domingo, 5 de octubre de 2014

JOAQUÍM RUYRA:


Fuera de los rebuznos de la tribu nacionalista catalana, la lengua de Verdaguer está llena de ricos matices que sabemos apreciar muchos españoles de bien. Especialmente los que hemos nacido junto a esa patria salada que los romanos llamaban Mare Nostrum. Ya conoce de mi admiración por Josep Pla y, hoy les traigo una de mis querencias favoritas que es la obra de Joaquim Ruyra. Si mi interés por la naturaleza humana abarca a todos los clásicos desde Montagne, la literatura que me gusta se centra en estos maravillosos escritores que releo de vez en cuando.

Ruyra, que es uno de ellos,  dispone de tres elementos que explican su pluma; su minucioso sentido decorativo y manierista, su sentido poético lleno de emoción y, por supuesto, su enorme capacidad vitalista para describir los secretos de las cosas. En “Entre Flames” encontramos una obra llena de simbolismo en la que, en menor o mayor medida, podemos ver la influencia del modernismo catalán. Un libro que suelo degustar cuando los olores embriagadores de la otoñada cruzan mi atalaya. Esos momentos en los que los jirones de la niebla vespertina cubren esos árboles que tanto amo.

Una de sus obras favoritas es “Marines i boscatges” de la que el mismísimo Pla escribía con gran admiración:

"Marines i boscatges, que conté al meu entendre, la millor prosa de Joaquim Ruyra, que és, al mateix temps, la millor prosa en llengua catalana, que s'ha escrit en llengua moderna; els primers llibres -probablement els més remarcables- de Caterina Albert, "Victor Català". La publicació de l'obra bàsica de Ruyra. Marines i boscatges, constitueix, al meu entendre, el timbre de glòria més alt de la revista Joventut. Ruyra conegué com ningú la nostra llengua; en maneja l'esperit d'una manera perfecta; en domina la intel·ligibilitat i tots els seus matisos fins a extrems insuperables." 

Cuando contemplo las jábegas besando una playa malagueña me acuerdo de sus descripciones grandiosas. Esos naufragios de una vulgar barca de pescadores que encuentra en su escritura la máxima genialidad de escritor. Una prosa firme en lengua catalana con un ritmo intenso que desafía todo intento de análisis. En cada frase ese aliento superior que huele a divinidad. Las olas del mar narrando con su peculiar mecida los arcanos del universo.

Para Pla era imposible separable de la mejor literatura de Joaqui Ruyra cuado estaba en Blanes. A veces se sentía que estaba tan impregnado que no podía escribir una raya sin caer en el más espantoso de los ridículos. Afirmaba que sus descripciones agotaban la materia de aquel paisaje tan suyo.

Se suele decir que las luces con mayor intensidad son las primeras en apagarse, pero no creo que la luminaria de Ruyra se apague jamás. La única pena es que de Pla y Ruyra hayamos pasado a Quim Monzo y Carmele Merchante. Consecuencia lógica de un nacionalismo de campanario. Y es que la primera fuerza de la fantasmagoría de un artista locoíde es la colaboración de un pueblo ajeno a la cultura con mayúsculas. Desconozco si los descendientes de la tribu de Wilfredo el velloso entienden a estos escritores cuando los leen en sus aulas de adoctrinamiento pero, me temo muy mucho, que a tenor de las cosas que escribe la muchachada independentista, la cosa tira a un no rotundo. Yo, simplemente, esperaré a la lluvia para cruzar de noche ese campo con mi linterna proyectando un vaho flotante y lechoso en la atmósfera espesa. Seguro que alguna descripción de este maestro me ilumina en el momento justo.


Sergio Calle Llorens

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