viernes, 23 de octubre de 2026

¡LA HISTORIA UNIVERSAL DE LAS MALAS IDEAS!

 


 

No tengo ninguna prueba, pero tampoco ninguna duda: el origen real del burka no es religioso, sino mucho más mundano. Un tipo de la península arábiga se casó con una mujer fea de cojones. Y claro, harto de que sus vecinos se cachondearan de la fealdad de la muchacha, decidió cubrirla por completo. Aquella decisión terminó extendiéndose por muchas desgraciadas tierras hasta llegar a nuestros días.

Otra práctica que sigue vigente en nuestro tiempo, a pesar de la salvajada que supone, es el matrimonio infantil. Todo comenzó cuando el arcángel Gabriel, que debía de estar algo ocioso aquel día, se le apareció en sueños a un tal Mahoma para mostrarle la imagen de una niña de seis añitos y comunicarle que sería su esposa. Y dicho y hecho, porque el pastor consiguió esposarse con ella —de ahí viene el término «esposas», un instrumento que se utiliza mucho para detener a los sospechosos—. El caso es que, tres años más tarde, la desvirgó.

Y digo yo que ya podría el citado arcángel hacerme una visita para revelarme mi futura unión carnal con la bellísima Jessica Chastain. Sin embargo, mucho me temo que mi ardiente deseo carnal no se hará realidad. Qué le vamos a hacer.

El veto al cerdo también tiene un origen curioso. Los judíos se dieron cuenta de que esos animales rosados eran tan difíciles de controlar como los afiliados del PSOE en un congreso de prostitutas. Además, en un tiempo en el que no existían frigoríficos, su consumo hacía enfermar al personal. Resumiendo: al final lo prohibieron con una justificación un tanto extraña: el cerdo es un animal impuro.

Sorprendente, porque este animal de cuatro patas, con forma de barril y con el hambre de un sindicalista de la UGT, está equipado con un radar nasal de alta precisión y comparte el noventa y ocho por ciento del ADN de los humanos. La prohibición hebraica fue imitada por los musulmanes porque estos tienen memoria de pez para aprender algo bueno, pero copian todo lo malo a la primera. Con lo buena que está Jessica Chastain… Digo, la carne de cerdo.

En España también había costumbres muy raras que, hasta hace muy poquito, se daban por buenas. Una de ellas consistía en tirar una cabra desde lo alto de un campanario antes de celebrar las fiestas patronales de pueblos como… Guarromán. A pesar de que yo soy una persona muy leída, me ha sido imposible encontrar quién fue el lumbreras que comenzó la tradición.

En fin, tirando del hilo de la historia, se puede decir que un hombre se tira a una niña y aquella abominación, con el tiempo, adquiere rango de precepto religioso. Un grupo de humanos se harta de las monerías de los gorrinos y toma una decisión: prohibición al canto. Y un lugareño tira a la cabra al vacío y el resto de sus conciudadanos llena el pueblo de aplausos.

Supongo que mucha gente no estará de acuerdo con la tesis que hoy presento en mi columna de fusilamiento. Empero, antes de que me tiren piedras para lapidarme —otra tradición salvaje—, voy a tirar de una cita literaria de mi admiradísimo Sherlock Holmes para intentar convencerles:

“When you have eliminated the impossible. Whatever remains, however improbable, must be the truth”.

Sergio Calle Llorens


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