jueves, 24 de septiembre de 2026

¡CARTA A ZAPATERO!

 


¿Qué tal, cejitas? ¿Cómo llevas tu futuro encarcelamiento?

La verdad es que te entiendo. Yo conozco esa sensación de desamparo. Ese despertar en mitad de la madrugada, con el corazón desbocado en el pecho y cubierto de un sudor frío y pegajoso. Ese instante en el que uno abre los ojos y descubre que la realidad, esa realidad que durante tanto tiempo creyó poder controlar, ha decidido cobrarse la factura.

Lo mío fue por una poesía, pero tú, what the fuck, te lo has ganado a pulso. A este paso, hasta tus hijas van a terminar en Soto del Real.

¡Cuántos discursos descacharrantes y bobalicones te marcaste! ¡Cuántas lecciones de moral, de democracia, de convivencia y de civilización! Y ahora, querido Rodríguez Zapatero, todo el mundo descubre que eres un impostor.

De faro de Occidente has pasado a una linterna que alumbraba el posible golpe de la Rosa Nostra: comisiones ilegales, cobros del petróleo venezolano y hasta joyas que no declaraste. Esas que, según tu propia declaración ante el juez, son regalos del rey difunto de Arabia Saudí. Un país que aplica la pena de muerte a los homosexuales.

¡Qué bochorno!

Te hemos pillado, ZP, y te vamos a meter en la cárcel una buena temporada. Tendrás tiempo. Mucho tiempo. Tiempo para pensar. Tiempo para recordar. Tiempo, sobre todo, para contemplar desde el otro lado de los barrotes aquel tiempo en el que tratabas a Maduro y a Mohamed VI como demócratas.

Y quizá entonces vuelvan a tu memoria algunas escenas de aquella película que protagonizaste durante tantos años. La sala de proyecciones de algunos de tus mejores momentos:

—«El mundo no pertenece a nadie salvo al viento», rebuznabas.

—«El infinito es infinito; el universo es infinito y probablemente no cabe en nuestra cabeza»… especialmente en la tuya, Mr Bean.

Te repito lo que te dejé escrito hace años: al tonto se le puede enseñar. El imbécil, en cambio, carece de solución posible.

Ser tonto es humano. Volverse imbécil constituye una decisión del carácter.

Tú nunca fuiste el más listo de la clase, pero decidiste seguir caminando por el sendero de la idiocia hasta convertirte en el más cretino e insufrible de los humanos. No fue un accidente. Fue un camino. Y hay caminos que, por mucho que uno quiera disfrazarlos de destino, empiezan con una elección.

Y cuando se unen la estupidez y la maldad en una organización criminal como el PSOE, el resultado es una cloaca dirigida por una tal Leyre que, entre otras cosas, pedía a gente del hampa darle un buen susto a la jueza que investigaba al hermano de Pedro Sánchez, condenado por la justicia.

Pero ya nada de lo que aquí te dejo escrito importa.

Porque ahora, precisamente ahora, empieza otra película.

Ahora empiezas a escuchar el cerrojo de tu celda al cerrarse de noche. Ese ruido seco, metálico, definitivo. Y te tiemblan las piernas.

Quizá entonces comprendas algo que nunca entendiste cuando tenías el poder: que las palabras no son inocentes cuando las pronuncia quien manda; que los discursos pasan, las fotografías amarillean y los monumentos se cubren de polvo, pero determinadas decisiones permanecen.

Y los barrotes también.

¡Vas a pasar a la historia como el padrino de una mafia que entró en prisión por corrupción!

¡El tipejo que subió la escalera de Moncloa después de que los marroquíes provocasen la matanza del 11-M!

¡El amoral que hablaba de alianza de civilizaciones cuando solo hay una buena, la nuestra!

¡El zangolotino que eligió de ministra de Defensa a una mujer solo porque estaba embarazada!

Y después de todo aquello, después de los discursos, de las fotografías, de las sonrisas, de las grandes palabras y de aquella solemnidad impostada, quizá quede solamente el eco de una puerta cerrándose.

Una puerta de hierro.

Un cerrojo.

Y el silencio.

¡Te llegó la hora, ZP, y toda España saldrá a celebrarlo!

Sergio Calle Llorens 

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