Anoche Don
Francisco de Quevedo vino a visitarme en sueños. Dialogamos un rato sobre
los problemas que traen a la patria de cabeza cuyos muros están desmoronados.
Gracias a su inspiración, los versos brotaron como el agua que baja en torrente
por una cascada. Este es el resultado;
Aquí yace
el juez de lo Correcto,
y dicen que le hizo buen provecho
a la Moral su recto.
Jamás osó dictar fallo derecho.
De la Razón
fue siempre gran verdugo,
mas no porque el Derecho fuese rudo,
sino porque, en su febril desvarío,
llamó justicia al más torpe extravío.
Fue adalid
de lo blando y lo mojigato,
que alzaba el grito ante el más leve trato.
Por miedo a ofender, torció la balanza,
y al más vil criminal le dio esperanza.
¡Oh tú, que
pasas por su sepultura,
y temes que te caiga su cordura,
o idiota, o borrico, o ratón de esquina,
guárdate de este juez y su doctrina!
Que tras la
piel de oveja y la tibieza,
esconde la ponzoña de la simpleza.
No le niegues lo que en vida abrazase:
«Requiescat en dogma, mas no en base.»
Sergio Calle
Llorens
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