miércoles, 19 de febrero de 2020

LA ISLA


El observatorio de la cultura en España ha presentado recientemente el informe anual sobre la oferta cultural basada en la calidad e innovación.  Del informe se desprende que las cuatro mejores ciudades del país en este apartado son:

·         Madrid
·         Barcelona
·         Bilbao
·         Málaga
·         Valencia

La capital de la Costa del Sol, Valencia, Santander y Bilbao consiguen las mayores subidas y alcanzan su máxima puntuación histórica.  Málaga ha pasado de un 40,9% a un 54,8%. Ni siquiera el porcentaje unido de Sevilla, Granada y Córdoba haría desbancar a Málaga  que, por supuesto, también consigue la insignia cultural de la taifa del sur con su Museo Picasso. Una pinacoteca que junto al Festival de cine en español y el Teatro del Soho Caixabanc ocupan las primeras posiciones en el ranking de la tierra que dirige, o eso dicen, Moreno Bonilla.  Además de las tres primeras plazas en el listado, también se cuelan el Centro Pompidou, la colección del museo ruso y el teatro Cervantes. Todos situados en la tierra de Cánovas del  Castillo.  De las  primeras veinte instituciones culturales sureñas, diez corresponden a Málaga que, de no existir, dejaría a Andalucía como un páramo cultural a la altura de Burundi.
 
El informe del observatorio de la cultura en España nos trae datos muy curiosos. Y es que ni Almería, ni Huelva, ni Jaén, ni Cádiz aparecen en el mismo. Lo que habla penosamente mal de esas ciudades. También llama la atención que Vigo- sí la ciudad que dirige ese hombre que presumía de luces en navidad pero parece no tenerlas- ocupe  el último lugar del informe con un paupérrimo 1,6%.

En definitiva, los datos nos vienen a decir que Málaga es una isla en el sur de España que sigue asombrando al mundo. Una isla de la que yo escribí, y algunos se sorprendieron por ello, iba a dejar en pañales a otras ciudades cuyas mamandurrias  están basadas únicamente en la semana santa o en la feria de abril.  
  
Para no iniciados comentar que el secreto del éxito malagueño ha sido el fruto de un trabajo bien hecho que ha seguido, como no podía ser de otra manera, el plan trazado por malagueños que entronan con aquella Málaga del siglo XIX convertida en la segunda ciudad industrial del país. 

Por otra parte, justo es destacar que la provincia malagueña también luce músculo cultural todo el año. Fíjense como sólo en febrero- temporada baja- Torremolinos ha disfrutado de la 26 edición de la Rockin Race Jamboree. Un festival basado en el rock and roll más canónico. Una cita ineludible con la magia de los años 50 al que acuden personas de todo el mundo- un servidor incluido- para  disfrutar del evento musical que ha sido elegido en Estados Unidos como el mejor festival del mundo de música norteamericana fuera de sus fronteras.  Tampoco puedo pasar por alto la cita en Benalmadena con el soul organizada por los amantes de la música más rabiosamente mod. Como también es visita obligada el festival de blues de Málaga- en el que se ha colgado el cartel de no hay billetes. Y es que los conciertos de James Armstrong y Susan Santos han merecido mucho la pena. Pero todavía nos quedan días en este segundo mes del año de 2020 para gozar del festival de cine alemán de Málaga, y de los eventos que organiza la costa del Swing por todos los rincones de la región malagueña. Los cursos de iniciación al lindy hop son realmente interesantes.

Pero vaya usted a contarle todo esto a uno del pueblo de Guadalcanal o de la Carolina que, ya le adelanto, no entenderá ni una palabra.  Lo de esa gente suena a Falete y a los Romeros de la Puebla que quedan muy bien en un programa de Canal Sur cuyos espectadores están convencidos de que las esponjas marinas son muy útiles para hacer colchones. Que sigan durmiendo.

¡Málaga: esa isla!

