domingo, 8 de noviembre de 2026

¡MÁLAGA 1986!

 


Escribo porque necesito hacerlo. Porque hay historias que no pueden quedarse dentro, porque existen casos que nunca terminan de cerrarse y cicatrices del alma que, por mucho tiempo que pase, jamás llegan a desaparecer del todo. A veces esas historias encuentran su lugar en un artículo. Otras, como ha sucedido esta vez, necesitan convertirse en un libro.

Así nació Málaga 1986, un intento de novelar aquella movida malagueña que marcó a toda una generación. Una novela que escribí en veintidós días. Ni uno más. Ni uno menos.

Veintidós días en los que regresé a una época, a una ciudad y a una manera de entender la vida que, aunque hoy parezcan pertenecer a otro mundo, siguen muy presentes en algún rincón de mi memoria.

Es una historia sobre la amistad, la familia, el primer amor y el vértigo de crecer. Pero, sobre todo, es una historia sobre una Málaga vibrante, hedonista, libre e irrepetible. Una ciudad que durante los años ochenta tuvo su propia banda sonora, sus propios códigos y una forma muy particular de salir al encuentro de la vida.

El Largo, Rosado, Pinocho, Dani, Liam y el resto de la pandilla recorren aquellas calles al ritmo del rock and roll y de la música de los ochenta. Se suceden las fiestas, las aventuras, las noches interminables, los amores, las carcajadas y también las despedidas. Porque crecer consiste, entre otras cosas, en descubrir que no todo lo que queremos puede acompañarnos para siempre.

Y quizá por eso hay épocas que permanecen intactas en nuestra memoria.

Éramos jóvenes. Éramos libres. Y creíamos que aquello duraría para siempre.

En las páginas de Málaga 1986 están aquellos primeros amores que nacían en los rincones de La Malagueta. Están los Mods en la esquina del Zaragozano y los rockers en la calle Beatas. Están los videoclubes, el América Multicines, las conversaciones interminables, las motocicletas, los bares, los conciertos y aquellas noches en las que siempre parecía haber tiempo para una aventura más.

También están las moragas, los amigos de toda la vida, las canciones que se quedaron para siempre y esa sensación maravillosa de que el mundo entero estaba esperándonos a la vuelta de cualquier esquina.

Quien vivió aquellos años reconocerá muchos de sus escenarios. Quizá incluso encuentre entre sus páginas algún recuerdo que creía olvidado. Y quien no tuvo la suerte de conocer aquella Málaga descubrirá una ciudad que ya no existe, pero que merece la pena visitar, aunque sea a través de la literatura.

Porque Málaga 1986 es mucho más que una novela. Para mí, es una máquina del tiempo.

Necesitaba volver. Necesitaba resucitar aquella ciudad incomparable y recuperar, aunque solo fuera durante unas páginas, a aquellos muchachos que se sentían invencibles. Quería volver a experimentar la libertad de una Málaga despreocupada, nocturna y hedonista, que parecía haber descubierto que la vida estaba hecha, fundamentalmente, para vivirla.

Y debo confesar algo: mientras escribía, sucedió algo extraordinario.

Volví a sentir la brisa del Mediterráneo acariciándome el rostro mientras recorría la ciudad a lomos de mi motocicleta. Volví a experimentar aquella euforia adolescente de las tardes en las que uno se arreglaba para salir, sin saber muy bien qué iba a suceder, pero con la absoluta certeza de que algo sucedería.

Regresé al Side Car, al Nueva Pulsación y a las Serenatas de la Luna Joven. Volví a escuchar aquellas canciones. A reconocer aquellas calles. A encontrarme con personas y situaciones que, de una manera u otra, habían permanecido esperando dentro de mí.

Durante veintidós días no solo escribí una novela. Viví de nuevo una parte de mi vida.

Y quizá esa sea la razón por la que estoy tan satisfecho con el resultado. No porque crea haber escrito simplemente una historia entretenida, sino porque he conseguido algo que, para mí, tiene mucho más valor: devolverle la vida a un mundo que desapareció, pero que sigue respirando en quienes tuvimos la fortuna de conocerlo.

No sé si los libros tienen la capacidad de detener el tiempo. Lo que sí sé es que, mientras leía y escribía estas páginas, el tiempo dejó de importar.

Porque hay ciudades que uno abandona, pero que nunca terminan de abandonarlo a uno. Y hay amigos, canciones, lugares y primeros amores que permanecen para siempre en una habitación secreta de la memoria.

Málaga 1986 es mi manera de volver a abrir esa puerta.

Un homenaje a una generación, a una ciudad y a una época en la que fuimos felices sin saber que algún día la echaríamos tanto de menos.

Si alguna vez fuiste joven en aquella Málaga, estas páginas también sean también tuyas.

Y si no estuviste allí, te invito a descubrirla.

Porque hubo un tiempo en el que las noches parecían no tener final, la música sonaba más fuerte que nunca y nosotros, sencillamente, creíamos que éramos invencibles.

Sergio Calle Llorens