recibe 900.000 euros de los impuestos españoles, una cifra muy superior a la destinada al mantenimiento de los trenes de cercanías de Málaga, que no reciben absolutamente nada. También es digno de carcajada leer en el BOE las ayudas a la Federación Nacional de Comunas de Túnez, a la Administración Penitenciaria de Marruecos o a la Secretaría Provincial de Economía de Cabo Delgado, en Mozambique. Incluso la Fundación Princesa Diana de Paraguay se lleva su pellizco.

Especial mención merecen los 100.000 euros concedidos a la Premsa Andorrana dels Collons y los 119.413 euros destinados a Netflix. Quizá ese dinero sea imprescindible para que la multinacional, con sede en los Países Bajos, incluya en su catálogo el documental del cuchicuchi de Vergonya Gómez, pieza clave del cine universal contemporáneo.

Queda claro que en solidaridad internacional al Gobierno de España no le gana nadie, sobre todo cuando la factura la pagamos los de siempre. Porque, como todos sabemos, si estas ayudas salieran de los sueldos de socialistas y podemitas, los cambios en la vida sexual del somormujo, las prostitutas mauritanas y el gobierno autónomo de Potosí se llevarían exactamente un cojón de pato.

Ante semejante ignominia solo cabe reclamar paciencia. Ya llegará el momento de bailar cuando suene la música, aunque el baile sea, como todo indica, un elegante y acompasado camino hacia la cárcel.

Sergio Calle Llorens

domingo, 1 de febrero de 2026

¡PSOE: TODOS A LA CÁRCEL!


 


Me duele la boca de decir que el gran error de los españoles es tratar al partido de Pedro Sánchez como a cualquier otra organización política democrática. No lo es. Lo repito una vez más, para quien aún no haya entendido la película: el PSOE es una secta, la del capullo. Y no lo digo en sentido metafórico ni literario, aunque Kafka o Valle Inclán habrían disfrutado escribiendo este disparate institucional. Lo digo en sentido funcional. Es una organización que actúa, piensa y se protege como una mafia, y como mafia debe ser tratada por un Estado que aún pretenda llamarse de Derecho.

La mafia nostra no se reforma, se ilegaliza. No se dialoga con ella, se la persigue penalmente. Sus dirigentes no comparecen en tertulias, comparecen ante un juez instructor. No puede quedar ninguno fuera del alcance de la ley. Todos deben ingresar en centros penitenciarios de máxima seguridad, como hicieron los norteamericanos cuando comprendieron que Al Capone no era un empresario excéntrico, sino un delincuente sistémico. Los ciudadanos de esta vieja nación haríamos bien en imitarles. Mañana, jurídicamente, ya es tarde.

Sé que el pueblo empieza a ver la luz, como en esas novelas de Camus en las que la peste no se reconoce hasta que los cadáveres se amontonan. Han tenido que morir muchos españoles en un accidente ferroviario para que algunos, al fin, se cayeran del caballo como Pablo de Tarso camino de Damasco. Empiezan a recordar que hubo helicópteros de la Guardia Civil persiguiendo a viejecitos en la playa durante el confinamiento, mientras la Policía Nacional acosaba a vecinos por charlar dos minutos de más tras tender la ropa en la azotea. Empiezan a admitir que Salvamento Marítimo se recorre mil kilómetros en aguas internacionales cada vez que un puto cayuco desaparece, pero si desaparece un tren a unas millas de Córdoba se envía a Pepe con una puta linterna. Berlanga no lo habría escrito mejor. O sí, pero en clave de comedia negra. Esto ya es tragedia.

Teníamos el mejor sistema ferroviario de Europa. Los trenes más puntuales del continente. Un sistema tan serio que devolvía el importe del billete del AVE si llegaba tarde. Y entonces llegaron los patanes del PSOE, con Pedrito a la cabeza, ese personaje que parece salido de una mala secuela de El Padrino, donde el capo no impone respeto, sino vergüenza ajena. Eligió a un putero como ministro, que a su vez llegó acompañado de un portero de puticlub. Ambos contrataron a sus amantes en RENFE, como si gestionaran una finca privada y no una empresa pública. Cuando el escándalo se hizo insostenible y acabaron en prisión, el marido de Begoña Gómez nombró a un palurdo de Valladolid, sacado directamente de El planeta de los simios, para sustituir al ministro encarcelado.

