viernes, 6 de junio de 2014

EL PARAÍSO DE LOS HOMBRES

En el acto II de la escena 3 de la Noche de Reyes de Shakespeare se puede leer aquello de “los viajes terminan cuando los amantes se encuentran”. Y cuando ocurre el asunto se torna maravilloso. Especialmente cuando entra en la coyunda el tema del querer. Sin embargo solemos confundir los ojos con la mirada y el sexo con el  amor. Por otra parte, la mayoría de los mortales están más preocupados en ocultar su verdadera esencia, que en mostrar su rostro real. Todos son mentiras y traiciones con tal de poder satisfacer nuestros deseos carnales.

En cualquier caso, un hombre necesita eyacular 5 veces por semana para alejar el fantasma del cáncer de próstata. Y a veces ni por esa. Reconozco que yo follar, lo que se dice follar, he follado mucho. El problema es que hoy es demasiado sencillo encontrar una dama para practicar sexo. Desde la mañana a la noche uno encuentra en todos lados a mujeres dispuestas a satisfacer las necesidades del cuerpo. Eso hace perder el interés. Creo que el tema del sexo está sobrevalorado y, desgraciadamente, se pierde mucho con el abandono del cortejo. Todo es un aquí te pillo, aquí te mato y te remato aunque sea en el descansillo de casa. Puedo decir que estoy ahíto de tanto asalto. Por eso, a todos aquellos que sufran por la ausencia del folleteo, decirles que  si se organizan, la cosa termina en orgía para todos.

Otro grupo que suelo sufrir es el de los separados que tras salir de la vagina de una mujer se consuelan metiéndose en otra. Y mira que tienen casos prácticos para ver como los solteros se lo montan. Puedo afirmar que yo nunca he conocido a un doncel alejado de la felicidad. Esa gente que es capaz de crear una atmósfera de camaradería y hermandad con otros hombres sin preocuparse de nada porque, como imaginan, no hay nadie que les espere en casa. Gozan de su soltería y desconocen que es en el matrimonio cuando un hombre descubre el significado de la palabra soledad.

Si el propósito de la vida es la de convertir la potencialidad de la perfección en la actualidad de la misma. Y no hay nada más perfecto que la soltería. Nada más maravilloso que no tener que dar explicaciones. Nada comparable con el disfrute de nuestra propia esencia. El matrimonio debería ser abolido igual que la pena de muerte. Las nupcias apenas sirven para que la esposa transforme al varón a su propio interés. El himeneo es una forma de castración de la naturaleza verdadera del macho. El desposorio es el momento en el que comenzamos a decir adiós a nuestros amigos. Esos que no toleran las señoras por millones de razones, a cada cual más loquinaria.

Ver a esa pandilla de tarados divorciados comportándose como chiquillos en las entrañas de un bar, me produce arcadas profundas. Esa gente, además de hacer el más espantoso de los ridículos, no sabe escuchar el silencio y, mucho menos, lo que les dice sus corazones. Yo escuché a mi corazón hace ya muchas lunas. Todavía el levante travieso en mi cuerpo con las luces mortecinas de la ciudad reflejadas en el mediterráneo. Ella era rubia de pelo largo. A ojo de buen cubero, yo le echaba 25 primaveras. Lo que me gustó de ella era la forma en la que le miraba. En ese momento, pensé que un servidor debía encontrar a la mujer capaz de igualar esa mirada entregada y de amor absoluto. Años después comprendí que eso ocurre en el apasionante mundo de los milagros, y de producirse, no pasa más que una vez en la vida.

 De no encontrar a esa dama capaz de elevarnos con una simple mirada hasta el infinito, es mejor continuar en el  mundo paralelo del Reino de los Cielos. Ese en el que sólo hay hombres y compañeros de armas dispuestos a cantarle a la luna tras una noche de vinos. Ese universo donde no hay envidias, ni dolores de cabezas, ni malas caras de mañana porque llueve, o hace demasiado sol.

Mi corazón me dijo, y me dice, que la mujer ha sido una de las grandes decepciones de mi existencia. No he conocido a ninguna que no me haya mentido, traicionado, vejado o simplemente herido. Y casi siempre por capricho. Me escondo pues tras los árboles porque mis viajes han terminado porque me he encontrado a mí mismo. ¡Paraíso de hombres!


Sergio Calle Llorens

2 comentarios:

  1. Como me dijo una vez mi señora: "Somos una union indisoluble para lo que yo quiera"
    Poco mas que comentar.

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    1. Sabia señora que viene a explicarlo todo, absolutamente todo. Un saludo

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