domingo, 2 de agosto de 2026

¡ALGUNAS MUJERES!


 

Hay gente que, para desprestigiarme, afirma que yo no soy un genio. Sin embargo, puedo confirmar que vivo dentro de una botella. A veces, cuando salgo del frasco, me enfrento a los recuerdos.

Entre ellos, compartí momentos con una bella mujer de cabellos cobrizos cuyo reloj vital se paró en los primeros minutos. Ella fue la muchacha que me escribió que cada historia tiene dos lados… y veinte amantes, terminé añadiendo yo.

Pero los recuerdos nunca llegan solos. En aquella vetusta facultad hallé también al segundo gran amor de mi vida. Muchas lunas después, me confesó que todos sus amigos eran funcionarios de carrera y que, en mi agenda de amiguetes, no había ni un centinela del tiempo de los despachos. Eso equivalía, al parecer, a la separación despectiva que incluye hasta a las sombras de la luz vivida.

Y, como si el pasado aún no hubiera agotado su inventario de ironías, hubo otra señora que tenía dos radares: uno para hackear mis redes sociales y conocer, en tiempo real, a qué mujeres les daba «me gusta»; y otro para detectar con qué bellas y sugerentes señoritas hablaba mientras dormía. En cierta ocasión dibujó una cara de sospecha cuando miré a una cucaracha en la pared. Hasta mi sombra se cansó de no ser la única que me seguía a todas partes. Evidentemente, no puedo culpar a mi gemelo gótico por su hastío tras la persecución sufrida. Bien pensado, dos son compañía y tres multitud, aunque pueda acabar en un ménage à trois.

Por todo lo expuesto, vivo dentro de una botella. Pero ni siquiera acallando el mundanal ruido he podido olvidar el latido exacto de estas afrentas vitales. De ahí que algunas madrugadas salga a escuchar la serena melodía de los grillos mientras una dulce guitarra acompaña la tonada con tres mágicos acordes. Todo se cura. 

Sergio Calle Llorens