Con el zafio de Óscar Puente todo ha ido a peor, y miren que era difícil. Las víctimas esperaron más de media hora en un barranco de Adamuz mientras se desangraban, vulnerando cualquier protocolo mínimo de auxilio y responsabilidad administrativa. El País, como siempre, echando balones fuera. Los sindicatos mayoritarios, mudos, como estatuas de sal. Tiemblo de pensar la que habrían organizado si la responsable del ministerio hubiese sido Isabel Ayuso. Y mientras tanto, el equipo jurídico-mediático del sanchismo pedía respeto por los fallecidos. ¿Respeto? ¿Vosotros? Los que habéis convertido España en un Estado fallido mientras lo saqueabais con vuestras agrupaciones clientelares, vuestro falso progresismo y vuestras putas casas del pueblo.

Esto ya no es una cuestión ideológica, ni siquiera moral. Es una cuestión penal. Son escoria institucional de la peor calaña y ha llegado el momento de aplicar el Código Penal antes de que mueran más españoles por negligencia, incompetencia o corrupción. No hay más. O se restablece el principio de legalidad o se consagra la impunidad. Los del PSOE a prisión, como cualquier ciudadano que delinque desde el poder, y los ciudadanos honrados a vivir tranquilos de una puñetera vez.

Para finalizar, quiero que recuerden dos cosas. La primera es que cuando el poder empieza a hablar de respeto, huele a banquillo. La segunda es que toda mafia acaba igual: o en un museo o ante un juez.

¡Ha llegado la hora!

Sergio Calle Llorens


martes, 13 de enero de 2026

¡FEMINISMO DE PANCARTA Y SILENCIO ANTE LA HORCA!

 



Pintarse el pelo de morado no es feminismo. Organizar chocho charlas no es luchar contra el heteropatriarcado. En cambio, salir a la calle para combatir el criminal régimen de los ayatolás es, además de un acto heroico, una declaración de intenciones por parte de las mujeres persas contra la opresión islamista. Las del 11M no se juegan nada. Las iraníes se lo juegan todo.

Curiosamente, Irene Montero y sus iguales guardan un clamoroso silencio ante la guadaña islámica que se cierne sobre las cabezas de estas valientes. A mí me resulta profundamente emocionante verlas danzar con los cabellos al viento mientras Teherán es pasto de las llamas de la libertad. De hecho, ya queda menos para mandar a sus opresores al lugar del que nunca debieron salir, el infierno. Y cuando ocurra, que ya les digo yo que ocurrirá más pronto que tarde, las falsas feministas volverán a marchar por el lado equivocado de la historia. Como ahora, cuando claman contra unos supuestos abusos cometidos por Julio Iglesias, pero cierran el pico ante la barbarie de la república islamista de Irán.

Debe de ser duro interpretar todo el tiempo el papel de las malas en esta película. El caso es que lo clavan y ya apenas les queda, y a veces ni eso, el comodín de Francisco Franco, cuya muerte parece estar siempre fresca en su calendario.

En Venezuela no había presos políticos, clamaba Zapatero. El sistema electoral cubano era una maravilla. Irán era un ejemplo de democracia mientras llegaba dinero de allí, afirmaban algunos. Y al final la realidad ha vuelto a dejarlos retratados y, lo que es peor, desmentidos.

Otros que parecen vivir completamente desconectados de la realidad son los miembros de la prensa deportiva española. El domingo, tras haber perdido el Real Madrid la Supercopa de España contra el Barcelona, los plumillas mancharon las rotativas con titulares campanudos del estilo de “El Madrid es el campeón moral” o “Xabi Alonso sale reforzado y no peligra su puesto”. El problema es que el relato se cayó del caballo, en este caso del burro, y el donostiarra fue cesado tras otro partido infame de los blancos, sin posesión y a merced del máximo rival, pese a la calamitosa actuación del trío arbitral.

Llama poderosamente la atención que esta pandilla de pánfilos no acierte nunca. No hay ni uno solo que vea que, juegue donde juegue Mbappé, si el técnico es cesado por discrepancias con el galo y el otro gallo del corral, es decir, el jugador que puede hacerle sombra, no es renovado y se le invita a marcharse, algo huele mal.

