martes, 11 de agosto de 2026

¡LA PLAYLIST DE UN PAÍS EN LLAMAS!

 


España atraviesa una de esas semanas en las que la realidad debería imponer silencio en los despachos. Ceuta soporta una presión migratoria extraordinaria, la frontera se convierte en el escenario de una crisis política y humanitaria y Europa vuelve a descubrir que las fronteras, esas líneas que algunos consideran una antigualla administrativa, siguen teniendo la desagradable costumbre de existir. En medio de semejante paisaje, uno esperaría escuchar al presidente hablar de seguridad, de recursos, de diplomacia, de inmigración, de los ciudadanos de Ceuta o de qué demonios piensa hacer el Gobierno. Pero la política contemporánea posee una maravillosa capacidad para convertir cualquier tragedia en una oportunidad de lifestyle. También podemos hablar de música. De libros. De viajes. De sensibilidad. De la playlist presidencial.

Pedro Sánchez lleva tiempo cultivando esa peculiar faceta del político convertido en influencer: presidente del Gobierno por la mañana, crítico musical por la tarde. Rosalía, Extremoduro, Florence + The Machine y demás forman parte de sus recomendaciones musicales. Nada que objetar: un presidente tiene todo el derecho del mundo a escuchar lo que le venga en gana. Incluso a escuchar canciones horribles, si ese fuera su gusto. El problema comienza cuando el ciudadano contempla semejante escaparate cultural desde el otro lado del cristal, mientras contempla también cómo una crisis real golpea una de las fronteras españolas. Entonces la playlist empieza a adquirir un significado involuntariamente cómico. Porque quizá no necesitamos saber qué escucha el presidente. Quizá necesitamos saber si el presidente está escuchando lo que ocurre.

La misma transformación alcanza a algunos miembros de su Gobierno, convertidos en prescriptores culturales de una ciudadanía que, francamente, quizá no estaba esperando semejante servicio público. Yolanda Díaz también ha construido alrededor de su figura ese territorio de libros, recomendaciones y sensibilidad cultural que tan bien funciona en las redes sociales. Y repito: leer, viajar, escuchar música y recomendar libros constituye una actividad perfectamente saludable. Incluso recomendable. Lo verdaderamente extraordinario aparece cuando la política empieza a confundirse con una revista de tendencias. El poder deja de hablar como Gobierno y comienza a comunicarse como una cuenta de Instagram con despacho oficial.

Mientras tanto, el ciudadano contempla el espectáculo con una mezcla de estupor y cabreo. Porque uno puede soportar que el presidente le recomiende una canción. Lo que resulta bastante más difícil de digerir es que parezca existir una enorme distancia entre la sofisticación cultural del mensaje y la crudeza de los problemas que esperan fuera. Ceuta no necesita una banda sonora. Necesita recursos, coordinación, seguridad, respuestas y una política migratoria capaz de explicar qué pretende hacer España cuando la presión sobre sus fronteras aumenta. Y los ciudadanos tampoco necesitan que un ministro les descubra su libro favorito. Ya tienen librerías.

La ironía definitiva consiste en que quienes ocupan el poder parecen empeñados en enseñarnos a disfrutar de la vida mientras la vida real se empeña en estropearles el decorado. Una canción para acompañar el verano. Un libro para la mesilla de noche. Un restaurante imprescindible. Un destino maravilloso. Una recomendación cinematográfica. Y, de fondo, una frontera sometida a una presión extraordinaria. Todo perfectamente ordenado para que el algoritmo no detecte que la realidad se ha colado en el encuadre.

Quizá el problema no sea que Pedro Sánchez tenga una playlist. Quizá el problema sea que, después de tantos años de política convertida en comunicación, uno empieza a sospechar que algunos dirigentes han confundido gobernar un país con gestionar su perfil de Spotify. Y cuando llegan los problemas de verdad, esos que no caben en una fotografía cuidadosamente encuadrada ni admiten un filtro de Instagram, queda una pregunta bastante más incómoda que cualquier recomendación cultural: ¿quién está al mando cuando termina la música?

Sergio Calle Llorens

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