Sergio Calle Llorens

lunes, 10 de febrero de 2020

LA REVERENCIA

Anda el personal muy soliviantado desde que Iván Redondo, el gurú de Pedro Sánchez, hiciese una reverencia al  condenado presidente autonómico  catalán en un encuentro que, al parecer, fue organizado por aquellos que piensan que Napoleón, como su propio nombre indica, era natural de Nápoles. Gente que jura que Australia es un país llena de canguros y orinocos. Ya saben, políticos como Irene Monterio- la cuchicuchi de Pablo Iglesias- que desconoce que la palabra parental- es que la tipa se ha inventado el término marental- no viene de padre sino de pariente que alude tanto a padre como a madre.  Pero una cosa es la incultura de nuestros políticos, y otra, creo yo bien distinta, las reacciones de sorpresa a la reverencia que sólo se reserva a los monarcas europeos. 

En verdad a mí me sorprende más que a Sergio Ramos no le hayan dado el Oscar al mejor actor de reparto, que el gesto de sumisión de los socialistas patrios encarnados en la cabeza agachada de Redondo al paso del amortizado Torra. Después de todo inclinar la cabeza es lo que lleva haciendo cualquier persona en España- al menos todos aquellos  que se autodenominan progresistas aunque en realidad son retrógrados- en las últimas décadas. Una actitud de postración hacia los nacionalismos periféricos que han convertido a millones de españoles en ciudadanos de quinta categoría. No importa las veces que sigan posando como modernos porque, mal que les pese, son ellos los que han permitido que determinados territorios de este país tengan ventajas a la hora de financiar sus carreteras y sus hospitales. Pero, siendo justos, también Aznar tuvo su parte de culpa cediendo ante los nacionalistas vascos y catalanes. La derecha española siempre parece creer que con colocar banderas españolas gigantes y apoyar la fiesta de los toros ya está todo hecho.

Seamos serios chicas: ni Vinicius es un goleador porque falla más ocasiones que su marido en la cama, ni vosotras acertáis de cara el gol luciendo la zamarra del falso progresismo. Creo que ha llegado el momento de recordaros la cantidad de veces que nos habéis señalado por advertir sobre vuestra doble vara de medir. Por no hablar de  la infinidad de ocasiones en las que mirasteis para otro lado cuando la maquinaria del Estado machacaba a letristas, poetas, escritores y críticos varios que no hemos querido aceptar la versión oficial sobre el estado autonómico. Tampoco puedo dejar de mencionaros los días que pusisteis el grito en el cielo por la letra de una canción o por un chiste políticamente incorrecto. En el tribunal de la Santa Inquisición había más justicia que en vuestros juicios de valor. 

Igual que para escribir bien hay que leer mucho y vivir más. Para abrazar la libertad se necesita un mínimo de raciocinio, cultura, y una querencia por los campos abiertos donde la palabra, aunque ofenda, sea la norma, nunca la excepción.  Por todo ello, Iván Redondo tiene todo el derecho a mostrarse sumiso con un señor inhabilitado por la justicia porque, en verdad, está repitiendo vuestra actitud que, por acción u omisión, ha permitido a Sánchez ser presidente. Esa inclinación de cabeza es el mejor recordatorio de vuestra propia condición dócil hacia el poder cuando gobiernan los vuestros.  ¿Lo pilláis ya pandilla de fanáticos?

Es obvio que aquellos que hicimos de la disidencia el motor de nuestra existencia tenemos el deber de deciros que el progresismo hispano posa igual de fea y de  inculta que aquella falsa influencer que afirmaba, tras peinarse y hacerse una foto para Instagram, que Richelieu fue el obispo de los tres mosqueteros. 

Sigan por tanto adelante con sus reverencias  hacia el nacionalismo y la corrección política pero recuerden que, más pronto que tarde,  alguien aprovechará la coyuntura para clavársela. Será un espectáculo doloroso que yo no pienso perderme por nada del mundo.

Sergio Calle Llorens


lunes, 13 de enero de 2020

LOS PAGAFANTAS


A dos cañas del mediterráneo un buen amigo mío diserta, a su manera, sobre el desamor. Dice que se siente un perdedor. En ese momento recuerdo que alguien dejó escrito alguna vez que no hay ganadores en la vida. A fin de cuentas, esta gira en torno a la pérdida de la juventud, de la lozanía y, sobre todo, de los seres que amamos. A veces pienso que no es el paso del tiempo lo que nos hace envejecer, sino la desaparición de las cosas y personas que importan. Este tipo de envejecimiento no se disimula con maquillaje. Ni se suaviza con el tiempo. El dolor se refleja en la mirada. Los ojos que han visto demasiadas cosas terminan por delatarle a uno. Los de mi colega lo dicen todo. Quiero decirle algo reconfortante pero no me sale. Y mi silencio suena como el cañonazo de un buque de guerra en la bahía. Me conoce demasiado para que no note la falsedad en mi tono de voz.

