Cuando el Real
Madrid compró la plaza del C. D. Tacón, Marca nos regaló una portada
para la historia: «¡El fútbol femenino entra en otra dimensión!». Desde
entonces, el F. C. Barcelona se ha enfrentado en 26 ocasiones al club de
Florentino Pérez, con los siguientes resultados: 25 victorias para las
azulgranas y una para las blancas —este único triunfo blanco, con escándalo
arbitral incluido—, y 99 goles a favor para las culés y 12 para las
capitalinas. A eso le llamo yo hacer un ridículo espantoso.
El último
clásico, disputado en el Camp Nou, se ha saldado con un bochornoso 7 a 0
que ha provocado un boicot informativo al clásico femenino en Real Madrid TV.
Por un día, los protestones blancos se han tenido que meter la lengua por el
culete.
Y si en el
fútbol las cifras terminan poniendo a cada uno en su sitio, en la política
ocurre exactamente lo mismo: basta con echar un vistazo a la hemeroteca para
comprobar que entre lo que Pedro Sánchez dice y lo que finalmente hace suele
haber más distancia que entre el Real Madrid y el Barcelona.
Y es que
Pedro ha tenido que convocar elecciones porque le tiraron abajo los decretos de
vivienda y vio una oportunidad de que los suyos se manifestaran contra… la
oposición. Unos decretos que ahora quiere colar por la puerta de atrás, a pesar
de la ilegalidad señalada hasta por los letrados del Congreso.
El resumen,
grosso modo, es este:
Pedro dijo
que no pactaría con Bildu y pactó.
Pedro afirmó
que no gobernaría con Podemos y gobernó con el chepas.
Pedro
prometió que presentaría presupuestos para cumplir con la Constitución y la
incumplió.
Pedro
aseguró que lo de Ceuta estaba arreglado y se marchó de vacaciones, pero
nada estaba solucionado.
Pedro dijo
que su hermano era inocente, pero ha sido condenado.
Pedro puso
la mano en el fuego por Ábalos y compañía, y están todos en la cárcel.
Pedro se
tomó varios días de reflexión tras la imputación de su mujer —qué manía con los
días de descanso— y la va a juzgar un jurado por delitos gravísimos.
Pedro confió
en Zapatero y ya nadie duda de que va a ser el primer presidente español
que entre en prisión. Al tiempo.
Pedro juró
que toda la corrupción de su partido tenía su origen en una campaña de
desinformación de la máquina del fango ultraderechista y, tras las elecciones
de noviembre, su partido va a ser imputado por financiación ilegal.
Pedro miente
más que habla y nos trata como si todos fuésemos Pablo Bujalance.
En
conclusión: Pedro Sánchez no le dice una verdad ni al médico, y la
historia le juzgará tan duramente como al idiota que crea las portadas del
diario Marca. Al menos, el fútbol tiene el consuelo de que los
resultados quedan escritos en el marcador.
Sergio Calle
Llorens
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