Los irredentos votantes socialistas son inasequibles al
desaliento, a la pruebas y, lo que es más grave, ¡al argumento! Cualquier crítica
hacia su partido relacionada con los casos de corrupción es respondida con la
acusación de facha. Por ello, he tenido a bien reconocer que yo, Sergio Calle Llorens soy un
perfecto facha. Para ilustrar mi argumento, voy a hacer mías las palabras de
Albert Boadella que define el término a la perfección:
“Aquí se utiliza el término facha a todo aquel que no está
contra la hermandad del pensamiento correcto y único, difundido por las huestes
del nuevo puritanismo izquierdista. Unas élites que siguen enalteciendo (para
los demás) la igualdad y la semejanza entre humanos a nivel del más burro. En
definitiva, fachas son los opositores al invento político que ha reciclado la hecatombe del socialismo
fundamentalista. Una forma de progresismo virtual que ha evolucionado en
distintos procesos que van desde el mayo de Paris hasta la actualidad.
En resumen, en nuestro país un facha es, concretamente,
quien expresa alguna crítica sobre el sistema territorial que vulnera la
igualdad entre ciudadanos. También, quien reclama la necesidad de primar la
excelencia en la educación o cuestiona la abusiva intromisión del Estado en
todos los repliegues de la vida civil. Lo demás ya son detalles, como no estar
de palmero de los palestinos, poner reticencias a la ley del aborto, seguirle
llamando maricón a un gay, chotearse de la cuota femenina o aplaudir la
abnegada labor de la Guardia Civil
frente al terrorismo, sólo por citar algunas de las herejías. Bajo tales
conceptos etimológicos del término, comprenderán que facha no representa para mí
ningún insulto, sino todo lo contrario”.
Viene a cuento esta
definición pues como saben, recibo cien insultos a diario de una caterva de
tarambanas. Suelo publicar aquellos que vienen sin faltas de ortografía pero,
perdonen ustedes, alguno se me cuela. Ayer mismo, recibí misiva de un enfermo mental que me acusaba a mí de
facha y, por extensión, a todos mis lectores. En cuatro líneas, le conté veinte
faltas de ortografía. Hoy, ha vuelto a la carga y dice que mi block-sic- no
admite la libertad de expresión porque no le publico sus comentarios. Sin
embargo, en mi defensa he de añadir que estoy en contra de que un imbécil tenga
las mismas oportunidades de replica. Es más, las expresiones escritas llenas de
errores gramaticales deberían estar tipificadas en el código penal. Me pregunto
si estos seres cornúpetos conocen que tienen correctores de ortografía en sus
ordenadores.
Consciente de mi superioridad intelectual sobre esos
animalitos cuadrúpedos, quiero ofrecer algo de generosidad en “estas fiestas
tan señaladas”; por ello y para que el asno bermejo no se sienta en la obligación
de tener que mandarme el insulto habitual por cada entrada de mi blog, le digo;
soy un facha irredento que no os va dar tregua. A ver si así, deja de darme la
barrila.
Sergio Calle Llorens
























