martes, 16 de junio de 2026

¡PEQUEÑOS PLACERES!

 


La vida tiene pequeños placeres que iluminan el alma: esa luz deliciosa que se filtra entre las nubes en un atardecer junto al mar. Esas cervezas en compañía de los viejos amigos. Las risas de un niño jugando en la orilla. Las piernas doradas de una mujer. Una mirada a medianoche. El espíritu de quienes siempre hemos sido libres y, por supuesto, ver cómo algunos prefieren escribir sobre los peligros que acechan a la lagartija pitusa en Ibiza antes que sobre la corrupción del gobierno de P. S.

Evidentemente, cada uno puede tener su opinión. De hecho, hay mucha gente que tiene opiniones, pero bastantes menos tienen estilo para contarlas. Y el estilo, para un escritor, vale más que cien opiniones.

Yo escribo para exagerar, caricaturizar, pinchar y dejar una herida verbal que el lector recuerde. Mi trabajo no es presentar pruebas ante un tribunal, sino encender el foco sobre lo que considero una farsa y dejar que el lector contemple el espectáculo. El problema es que ya ni siquiera tengo que esforzarme en exagerar. El gobierno y sus voceros lo hacen por mí.

Las joyas de Zapatero, el blanqueo de capitales, las cloacas del PSOE, los de la secta del capullo en la cárcel y el nadaplete del Madrid, que no ha ganado ni un título en dos temporadas. Y miren que se han gastado más dinero que nadie. La Cosa Nostra lo quería todo y, con la pandemia, dejó a Al Capone y sus muchachos como simples aficionados. Los madridistas aspiraban a campeonar y hasta el Albacete les dio una patada en el trasero. Ni en baloncesto, oigan.

La cantidad de lecciones que nos han dado sobre moralidad. Los millones de jornadas afirmando que eran los mejores del mundo. Pero todo era una farsa, un sainete con decorados de cartón piedra.

Recuerdo que siempre que terminaba mi columna de fusilamiento pensaba en esto: si alguien recuerda, tras su lectura, una escena, una metáfora o una comparación sangrante, la sátira ha cumplido su función literaria. Sin embargo, ahora ellos me hacen todo el trabajo sucio. Ni siquiera tengo que esforzarme en deformar la realidad, porque la realidad ya aparece deformada por sí sola, como un reflejo imposible en una galería de espejos infinitos.

En fin, como escritor no se trata de quitar pólvora al disparo. Se trata de mejorar la puntería. Y bien mirado, en la España sanchista hasta los mafiosos parecen pegarse un tiro cada mañana.

¡Pequeños placeres!

Sergio Calle Llorens

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