sábado, 15 de diciembre de 2012

EL ENIGMA HESS



El 10 de mayo de 1941, Hess y Alfred Rosenberg almorzaron juntos en Ausburgo y desde allí Rossenberg mantuvo un encuentro privado con Adolf Hitler. Hess, que era un consumado piloto de aviones, ordenó entonces que le llevaran al aeródromo de la Luftwaffe en Ausburgo. Su Messerrchmitt despegó a las 17:45 en dirección noroeste para superar la costa holandesa a las 19:28 a la altura de Texel, allí giró 90º al norte en el mismo sentido que traía inicialmente. Volaba a pocos metros del nivel de mar y en plena noche para no ser detectado. Llegó a Dinamarca para enfilar, después, su rumbo a Escocia. A las 22: 12 le quedaba combustible para media hora de vuelo. Los observadores reales dieron con el avión y la RAF mandó un par de cazas para interceptarlo. El lugarteniente de Hitler no se dejó alcanzar.

Posteriormente declararía que pensaba aterrizar en la hacienda Casa Dungavel, propiedad del Duque de Hamilton. Curiosamente, el inglés poseía una pista privada que estuvo iluminada a esas horas. Sin embargo, el nazi no llegó a detectarla y tuvo que saltar en paracaídas cerca de Glasgow. Al tocar tierra se torció un tobillo y un lugareño tuvo que prestarle ayuda. Desde el primer momento, Hess trató de convencer a sus captores que tenía que ver a su amigo el Duque de Hamilton para iniciar conversaciones de paz. Cuando Hitler se enteró de todo el asunto, afirmó que Hess había perdido el juicio. Desde entonces, historiadores de toda índole han tratado de responder al enigma Hess. El nazi que más tiempo estuvo en prisión. Hoy, con los informes desclasificados, podemos concluir que Hess fue víctima de una hábil operación encubierta de los británicos.

En 1941, Gran Bretaña no tenía ninguna posibilidad de vencer a la Alemania nazi. Con Francia rendida, y media Europa bajo la bota alemana. Su única salida era ganar tiempo y esperar a que la intervención americana se produjera, lo que terminó ocurriendo con el ataque japonés a Pearl Harbour, en diciembre de 1941. Hasta entonces, los británicos sólo aspiraban a abrir varios frentes que distrajeran a los alemanes de la temida invasión. En los servicios secretos británicos, existía un informe clasificado en la que se daba por hecho de que Hitler atacaría a Rusia para hacer realidad sus postulados sobre el concepto de espacio vital, en el que los territorios del este servirían para crear el gran Reich alemán. Los eslavos, por supuesto, eran prescindibles para los nazis.

El profesor Karl Haushofer había coincidido con Rudol Hess durante la guerra y, a su vez, mantenía estrechos contactos con la alta sociedad británica. Éste personaje sería clave para convencer a Hess de que los británicos querían deponer a Churchill y buscar la paz con Alemania. De esta forma, los alemanes podrían haber concentrado sus fuerzas en la pérfida Rusia, tras firmar un armisticio entre las dos naciones. Con el ataque a Rusia, Gran Bretaña veía aliviada la presión sobre sus dominios.

La operación se llamó Herren HHH y fue llevada a cabo por el special operations 1, un departamento que se dedicaba al arte de la guerra psicológica. La operación señores, HHHH, por Hitler, Hess, Haushofer y Karl tenía como objetivo forzar a Hitler a atacar a Stalin, haciéndole creer que en Gran Bretaña había sectores que deseaban una alianza con los nazis para acabar con el enemigo común; el comunismo.

El SO1 utilizó a Haushofer para llegar a Hess, y de ahí que propusiera al Duque de Hamilton como intermediario. Hamilton sería el representante inglés en las negociaciones. Otro dato sorprendente para el lector es el hecho de que los nazis consultaron con la astróloga Frau Nagenast- a sueldo de los británicos- sobre el mejor día para llevar a cabo la misión. Ésta les señaló el 10 de mayo como la fecha perfecta. La suerte de Hess estaba echada. Los nazis, torpes como pocos, cayeron en la trampa y el número 2 del régimen nacionalsocialista fue capturado.

Adolf Hitler estaba convencido que tras la operación Barbarroja y la invasión de la Unión Soviética por sus huestes, los británicos firmarían una paz con Alemania. Y es que hasta algunas semanas después de producirse el ataque a Rusia, Hitler estaba seguro de que el bando pacifista supuestamente encabezado por Lord Halifax, depondría a Churchill para aceptar una paz honrosa  para la Gran Bretaña. Goebbels catalogó la aventura de Hess como obra de un loco, dos días después de que la BBC anunciara su captura.

Podemos afirmar que el ataque a la extinta Unión Soviética fue inducido por Gran Bretaña y, por supuesto, en cierto sentido los británicos fueron parcialmente responsables de los miles de muertos que sufrió Rusia. Por ello, no es extraño que haya muchos que afirmen que Hess fue asesinado en su celda por los mismos servicios secretos que le engañaron en 1941. A esta tesis, se abona por la segunda autopsia que se le hizo a su cadáver, pedida por su familia, en la que establecía que la muerte le vino por asfixia y no por suspensión- Hess había aparecido colgado en su celda- El resultado es que nadie creyó realmente que el nazi se hubiera quitado la vida porque los norteamericanos le asignaron un ordenanza de raza negra. La tesis de Ian Brewster, responsable de la investigación sobre la muerte de Hess en Spandau, ha sido desechada casi desde el principio. Como tampoco nadie se tragó nunca que un piloto experimentado use como método para descender de un avión el lanzarse en paracaídas y, además, en vuelo nocturno Tal vez, cuando el prisionero de Spandau estaba a punto de morir, recordara aquella jornada del 10 de mayor de 1941 con la convicción de haber hecho literalmente el ridículo. Tras su muerte, la prisión fue demolida y en su lugar fueron construidos un aparcamiento y un centro comercial que, dicho sea de paso, siguen siendo más útiles que las patéticas ideas de Hess y de sus asesinos nazis.

Sergio Calle Llorens

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