domingo, 8 de septiembre de 2013

YO

En verdad mis ideas no valen un pimiento y, por si no lo sabían, no me tomo la vida demasiado en serio, consciente de que no saldré vivo de ella. Me gustaría que el mundo fuera un lugar mucho mejor cuando yo me haya marchado pero, he de confesar que no estoy del todo seguro. Con los años he ido aprendiendo a sondear el alma de los hombres, sus zonas sombrías y sus puntos luminosos. Eso me he hecho jugar con alguna ventaja. Soy un hombre de pocas convicciones pero las que tengo las defiendo a muerte. Desde que comencé a escribir, he vivido todo tipo de situaciones; algunas muy desagradables y otras, en cambio, me han alimentado el espíritu. Mis escritos han dado a muchos malentendidos que, si ustedes me lo permiten, quiero aclarar por si alguien tuviese a bien pasar por éstas modestas líneas con la intención de comprenderme.

Políticamente soy liberal, una ideología basada en la certeza de que los otros pueden tener razón y ser uno el equivocado. Soy de la opinión de que no hay libertad para nadie cuando no la hay para quien piensa diferente. De ahí que huya de ideologías franquistas, fascistas o comunistas. Mi lema en relación al mundo de la política es el siguiente; no entres nunca voluntariamente en una habitación o en un país cuya puerta no se abra nunca desde el interior. Por eso aborrezco la dictadura de los hermanos Castro, carcamales que hasta que estiren la pata disfrutarán de la vida mientras el pueblo se muere de hambre.

En temas de religión, soy un completo descreído aunque, a veces, siento que existe otra realidad que no logro llegar a entender. En cuestiones del más allá pienso si tras la muerte vienen a por mí, al menda que no le despierten.

No creo demasiado en el ser humano y, mucho menos, en realidades nacionales inventadas pero si me dieran a elegir, quisiera ser español otra vez. Será mi lado masoquista, supongo, pues pertenecer a esa nacionalidad y tener lucidez es una maldición bíblica.

Artísticamente tengo la manía de Italia, del gótico y de la literatura de terror. Odio las cosas enmarañadas y poco precisas. Escribo tratando buscar el adjetivo correcto para describir lo que veo, o lo que pienso. Raramente lo consigo como ustedes pueden comprobar.

Personalmente prefiero la noche que es oscura e incomprensible. Mi gusto por la oscuridad me viene de mi querencia por el silencio. No quiero decir que esté en contra de que la gente hable, pero sí de que lo haga sin un mínimo de reflexión. La visión del mediterráneo de noche iluminado por la luna, o de un bosque espeso cubierto de rayos de plata me producen un placer indescriptible.

Para mi compañía, prefiero la gente con gran sentido del humor y que, por encima de todo, pueda enseñarme algo. Y, por supuesto, si es mujer mucho mejor. Soy un gran admirador de las mujeres en el sentido provenzal más amplio. No soy demasiado enamoradizo pero no hay nada como un amor platónico como el que sentía Dante por Beatriz para escribir un poema desesperado.

No me siento muy cómodo bajo el sol andaluz que nos ha traído fanatismo e intolerancia y, con ello, una gran alergia a los libros. Durante un tiempo defendí en varios foros la tierra que me vio nacer hasta que, como saben, me echaron de todos. En realidad, hicieron bien.

Un resumen de mi persona me llevaría una década y tiempo es lo que no tengo. El que me queda lo dedico para tratar de encontrar el lugar en el que encaje. Me siento como una pieza de un gigantesco rompecabezas que no quiere aceptarme. Mi vida a veces es como la región de los callejones sin salida, un paseo por los callejones a ninguna parte. Eso sí, aunque no sé qué hago aquí, me bebo la vida a sorbitos pues soy consciente de que muero cada día. Mis días tienen un leve encantamiento suave. Sigo en permanente búsqueda sin hallar nada. Uno de mis características es que nunca me olvido de sonreír aunque me esté muriendo por dentro. Esta actitud es de una grandiosidad cósmica e inconsciente pues todo hijo de vecino termina contándome sus penas y yo, aunque no lo parezca, sienta como el  tiempo se me resbala entre las manos. No son poco los días en los que unos y otros me llaman para participar en diferentes proyectos, para apuntarme a  causas varias sin detenerse un minuto a preguntarme por mi estado de ánimo. En esos momentos, desconecto por completo e imagino como un rayo de luna perdido se tiende sobre la cama de mi playa de madrugada. En realidad, la gente que conozco carece de tono contestatario y acuden a mí cuan soldado peligroso y encolerizado. Si quieren conocer la verdad, les diré que lejos de estas páginas, soy un tipo de lo más calmado y razonable. Empecé a escribir como terapia para no perder la cordura y creo que no me ha salido mal la cosa del todo

Recientemente llegué a la conclusión de que soy un ser más virtual que real. Era uno de esos días llenos de melancolía cuando advertí que en más de un mes, el teléfono no había sonado ni una sola vez. Me sumergí en una depresión profunda hasta que advertí que el teléfono llevaba más de un más desconectado. Subsané el error para comprobar un mes más tarde que el aparato seguía sin recibir llamada alguna. Me marché a pasear y, por un momento, me imaginé en ese universo Dickensiano más dramático. Parecía estar caminando por Fleet Street viviendo un viejo drama. Me encontré con una amiga actriz con la que tomé unas cervezas junto al mediterráneo. Se quejaba de que pasado los 30 no había papeles para mujeres de su edad. Le dije que esperara a los 50 para ver el papel que desempeñaba. Mi comentario le resultó tan divertido que me invitó a cenar. Pasamos una velada muy agradable y mientras más fracasos le contaba, aquella mujer mejor se lo pasaba. Hacía tiempo que alguien me hablaba directamente sin la mediación de una pantalla. Creo que pensé que en el pasado, todo era mucho más fácil. Yo, incluido.

Sergio Calle Llorens


5 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Soy lo que escribo, no hay trampa ni cartón: saludos

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  2. Estimado amigo, todos nos sentimos alguna vez, piezas de un rompecabezas y no sabemos dónde ubicarnos.
    La permanente búsqueda es signo de estar más vivos que nunca, muertos están los que se acomodan y no se preguntan un ¿Por qué? Que importa locura o cordura, si a todos se nos cerrará el telón de este teatro real o virtual, ¡¡ qué más da!!!
    Saludos y que te vaya bien.

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  3. Hola amigo: Yo tampoco jamás me olvido de sonreír y a veces me muero por dentro como tú.
    Por eso amo la soledad, el mar, la poesía, las noches de luna clara.
    Todo aquello en lo que puedo fundir mi alma, alma inquieta y llena de incertidumbres, que no encuentra respuestas, y no sabe hacia dónde va, pero que sabe que tiene que navegar sola en esa búsqueda de la nada, esa nada que me atormenta y a la vez me regocija. Siento que quizás soy el sueño de alguien, ¡que en realidad no existo! Pero que tengo que seguir en esos callejones que no llevan a ninguna parte, pero en los que quiero caminar eternamente.

    Saludos

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