lunes, 12 de enero de 2015

DURÍSIMO

La marcha contra el terrorismo de Paris estaba encabezada por líderes de todo el mundo, incluído Rajoy que de líder tiene poco. Los pobres de Artur Mas y el alcalde de Barcelona se tuvieron que conformar con una posición mucho más modesta pero que, en cambio, era la que les correspondía; un reservado para los alcaldes y otros mindundis por más que hoy TV3 intentara mostrar lo contrario.

En realidad, debe de ser muy duro para la muchachada independentista constatar que, tras el proceso y años de adoctrinamiento en sus escuelas, sigan siendo una región más de España. Sí, debe de haber sido durísimo creer en la fecha mágica del 2014 para que les peguen una nueva patada en el culo. Y es que fuera de la tele catalana, las palabras de su presidente gafe importan menos que las de Toñi Moreno en un congreso de mentes brillantes.

En Andalucía también hay expertos en ocultar la realidad, y tanto la tapan con sus mentiras de la región que iba a ser la California del sur de Europa, que suelen terminar creyéndose sus propios embustes. Luego salen a la calle y se encuentran con un público diferente al de los programas simiescos de Juan Imedio, con cientos de mujeres entregadas a buscar una alegría para la entrepierna. Sí, debe ser duro que crezca el número de andaluces que quiere el cierre de ese abyecto canal llamado Canal Sur a pesar de la propaganda.

Luego tenemos a esos turiferarios del odio hacia todo lo cristiano, judío o norteamericano capaz de inventarse la realidad con tal de llevar la razón. Empero, no es lo mismo creer en una religión que te promete el cielo si no matas, que otra que te promete el paraíso si matas al infiel. Resultado de que mientras unos hemos pasado por el renacimiento y la ilustración, otros siguen anclados en la baja edad media.

La realidad es algo muy duro y hay muchas formas de evadirnos de ella. Desde el ácido lisérgico hasta una pelícua de Disney. Lo malo es que cuando han pasado los efectos del remedio, el individuo dispero sigue creyendo a pies juntillas en países imaginarios o en soluciones mágica colectivas. Y no digamos de ilusiones como en las de las vírgenes esperando en el paraíso a los luchadores de Alá.

La solución política pasa por más educación y más liberalismo para que podamos alejarnos de las sectas religiosas o políticas que impiden el verdadero desarrollo humano. El remedio debe sentar sus bases en una política basada en que todos tengamos los mismos derechos como ciudadanos y, nunca en privilegios o absurdos abusos medievales.

Debe de ser duro, sin duda, ser tan estúpidos para creerse tantas patrañas en pleno siglo XXI con miles de bibliotecas abiertas al gran público. Sin embargo, es lo que hay cuando la semilla del fanatismo crece en las mentes de tantos papanatas alrededor del mundo. De nosotros depende enseñar la verdad a esta pandilla de tarados e incapaces.

¿Me ayudan?

Sergio Calle Llorens

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