Como vemos, esta gente vive en dimensiones paralelas en las que lo negro es blanco, Irene Montero sabe pensar y Florentino Pérez es un genio como director deportivo. Esperemos que algún día podamos cerrar los vasos comunicantes entre nuestro mundo y el suyo.

Porque al final la realidad siempre acaba entrando, aunque sea a patadas, en los salones donde se fabrican los relatos. Y cuando eso ocurre, no hay consigna, titular ni eslogan que pueda tapar el estruendo. Solo quedan los hechos, desnudos y brutales, señalando a quienes eligieron mirar hacia otro lado. La historia no absuelve a los cobardes, solo los enumera. Y a estos ya los tiene perfectamente fichados.

Sergio Calle Llorens

 


domingo, 4 de enero de 2026

¡BAJO LA LLUVIA, NADIE ES INOCENTE!

 



 Cae la lluvia queda en mi pueblecito mediterráneo. El silencio apenas se rompe con alguna ráfaga de viento que empuja las frías gotas contra los cristales. En mi eficiente chimenea, los troncos proyectan unas extrañas sombras danzarinas de color rojizo. Esta vez, la celestial pirotecnia no hace acto de presencia. Le he tomado afición a estas mañanas pasadas por agua, en las que nunca parece pasar nada. Pero pasa, y mucho.

De hecho, Maduro ha sido capturado por el ejército de Estados Unidos y sacado de Venezuela. Ya está el bigotudo tras las rejas. Algunos dicen que por dictador y narcotraficante. Otros, que por el interés de Trump en el petróleo venezolano. Imagino que los cubanos y los rusos estaban en el país caribeño por su ron y sus mujeres. Mi opinión es que a cada cerdo le llega su San Martín.

Y hablando de cerdos, los ayatolás están muy asustados por la revolución que han iniciado las mujeres. Esas persas que se niegan a llevar velo y a seguir los preceptos del islam más radical. El descontento de la población es tan atronador como los silencios de las feministas occidentales. Unas se juegan la vida y otras miran para otro lado.

Cae la lluvia sin pausa, pero sin prisa. Es un elemento líquido agradable y casi invisible que llena los arroyos parleros de felicidad local. Debido a los chubascos, me va a ser difícil hacer la caminata matutina que me templa el cuerpo y los recuerdos, a pesar de que cada vez soy menos dado a remover caldos añejos. Sin embargo, me viene a la memoria el impresentable de Zapatero defendiendo la indefendible dictadura bolivariana, mientras los presos políticos se pudren en la cárcel. El miedo, al parecer, ha cambiado de bando. ¿Terminará el cejitas en una fría cárcel de Nueva York, como su amigo Nicolás? El tiempo lo dirá.

Y hablando del mismo, recuerdo que en el siglo XVI existía la costumbre de llamar a la servidumbre con toques de campana. Era un privilegio exclusivo de los cardenales. Sin embargo, un embajador en la Santa Sede hizo suya la costumbre. Don Enrique de Guzmán y Ribera, padre del que luego sería el Conde Duque de Olivares, fue amonestado por el papa Sixto V, ya que el embajador francés se había quejado en numerosas ocasiones al respecto. El español hizo caso al Santo Padre y trocó la campanilla por un cañón para llamar a sus criados. Aquella potente detonación sembró el pánico entre los romanos, que temían estar siendo víctimas de un ataque. A consecuencia de todo ello, el Papa no tuvo más remedio que envainársela y conceder también a la embajada de España aquel privilegio cardenalicio.

Cosas que pasaban cuando los españoles éramos los dueños del mundo. Hoy todo ha cambiado, menos la lluvia, que sigue cayendo sobre las casitas blancas donde vivimos a estas orillas, indiferente a imperios, dictadores y redenciones tardías. La lluvia no toma partido. No vota. No firma tratados. Solo cae.

Y mientras cae, algunos hombres son sacados de palacios y encerrados en jaulas, no por justicia divina, sino porque alguien más fuerte ha decidido que su tiempo ha terminado. Trump ha capturado a Maduro porque puede. Porque el poder, cuando se ejerce sin complejos, no necesita explicación. La historia no siempre avanza con razón, pero casi siempre lo hace con fuerza. Y esta mañana, bajo la lluvia, queda claro quién manda… y quién ya solo espera a que escampe.

