domingo, 1 de febrero de 2026

¡PSOE: TODOS A LA CÁRCEL!


 


Me duele la boca de decir que el gran error de los españoles es tratar al partido de Pedro Sánchez como a cualquier otra organización política democrática. No lo es. Lo repito una vez más, para quien aún no haya entendido la película: el PSOE es una secta, la del capullo. Y no lo digo en sentido metafórico ni literario, aunque Kafka o Valle Inclán habrían disfrutado escribiendo este disparate institucional. Lo digo en sentido funcional. Es una organización que actúa, piensa y se protege como una mafia, y como mafia debe ser tratada por un Estado que aún pretenda llamarse de Derecho.

La mafia nostra no se reforma, se ilegaliza. No se dialoga con ella, se la persigue penalmente. Sus dirigentes no comparecen en tertulias, comparecen ante un juez instructor. No puede quedar ninguno fuera del alcance de la ley. Todos deben ingresar en centros penitenciarios de máxima seguridad, como hicieron los norteamericanos cuando comprendieron que Al Capone no era un empresario excéntrico, sino un delincuente sistémico. Los ciudadanos de esta vieja nación haríamos bien en imitarles. Mañana, jurídicamente, ya es tarde.

Sé que el pueblo empieza a ver la luz, como en esas novelas de Camus en las que la peste no se reconoce hasta que los cadáveres se amontonan. Han tenido que morir muchos españoles en un accidente ferroviario para que algunos, al fin, se cayeran del caballo como Pablo de Tarso camino de Damasco. Empiezan a recordar que hubo helicópteros de la Guardia Civil persiguiendo a viejecitos en la playa durante el confinamiento, mientras la Policía Nacional acosaba a vecinos por charlar dos minutos de más tras tender la ropa en la azotea. Empiezan a admitir que Salvamento Marítimo se recorre mil kilómetros en aguas internacionales cada vez que un puto cayuco desaparece, pero si desaparece un tren a unas millas de Córdoba se envía a Pepe con una puta linterna. Berlanga no lo habría escrito mejor. O sí, pero en clave de comedia negra. Esto ya es tragedia.

Teníamos el mejor sistema ferroviario de Europa. Los trenes más puntuales del continente. Un sistema tan serio que devolvía el importe del billete del AVE si llegaba tarde. Y entonces llegaron los patanes del PSOE, con Pedrito a la cabeza, ese personaje que parece salido de una mala secuela de El Padrino, donde el capo no impone respeto, sino vergüenza ajena. Eligió a un putero como ministro, que a su vez llegó acompañado de un portero de puticlub. Ambos contrataron a sus amantes en RENFE, como si gestionaran una finca privada y no una empresa pública. Cuando el escándalo se hizo insostenible y acabaron en prisión, el marido de Begoña Gómez nombró a un palurdo de Valladolid, sacado directamente de El planeta de los simios, para sustituir al ministro encarcelado.

Con el zafio de Óscar Puente todo ha ido a peor, y miren que era difícil. Las víctimas esperaron más de media hora en un barranco de Adamuz mientras se desangraban, vulnerando cualquier protocolo mínimo de auxilio y responsabilidad administrativa. El País, como siempre, echando balones fuera. Los sindicatos mayoritarios, mudos, como estatuas de sal. Tiemblo de pensar la que habrían organizado si la responsable del ministerio hubiese sido Isabel Ayuso. Y mientras tanto, el equipo jurídico-mediático del sanchismo pedía respeto por los fallecidos. ¿Respeto? ¿Vosotros? Los que habéis convertido España en un Estado fallido mientras lo saqueabais con vuestras agrupaciones clientelares, vuestro falso progresismo y vuestras putas casas del pueblo.

Esto ya no es una cuestión ideológica, ni siquiera moral. Es una cuestión penal. Son escoria institucional de la peor calaña y ha llegado el momento de aplicar el Código Penal antes de que mueran más españoles por negligencia, incompetencia o corrupción. No hay más. O se restablece el principio de legalidad o se consagra la impunidad. Los del PSOE a prisión, como cualquier ciudadano que delinque desde el poder, y los ciudadanos honrados a vivir tranquilos de una puñetera vez.

Para finalizar, quiero que recuerden dos cosas. La primera es que cuando el poder empieza a hablar de respeto, huele a banquillo. La segunda es que toda mafia acaba igual: o en un museo o ante un juez.

¡Ha llegado la hora!

Sergio Calle Llorens