     Bienvenido al club de los pagafantas- le digo con una sonrisa a media asta.
     Cabrón- contesta divertido.

 Apuro mi cerveza y doy un paseo por las colinas de mis recuerdos. Un recorrido por las páginas del álbum de mi existencia que deja un rostro envuelto en una sonrisa dulce. Su recuerdo me desgarra las tripas como el pico de un cuervo. El sentimiento de pérdida es brutal. En verdad la vida nunca te da avisos. No te ofrece la menor señal de que quizás estés viviendo un momento único del que deberías tomarte un tiempo para asimilarlo. Nunca te indica que vale la pena aferrarse a algo hasta que lo pierdes. Comparto estos pensamientos con mi amigo hasta que pedimos una nueva ronda. 

     La gente dice que el tiempo lo cura todo. No es verdad- añade- lo que hace el tiempo es borrarlo todo. Trascurre inexorable y va erosionando nuestros recuerdos. Desgastando las grandes rocas del sufrimiento hasta que sólo quedan esquirlas afiladas, aún dolorosas.
     Cierto- contesto.

Las frases dan lugar a un silencio sobrevenido que aprovecho para concentrarme  en los dos últimos meses de mi vida. Días de vino y rosa que he prometido guardar bajo llave en el ático de mi memoria. Esos días en las que la claridad menguante de los atardeceres me hizo creer que podría cerrar con éxito esa historia circular mía. Las noches en las que acuné un viejo sueño de juventud: ella era una ilusión viva y su amor un corazón palpitante. Un músculo que expulsaba sangre ilusionante en cada latido. Un rayito de sol en las deprimentes mañanas de los lunes. Pero ese sueño se aleja en silencio como un fantasma. 

     Tienes razón Sergio.- Somos unos pagafantas. Tipos como nosotros no somos personajes de película que regresan, resuelven el misterio y se llevan a la chica. Nosotros nos pasamos de la tercera escena. Personajes secundarios.
     A veces nos agarramos a un clavo ardiendo y, claro, nos terminamos quemando. No le des más vueltas colega- termino diciendo. 

Pero mi amigo le sigue dando vueltas al asunto del desamor. Intento consolarle pero todo lo que sale de mi boca suena a mentira cochina. En realidad, los mejores faroles son los que nos echamos a nosotros mismos. Ya tendrá tiempo de engañarse Ahora nos abrazamos a la botella y bebemos a la salud de las mujeres que no llegaron a amarnos del todo.

¡Porca miseria!

Sergio Calle Llorens

jueves, 2 de enero de 2020

SLEEPY LABEEF


A Frank Sinatra le llamaba la voz porque obviamente no conocían a Sleepy LaBeef. El cantante que ha muerto con 84 años a sus espaldas. Un tipo de dos metros que tenía, además de Rock and Roll corriendo por sus venas, una enorme  generosidad de la que han hablado, y muy bien por cierto, Loquillo y Carlos Segarra.

 Le llamaban El Toro y atesoraba un profundo conocimiento de los ritmos del sur de los Estados Unidos: swing, country, boogie,  blues, honky tonk. No había tema que no conociese. No había canción que no supiese interpretar. Era, por resumirlo en una frase, un karaoke andante.  De hecho, the jukebox era su segundo apodo. 

Cuenta la leyenda que trabajaba en Houston en 1955 cuando vio una actuación de Elvis Presley. Fue su epifanía porque desde entonces supo lo que quería hacer el resto de su vida: entretener con su guitarra al ritmo de la mejor música que inventó jamás el ser humano.

Grabó para compañías como Dixie, Wayside y la filial de Columbia en Nashville. En esos estudios conoció al que sería el biógrafo del Rey del Rock and Roll, Peter Gurasinick. Éste dijo de Sleepy que era la conexión con el espíritu festivo de la década de los 50 de la centuria pasada. 
Los españoles tuvimos algunas ocasiones para saborear su directo. El concierto en Madrid en 1987 y sus actuaciones en la Rockin Race Jamboree de Torremolinos dejaron claro quien era el Dios del Rockabilly.  Y eso que nunca tuvo un gran éxito pero se redimía en cada uno de sus bolos. Parecía decirnos que mientras él estuviera en el escenario, el Rock and Roll viviría para siempre.  Un maestro del Rock más canónico que, entre canción y canción, le hacía un buen corte de manga a esos críticos infumables que tanto dañaron su carrera como artista.