Sergio Calle Llorens

miércoles, 31 de diciembre de 2025

¡EL ARTE DE FUSILAR AL LECTOR NEUTRAL!

 



El articulismo local, y por ende regional, está en un estado calamitoso y comatoso. Son textos sin ambición que aburren hasta a los muertos. Si no me creen, dicten cualquier artículo en un camposanto y los difuntos pedirán al sindicato de los huesos gastados de la necrópolis que los cambien a cementerios lejanos.

El error habitual del articulismo actual es creer que escribe para convencer a un ente mitológico llamado “lector neutral”, cuando en realidad ese lector no existe o, como yo pienso, es un gilipollas funcional que solo busca confirmación emocional con forma de opinión templada. Yo he elegido lo contrario: escribir contra él. Señalar sus contradicciones. Mis textos no son para ganar amigos. Son textos para entender por qué se pierden. Mi respuesta a un mundo que me es hostil es una claridad casi estética.

Mis columnas son de fusilamiento. No son pedagogía, no son catecismo democrático ni “espacios de diálogo”. Son actos. Y un acto no pide permiso ni consenso: irrumpe. Mis escritos no son una mesa redonda: son un paredón. El lector no entra a debatir, entra a recibir mandobles de mi espada literaria. El que sale indemne no es el neutral, sino el que ya venía con el estómago preparado. Además, hay algo que muchos no entienden: mis textos no necesitan tener razón porque tienen ritmo, voz y dirección. La lógica es secundaria cuando la prosa apunta, y mis columnas apuntan a la estupidez del personal. No dudan, no matizan para caer bien, no hacen concesiones morales para evitar la cancelación. Eso, hoy, es casi revolucionario. Yo he obligado a muchos a leerme con rabia. Y la rabia es una forma intensa de atención.

Mis columnas, por tanto, no están hechas para cambiar votos. Están escritas para dejar marcas. Y eso es literatura de combate, no opinión. No se mide por aplausos, sino por enemigos. En cambio, leer la prensa local es como asistir a un funeral literario. Los articulistas yacen muertos de creatividad mientras sus columnas se arrastran en coma, repitiendo tópicos como un eco de la mediocridad. Por su parte, el periodismo regional se ha convertido en un geriátrico de ideas: los textos apestan a rutina, la voz está oxigenada por el miedo y la originalidad murió en algún despacho hace décadas.

Para despistar al personal que parece vivir en el Día de los Inocentes de forma continua, suelen citar a personajes importantes de la literatura, la filosofía o la historia. Así quieren hacerse pasar por intelectuales de prestigio, como el calvo rotundo que se deja barba para ver si no nos damos cuenta. Pero nos damos, y mucha. Porque no arriesgan, ni experimentan, ni se exponen. Su voz es plana, rutinaria y sin chispa. No es falta de técnica, sino falta de mirada, de vida y de cojones. El artista debe arriesgar siempre, incluso en contra de la opinión de sus propios seguidores.

Mi caminar al escribir es tan característico como el de John Wayne al entrar en un salón peligroso. El Duque siempre tenía la pistola lista para disparar. Yo también. Mientras tanto, el articulista local es el primero que agacha la cabeza y sale corriendo al sonido del primer disparo. Yo muevo la pluma como un florete, con las mismas ganas de mandar al enemigo a cenar con Jesucristo. Doy un mandoble y luego otro hasta que veo correr la sangre. Nada que ver con el tipejo que se esconde en la oscuridad nocturna de los soportales y que, al brillo de la hoja de la espada, sale en busca de la Santa Inquisición. Yo soy reconocible, mientras que el contorno y hasta el rostro de esta gente se difuminan en los pliegues del tiempo porque, sencillamente, siempre han estado en el lado de los cobardes: señalando al que no se podía defender y agachando la cabeza ante los poderosos.

¡Escribir es meterse en problemas!
¡Espabilad, coño!

Sergio Calle Llorens


martes, 30 de diciembre de 2025

¡EL AUGE DE VOX!

