Tras la
condena al fiscal general del Estado, la secta del capullo debería cambiar su
lema de campaña y pasar de “soy feminista porque soy socialista” a “soy
delincuente porque soy del PSOE”. También me queda claro que los de Rosa
Nostra siempre aplican el mismo modus operandi: niegan la mayor
cuando uno de los suyos es pillado con las manos en la masa, apoyan al supuesto
corrupto y, cuando es condenado —que es casi siempre—, lo acompañan a prisión,
como ocurrió con Vera y Barrionuevo. Y la culpa es de cualquiera que no sean los
Cerdán, García Ortiz, Ábalos, Chaves, Griñán
o la madre que los parió a todos. Siempre hay una conspiración detrás de sus
condenas. Y lo blanco es negro, y las niñas tienen pene, y RTVE es un
ejemplo de “pluralidad” informativa.
Para esta
gente, el Estado de derecho es sagrado… cuando beneficia al PSOE.
El sanchismo indulta, amnistía y reescribe el Código Penal a conveniencia, y,
si un juez aplica la ley —aunque solo sea una vez—, entonces hay que
reformarlo. La crítica a su corrupción es odio. La oposición es fascismo. La
prensa que no les succiona el miembro es la máquina del fango. En sus
estatutos, la libertad de expresión existe si sirve para amplificar su
relato de partido progresista. Pero el progresismo, para esta mafia, consiste
en pactar con quien quiere romper España y en llamar bloqueo a que la
oposición no trague con sus imposiciones ideológicas.
Ya lo hemos
visto todo y, entre nosotros y el abismo —quién me lo hubiera dicho hace tres
años—, apenas tenemos una docena de jueces valientes. Gente que impide que se
haga realidad el sueño de la segunda república: que solo puedan gobernar los
partidos de izquierda. Sanchescu está en eso, y nosotros en impedírselo.
Porque si ellos avanzan un paso más, España retrocede un siglo.
Sergio Calle Llorens
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