lunes, 29 de junio de 2026

¡EL AZUL DE UN MAR LIBERTARIO!

 



Siempre digo que todos somos el resultado de una primera mirada, de unas lecturas, de una época e incluso de unas canciones. No es lo mismo nacer junto a un río que divide que a orillas de un Mediterráneo que todo lo abraza. Por eso, los baby boomers de la Ciudad del Paraíso crecimos con ideas distintas, pero con un mismo respeto.

Nuestras grandes peleas eran sobre música, cine y bares. Crecimos en unos años en los que el acoso escolar solía venir de algunos profesores. No montamos ninguna asociación de afectados. No fuimos a contarlo a la televisión. Simplemente seguimos adelante y, en algunos casos, hasta nos vengamos. Traumas, los justos.

Teníamos unas ganas inmensas de bebernos la vida, y vaya si nos la bebimos. Algunos llegaron incluso a devorarla hasta no dejar ni las migas. Íbamos al América Multicines a gritar aquello de «Movierecord» a pleno pulmón y fingíamos mantener relaciones sexuales con alguna amiga imaginaria.

Los mods en la esquina del Zaragozanos. Los vanguardistas en cada calle. Los rockers esperando su momento. Teníamos citas como las Serenatas de la Luna Joven, donde aprendimos a aullar a la luna con la banda sonora de varias generaciones. La Malagueta templaba el carácter. Pedregalejo remataba la faena con sus garitos y sus calas abiertas al mar.

Nadie pedía permiso y nadie se ofendía por nada. Nuestra generación fue creciendo hasta dejar atrás, por el espejo retrovisor, aquella Málaga tan espléndida y libertaria. De todo aquello apenas quedó una mirada descreída, el respeto por los viejos amigos y la querencia por los primeros amores.

Quizá por eso muchos de nosotros no entendemos que generaciones anteriores sigan contemplando la política como si fuera un partido de fútbol. Nunca ven un penalti en contra de su equipo. Cualquier caso de corrupción resulta disculpable si procede del partido al que votan. Cualquier falta del adversario, en cambio, es señalada como una mancha indeleble. A veces, al escucharlos, tengo la impresión de que estarían dispuestos a marchar otra vez detrás de las banderas del guerracivilismo.

En mi grupo de amigos hay personas de todas las ideologías. Pero ninguno, sin excepción, ha osado publicar jamás nada hiriente sobre política que pudiera desembocar en una pelea. Las vivencias compartidas siempre han sido mucho más importantes que las ideas políticas. Es una actitud que, curiosamente, no siempre he encontrado en muchas personas nacidas en los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado. Tampoco he visto jamás que mis amigos lleguen a las manos por política, como les ocurrió hace unas semanas a dos vecinas. Una venía del manicomio. La otra iba a un concierto por la paz en Palestina. Pensé que la realidad llevaba demasiada ventaja sobre los novelistas. Gente incapaz de reconocer una sola virtud en quien piensa de manera diferente. Y eso, en una ciudad como Málaga, debería ser motivo suficiente para el destierro.

Sencillamente, creo que somos mejores porque nuestra primera mirada fue siempre el azul de un mar libertario.

Sergio Calle Llorens


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