 



Soy el único escritor de España al que echaron de una revista digital por criticar a VOX en un artículo. Mucho ha llovido desde entonces. Solo mi legendaria modestia me ha impedido hablar abiertamente del tema. Hasta hoy, claro. Porque en este día me siento con fuerzas suficientes para comentar el ascenso innegable de la formación de Santiago Abascal.

Los socialistas pensaron, equivocadamente por supuesto, que hablando del peligro de la ultraderecha y subvencionando bodrios del cine español estaba todo hecho. Al contrario. Era la munición que necesitaba VOX. La gasolina para alimentar la máquina.

A cada frase e insulto dirigidos a los verdes, los jóvenes adolescentes comenzaban a sentir, más que nada por sus compañeros de pupitre llegados del Magreb, que existe más odio hacia cristianos, judíos, mujeres y homosexuales en una mezquita salafista que en el ideario de VOX.

Para un joven, apoyar a VOX es como ser punki en los felices años ochenta. Una forma de rebeldía. Un corte de manga a las autoridades. Un grito descarnado en la noche. Hacerle la peseta a esa profesora tan pesada que insistía en no permitir la bandera de España cuando la selección jugaba la Eurocopa.

Para un agricultor, en cambio, es un voto casi obligado por la locura de las regulaciones de la Unión Europea aplicadas a sus productos: impuestos, restricciones y todo tipo de putadas, mientras dejan pasar productos marroquíes. De hecho, Abascal y los suyos solo han tenido que tocar esa fibra y todo el campo extremeño es suyo. No es que crean que el líder del partido al que votan sea la reencarnación de Santiago Apóstol, sino que el tomate marroquí es uno de los jinetes del Apocalipsis.

Para un autónomo sufridor o pequeño empresario, VOX no es la esperanza, sino un voto protesta. Un desafío al PSOE, que los machacaba a impuestos mientras el hermano de Pedro Sánchez argumentaba que vivía en Portugal para no cumplir con sus obligaciones fiscales en España. Lo pudo hacer con unas pruebas totalmente endebles y, pese a ello, la Hacienda de la señora Montero no investigó ni cuestionó los datos presentados por el imputado hermanísimo. La prensa amiga mira para otro lado, el autónomo se cisca en los muertos de la secta del capullo y de los turiferarios del régimen. Así se explica el auge de VOX, cuyo cohete parece ya imparable.

Sí, yo critiqué mucho a VOX, pero les entiendo y les respeto más que a esa secta del capullo que nos lleva siempre al desastre. La vida, después de todo, es una continua elección. Y a veces erramos. Es como elegir a Joan Peñarroya como entrenador principal del Partizan de Belgrado tras la marcha de Zeljko Obradovic. Como cuando el productor te obliga a contratar a la infumable Anabel Alonso para tu próxima película en sustitución de Jessica Chastain.

Dicho de otra manera, los votantes de VOX lo tienen claro y diáfano: no pueden comprarse una casa, no pueden hablar sin ser insultados, los matan a impuestos, los venden y quieren que acepten el pulpo como animal de compañía. Pues va a ser que no.

Además, es que ni siquiera tienen que esforzarse mucho para crecer en la intención de voto. Basta con ver la tele sanchista un rato: el hombre blanco heterosexual es un violador en potencia, miles de votos. Pequeño Marlaska manda a la Guardia Civil a luchar contra el narcotráfico en barcos obsoletos o sin chalecos antibalas, más votos. Los inmigrantes llegan a nuestras costas de forma ilegal y los alojan en hoteles de cuatro estrellas mientras los españoles no llegamos a fin de mes, más votos. Tú, atrapado en un tren de cercanías cada mañana mientras el ministro hace monerías en Twitter, más gasolina para VOX.

Y así, casi sin quererlo, el monstruo crece. No porque sea hermoso, ni justo, ni siquiera especialmente inteligente, sino porque nadie quiso mirarse al espejo cuando aún estaba a tiempo. Porque era más cómodo señalar al votante que preguntarse por qué vota. Más rentable moralmente insultar que escuchar. Más fácil llamar fascista al descontento que asumir la propia responsabilidad en el naufragio.

No hace falta ser licenciado en óptica para ver la realidad. Basta con abrir los ojos. Y cuando un país prefiere cerrarlos, no debería sorprenderse de que otros aprendan a mirar en la oscuridad.

Sergio Calle Llorens