La semana
anterior, que murió a las orillas de unas aguas entre azules y turquesas,
ocurrieron cosas inauditas. No tengo otra forma de expresarlo.
Ahí tienen a
un exconcejal del PSOE llorando y pidiendo disculpas tras confesar un
fraude de 34 millones de euros en el asunto de los ERE. Un reconocimiento de
culpabilidad que no se había producido antes. Recordemos que ni con la guerra
sucia de los GAL, ni con la terrible operación Mengele, ni con el
asesinato de Calvo Sotelo, ni con Invercaria, ni con Filesa, ni con el
caso Ábalos, la Rosa Nostra esta gente pidió disculpas.
Insisto:
jamás se había visto a un militante de la mafia socialista, cual plañidera
cualquiera, admitiendo un delito tan grave. Es de agradecer el gesto de José
María Sayago. Sin embargo, somos legión los que preferiríamos que los de la
secta del capullo emulasen a los japoneses aplicándose un buen harakiri tras
reconocer el latrocinio institucionalizado. En cualquier caso, por algo se
empieza antes de que terminen en la cárcel.
También en
estos días el personal anda muy soliviantado en la región malagueña. Por un
lado, ha saltado, como una liebre desbocada, la noticia de que, por primera vez
desde el nacimiento de la infumable taifa del sur, Málaga será la primera en
inversiones por parte de la Junta, adelantando a Sevilla. Un acontecimiento
insólito.
Tanto como
las declaraciones del nuevo obispo de la provincia. El religioso ha criticado
que el ayuntamiento de la ciudad del paraíso rechace la regularización masiva
de inmigrantes ilegales a los que el orondo ministro de Roma, que no parece el
más listo de la clase, no quiere que vinculen con la delincuencia.
Para evitar
ese riesgo, el mitrado debería haber pedido a Dios, que está en el cielo tan
pimpante, y a Sánchez, otro ser omnipotente, que para la citada
regularización masiva los migrantes —qué palabra más tonta— presenten un
certificado de penales verificable.
A mí, qué
quieren que les diga, José Antonio Satué me recuerda a ese chiste:
—Oye, una
cosa: ¿los monjes son buenos?
—Depende: abadías que sí y abadías que no.
Visto lo
visto con el religioso, habrá días en los que el prelado parezca un poco tonto
del culo y habrá días en los que parezca más tonto todavía. Es más, me temo que
su nombre va a sonar fuerte este año en los Premios Oriundo Panoli.
Por otra
parte, y para finalizar, propongo que, como alternativa a la herramienta «Hodio»
—huella del odio y la polarización del gobierno—, se cree «Himbecil», un
instrumento digital creado desde el respeto y la educación para detectar a los
hijos de los cretinos que no descansan nunca.
Ya lo han
leído. La semana ha estado llena de hechos tan insólitos como encontrar a un
socialista que no robe. Algo tan novedoso como que hoy lunes su jefe le reciba
en la oficina bajándose los pantalones para meterse una zanahoria por el culo
mientras suena la sintonía de La naranja mecánica.
En fin,
jamás imaginé que viviría para contemplar estos milagros de temporada:
socialistas arrepentidos y sermones para idiotas.
Sergio Calle
Llorens
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