Contemplar
el rostro de Leire Díaz, la famosa fontanera del PSOE y periodista en un
universo paralelo, me produce una profunda inquietud. Esos gestos. Esa mirada perturbada.
Esa manera de andar. Esa agenda que deja meridianamente claro que montó una red
de acoso y derribo para proteger al ONE de los casos de corrupción que afectan
personalmente a Pedro Sánchez.
A veces me
pregunto en qué sección del averno estructural hace la secta del capullo el
casting para reclutar a estos demonios.
A veces
tengo miedo de conocer más detalles. Otras, en cambio, salto de alegría al ver
cómo la UCO, responsable de la investigación, está llevando a medio
Gobierno hacia la cárcel y al otro medio a las puertas de la imputación. De ahí
las cloacas. De ahí la operación para acabar con jueces, periodistas y guardias
civiles. De ahí los insultos de la sincronizada.
Leire se
reunía con P.S., con la directora de la Benemérita, con ZP, pero el hijo
de Gepetto no sabía nada de sus andanzas. Para Anticorrupción no hay
duda: la operación estaba destinada a proteger a la familia del presidente. El
caso Sánchez deja al Watergate en peccata minuta.
Una historia
así no sería aceptada ni por Sherlock Holmes, que, al comprobar la
identidad secreta tras la que se esconde P.S., concluiría que el personaje ni
siquiera merece levantar la pipa.
Sin embargo,
para la sincronizada que siempre defiende al Gobierno, todo tiene una
explicación alternativa. O es un montaje. O, peor aún, el resultado del odio de
la fachosfera. Para esta gente, P.S. puede ser cualquiera.
Paca
Saltarina para Javier Ruiz.
Patricio
Sentado para Sarah Santaolalla.
Porfirio
Salchicha para Gonzalo Miró.
En verdad,
estamos a un paso de que alguien diga en Televisión Española que las
reuniones de la descacharrante Leire con P.S. corresponden a las siglas
de «Picha Submarina». Total, esta gente es así.
Sergio Calle Llorens
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