Pintarse el
pelo de morado no es feminismo. Organizar chocho charlas no es luchar contra el
heteropatriarcado. En cambio, salir a la calle para combatir el criminal
régimen de los ayatolás es, además de un acto heroico, una declaración
de intenciones por parte de las mujeres persas contra la opresión islamista.
Las del 11M no se juegan nada. Las iraníes se lo juegan todo.
Curiosamente,
Irene Montero y sus iguales guardan un clamoroso silencio ante la guadaña
islámica que se cierne sobre las cabezas de estas valientes. A mí me
resulta profundamente emocionante verlas danzar con los cabellos al viento
mientras Teherán es pasto de las llamas de la libertad. De hecho, ya queda
menos para mandar a sus opresores al lugar del que nunca debieron salir, el
infierno. Y cuando ocurra, que ya les digo yo que ocurrirá más pronto que
tarde, las falsas feministas volverán a marchar por el lado equivocado de la
historia. Como ahora, cuando claman contra unos supuestos abusos cometidos por
Julio Iglesias, pero cierran el pico ante la barbarie de la república islamista
de Irán.
Debe de ser
duro interpretar todo el tiempo el papel de las malas en esta película. El caso
es que lo clavan y ya apenas les queda, y a veces ni eso, el comodín de Francisco
Franco, cuya muerte parece estar siempre fresca en su calendario.
En Venezuela
no había presos políticos, clamaba Zapatero. El sistema electoral cubano
era una maravilla. Irán era un ejemplo de democracia mientras llegaba dinero de
allí, afirmaban algunos. Y al final la realidad ha vuelto a dejarlos retratados
y, lo que es peor, desmentidos.
Otros que
parecen vivir completamente desconectados de la realidad son los miembros de la
prensa deportiva española. El domingo, tras haber perdido el Real Madrid la
Supercopa de España contra el Barcelona, los plumillas mancharon las
rotativas con titulares campanudos del estilo de “El Madrid es el campeón
moral” o “Xabi Alonso sale reforzado y no peligra su puesto”. El problema
es que el relato se cayó del caballo, en este caso del burro, y el donostiarra
fue cesado tras otro partido infame de los blancos, sin posesión y a merced del
máximo rival, pese a la calamitosa actuación del trío arbitral.
Llama
poderosamente la atención que esta pandilla de pánfilos no acierte nunca. No
hay ni uno solo que vea que, juegue donde juegue Mbappé, si el técnico es
cesado por discrepancias con el galo y el otro gallo del corral, es decir, el
jugador que puede hacerle sombra, no es renovado y se le invita a marcharse,
algo huele mal.
Como vemos,
esta gente vive en dimensiones paralelas en las que lo negro es blanco, Irene
Montero sabe pensar y Florentino Pérez es un genio como director
deportivo. Esperemos que algún día podamos cerrar los vasos comunicantes entre
nuestro mundo y el suyo.
Porque al
final la realidad siempre acaba entrando, aunque sea a patadas, en los salones
donde se fabrican los relatos. Y cuando eso ocurre, no hay consigna, titular ni
eslogan que pueda tapar el estruendo. Solo quedan los hechos, desnudos y
brutales, señalando a quienes eligieron mirar hacia otro lado. La historia
no absuelve a los cobardes, solo los enumera. Y a estos ya los tiene
perfectamente fichados.
Sergio Calle
Llorens
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