viernes, 25 de septiembre de 2026

¡ME MUERO!

 


Anoche, mientras contemplaba la luna sobre el Mediterráneo, recordé aquella frase de Dante Alighieri: «La senda que lleva al paraíso comienza en el infierno».

La verdad es que ese mensaje que aparece en la Divina Comedia acuchilló la quietud de la noche durante una hora. Ya ven, yo soy así de sensible.

Supongo que, aunque habito en el paraíso terrenal, en mi interior se sacude una tormenta infernal que amenaza con destrozar mi nave.

Dicho de otra manera: voy cuesta abajo y sin frenos. He perdido el pulso a la vida y hasta los rostros leales quedan desdibujados por la traición de la memoria. Es más, no tengo ni un noray a mi disposición para amarrar mi barco a la espera de que pase la tormenta. Debería ponerle patitas a la idea de escapar, porque mi vida depende de ello. Sin embargo, ya es tarde para un servidor porque me estoy muriendo.

Mi mejor versión, que no es más que otra exageración mía porque las mejores trolas son aquellas que nos contamos a nosotros mismos, siempre ha sido insuficiente para los demás.

No tengo ganas de vivir. No tengo fuerzas para seguir intentándolo. Me siento agotado.

Cada día es el mismo. Cada jornada interpreto el papel de un saco de boxeo al que todos golpean. Ciertamente, soy un gran encajador, aunque no encaje en ningún sitio y no pueda devolver ni un golpe.

Estoy agotado porque me vi obligado a recordar el olvido, a extrañar la ausencia y a sobrevivir al recuerdo.

De tanto dialogar con las sombras, me convertí yo en una sin darme cuenta. Ahora ya es tarde y percibo esa costumbre de habitar el abandono, de acariciar la soledad y de conversar con el silencio.

Sí, me muero, pero entrego el alma al Altísimo sabiendo que jamás renuncié a ser yo: un escritor que no tuvo dueño ni perro que le lamiera. Un tipo que jamás traicionó su pluma, mientras vestía la vida con risas, desnudaba el bello cuerpo de la nostalgia y se abrazaba a la compañía etérea de las mujeres a las que quiso.

Mis novelas y mis artículos son mis cicatrices.

Me muero y no me echaréis de menos.

Sergio Calle Llorens


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