Emily
Dickinson decía que
una sola palabra posee un poder enorme y es capaz de brillar por sí misma. Yo
pienso que, además, un término puede indicar hasta qué punto una persona ha
perdido la cabeza e, incluso, hasta la vergüenza.
Ahí tienen
la palabra «emprendedor», que los muñequitos del andamio progresista usan para
restar poder diabólico al empresario. Una palabreja importada: entrepreneur.
Como pueden ver, España siempre copia todo lo malo.
También son
legión los que dicen hablar castellano. No les importa que la RAE recomiende el
uso del vocablo «español» ya que, entre otros hechos históricos, castellano
es el dialecto antiguo de la Edad Media que se hablaba en España. Yo me
defiendo con el Cantar de Mio Cid, pero hablar castellano, lo que
se dice dominarlo, me cuesta horrores. Por tanto, el español es el idioma
global y es lo que se usa en todo el mundo. Pues ni por esas: esta gente es más
pesada que un sudamericano en un vídeo de YouTube.
Finalmente,
y para colmo, tenemos a esos periodistas que son los señores de las preguntas,
pero nunca formulan la cuestión pertinente: ¿por qué usan el término «migrante»
en vez de «inmigrante»? Lo escribo porque los migrantes son las aves, porque
van y vuelven. Parece mentira que los medios subvencionados nos metan con
calzador esta palabreja tan ridícula.
Pues sí, la
autora de «Morí por la belleza» tenía toda la razón: una sola palabra
tiene un enorme poder y es capaz de brillar por sí misma. Además, sus usuarios
nos demuestran hasta qué punto son realmente gilipollas.
Sergio Calle
Llorens
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