Sleepy, que nos dijo oficiosamente hasta luego con un documental llamado “Sleepy LaBeef rides again” grabado en el estudio B de RCA, se marchó oficialmente de este mundo hace unos días. En el cielo lo esperaban Buddy Holly, Elvis y Eddie Cochram. Los tres Reyes magos del Rock and Roll que, como imaginan, ya son cuatro con la llegada del gigante de Arkansas.  A mí sólo me queda decirle aquello de  Rock on fat man.
 
¡He will never be forgotten”

Sergio Calle Llorens

lunes, 23 de diciembre de 2019

RIVERA


Ayer vi dos programas de televisiones españolas, cosa que evito rigurosamente, en  los que los tertulianos hacían sesudos análisis sobre los resultados de las elecciones. Todos pedían la cabeza de Albert Rivera por el mal resultado de Ciudadanos. Hoy, el líder de la formación naranja se las ha servido en bandeja. Pero no les basta. Ellos quieren su sangre y, a ser posible, la de todos los votantes de la formación liberal.  Viéndoles, parecen haberse atiborrado del agua ardiente del hombre blanco y corren sin freno en luna llena dando dentelladas a su propia sombra, Son los mismos que callan cuando Inés Arrimadas es insultada por los del movimiento fascista catalán- el mismo que hará al líder socialista presidente a pesar del fiasco de haber perdido más de 700.000 votos en un cuarto de hora- porque todo vale contra el que no piensa como ellos. La rabia de esta gente, también disparada por el aumento en las urnas de VOX, nos convierte en objetivos prioritarios para ser despedazados.  

Sí, Albert Rivera ha dimitido, demostrando que cuando la nave hace aguas, el capitán es el primero que ha de sacrificarse por el bien de la tripulación. Será la historia, y no un servidor, el que juzgue al derrotado. Pero me da en la nariz que el de Barcelona, con el que comparto muchas querencias, hubiese sido un excelente presidente en el país que, en cada ocasión histórica, siempre termina gritando el “vivan las caenas”.
 
 Lo grave es que los mal llamados progresistas- en realidad son retrógrados- seguirán dando lecciones de democracia cuando el PSOE, de mano de su patético presidente, ha sacado un decreto- ley por el cual podría cerrar cualquier web que les suponga un problema sin que tenga que decidirlo un juez. De haber sido otro partido el que hubiera tomado esa medida antidemocrática, esta pandilla de intolerantes habrían montado manifestaciones en cada esquina.  Pero qué esperar de aquellos que potencian un discurso narrativo de la corrupción patria sin mencionar los ERE de Andalucía que, por cierto, sigue sin tener sentencia condenatoria por aquello de que la justicia es independiente, yo soy Batman y el ministerio fiscal no depende del gobierno- Pedro Sánchez Dixit- sino de Robin, mi compinche. 

Sí, Rivera abandona la política, pero algunos no podemos abandonarnos a la resignación de ser fusilados o condenados por pensar diferente.  Por eso seguiremos aguantando insultos, amenazas, denuncias y hasta comentarios hirientes en blogs en loa que nos recuerdan que debemos cumplir las leyes: las mismas que ellos se pasan por el forro. 

Rivera fue un bonito sueño que ha durado lo mismo que aquella canción de Loquillo y los Trogloditas, escrita por Sabino Méndez, que ahora suena en mi jukebox. Un tema que enlaza muy bien con esos aires de libertad que tienen que ver con ciudades abiertas, cosmopolitas y liberales que tan mal entiende la jauría de perros del libro de las caras o de Twitter. 

Sí, Albert Rivera, español y catalán, se ha marchado. Pero al igual que hicimos caer el muro de Berlín, haremos caer su prisión de ladrillos totalitarios adonde quieren encerrarnos.  Después de todo somos más listos y estamos mejor preparados.

¡Por la libertad!

¡Moltes gracies amic!

*Entrada escrita el día después de la dimisión del señor Rivera. Un artículo que, hasta hoy, no me había atrevido a publicar. 

Sergio Calle Llorens