miércoles, 30 de septiembre de 2026

¡AL CAPONE, AL THANI, AL CUMFRAUDE: TODOS AL TALEGO!

 


Al Capone fue un gánster y contrabandista de Brooklyn que terminó en prisión por no pagar impuestos. El hermano de Sánchez tampoco pagaba tasas, al menos en España, por estar empadronado en el país vecino, pero también fue condenado por dos delitos graves. Pedro, al que todos llaman Al CumFraude, dio un pucherazo en las primarias de su partido y, según el análisis que se desprende de los últimos informes, pretendía hacer lo propio con la ley de nietos.

Al Thani, exdueño del Málaga, tiene, al igual que todos sus vástagos, una orden de busca y captura por apropiación indebida, administración desleal e imposición de acuerdos abusivos. Un aficionado si lo comparamos con el propietario del Manchester City, Al Nahyan. El tipo cuyo club ha sido condenado por violar 114 normas financieras de la Premier League. Algo nunca visto en el mundo del fútbol, pero sí en el de la política, porque el PSOE-Alacrán, porque sus miembros siempre terminan picando en lupanares a cargo de los contribuyentes, tras picar en el bolsillo de los ciudadanos, acumula 17 causas judiciales con 127 personas imputadas, 20 tipos de delitos relacionados con la corrupción y, al menos hasta el momento, peticiones de 2300 años de cárcel para los acusados.

Cambian los tiempos, los nombres, pero no los métodos delictivos. Los malpensados dirán que mi carácter jacarandoso me lleva a la exageración, pero no, nada más lejos de la realidad. Lo expuesto hasta aquí son hechos tan irrefutables como crear puntos seguros para mujeres pintándolos de violeta es estúpido: al hampa moderna le ha dado por descubrir la corbata, los comunicados oficiales y el lenguaje institucional. Magnífico progreso estético. Lo único que no ha conseguido cambiar es el método: ahora el crimen organizado también tiene departamento de prensa.

Ciertamente, yo no sabría decir qué mafia es peor: si la de Chicago, la de Ferraz o la de los países, nunca mejor dicho, del golfo. Lo que sí sé es que, al igual que el enemigo número uno de las calculadoras, que terminó en Alcatraz, todos los mencionados deberían ir al talego.

Sergio Calle Llorens

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