viernes, 12 de julio de 2013

ROBERTO ALCÁZAR Y PEDRÍN

De un tiempo a esta parte, hay una tendencia a colocar la etiqueta de homosexual a cualquier héroe, ya sea Batman, Spiderman o los mismísimos Roberto Alcázar y Pedrín. En verdad, la orientación sexual de una superhéroe no tiene la mayor importancia. Y me la trae al fresco si el hombre murciélago sodomizaba, o no, a Robin en la Baticueva. Tampoco me importa que la gente piense que esos héroes hispanos salidos de editorial valenciana eran unas fachas peligrosísimos.

Lo que me importa es que una tarde recién llegada la otoñada, mi madre me regaló unos tebeos en los que un policía en compañía de un niño rubio, luchaban contra un hombre diabólico; personaje de aspecto vampírico que tenía la habilidad de hipnotizar a sus víctimas. Era el jefe de un grupo de malhechores que querían, como todos, dominar el mundo. Su cara cadavérica y su extraño look me fascinaban por completo. Ese sombrero amplio y esa capa oscura cuya visión me provocaba un profundo terror, siguen viniendo a visitarme cada vez que saco del baúl de la memoria aquellas viejas viñetas. No creo equivocarme al afirmar que fue el primer comic de terror que leí en mi vida. Ante mis ojos pasaron momias, castillos encantados, diferentes monstruos pero sin duda, Svimtus era el rey de todos aquellos malvados. Su magnetismo todavía se arrastra ante mi las noches que decido hojear esos tebeos antiguos antes de ir a visitar a Morfeo.

Repasando esas páginas la otra noche, recordé una noche de verano de luna llena en la que una lechuza cantaba a la luna. Embebido por las hazañas de Roberto Alcázar y Pedrín en Londres en un número lleno de recovecos, misterios, giros y sorpresas que me llevaron al grito cuando mi madre entró en la habitación sin previo aviso. Han pasado muchos veranos, pero sigo siendo fiel a todos eses seres que hicieron de mi niñez un lugar mucho más agradable.

La historia cuenta que el periodista, aventurero y detective Roberto Alcázar conoció en el trasatlántico Neptunia al polizón Pedrín Fernández, decidiéndose a adoptarle, formando desde entonces de una pareja en busca de emociones fuertes. Desgraciadamente, los mismos que adoraban a estos héroes comenzaron a decir después que los autores habían creado al personaje basándose en el fundador de la Falange. Tal vez, digo yo, para hacerse perdonar su cercanía al régimen.

El autor de Tintín defendió en su juventud ideas racistas. Agatha Christie lo fue hasta el final de sus días sin ningún complejo y, nosotros, españolitos de a pie, hemos dejado morir a uno de nuestros tebeos favoritos por la maldita corrección basada en las papanatadas de esa pandilla de descerebrados.  De haber sido franceses nuestros aventureros, ahora Alcázar y Pedrín seguirían cabalgando en pos de nuevas hazañas, sin contar con todo el trabajo que estaría dando a tanto dibujante y guionista parado. Pero esto es España y hay que joderse.

Sólo me queda esperar que algún día alguien entienda que los únicos límites a un futuro mejor son nuestras dudas de hoy, como dijera en su momento el gran Rooselvelt. Sencillamente el mundo necesita a héroes como Roberto Alcázar y Pedrín. ¡Sólo nos queda resucitarlos!

Sergio Calle Llorens

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