viernes, 5 de abril de 2013

LLUVIA


Bajo la lluvia tocada por una niebla azulada vespertina que parece querer engullirlo todo. El aire tiene una suavidad de perla turbia y las olas del mar golpean contra las rocas. Siento una melancolía infinita y, por momentos, unos deseos irrefrenables de abandonarme. Mi tristeza es inabarcable. Tengo la cabeza llena de sombras oscuras. Camino con las manos en la chaqueta. De la niebla veo aparecer figuras recortadas de personas que, agradecidas supongo, se dirigen a sus puestos de trabajo. Esta parte del mediterráneo está enjoyada de agua empapada y de luces húmedas. Respiro fondo y sigo caminando ajeno a la belleza incomparable. Empiezo a pensar que mi tendencia al pesimismo se ha ido agigantando con los años. Un pensamiento nacido de la convicción de que mis pasos ya no se dirigen a ninguna parte; las conversaciones me aburren, los malentendidos me exasperan, y el teléfono sigue sin sonar. Necesito billete de ida, y lo necesito ahora. Escapar de aquí, huir de mi se me antojan una locura delirante y desenfrenada, pero necesaria.

La tormenta arrecia cuando una chusma multicolor asalta el bar donde me he refugiado a desayunar. Chillan y gritan a la manera de los escolares de primaria, a pesar de pasar la treintena. Una de ellas es una mujer que habla en voz alta y que no para de confundir las almorranas con las andorranas. No se da cuenta de que sus amigos se están cachondeando de ella. Maldigo la hora en la que entré en el bar. Como mientras echo una ojeada a la prensa; corrupción, nacionalistas catalanes y paridas andaluzas. Tengo ganas de levantarme y gritar pero trato de calmarme jurando, para mí, en arameo. En verdad, si me hubiera dedicado a la microbiología, España sería un país perfecto para trabajar con tanta bacteria suelta.

Éramos pocos y parió la abuela; en la cafetería entran ahora dos musulmanes que compiten en potencia de voz con los lugareños. Al fondo, imagino que por mimetismo, dos limpiadoras ucranianas de muy mal ver les hacen la competencia con su conversación alta. Al parecer, esta gente desconoce lo que significa el silencio. Por alguna razón desconocida, el dueño del local tiene puesta lo que los italianos llaman il riscaldamento, y me veo obligado a quitarme la ropa. La mujer que padecía el problema anal se dirige entonces a mi persona como si fuésemos hermanos de sangre. Me dice que si no tengo frío. Le dirijo una sonrisa helada. A ver qué entenderá este engendro intelectual por frío.

Ahora llueve con más intensidad si cabe, y la señora sigue parloteando. A mi mente, no sé muy bien por qué, viene aquella cosa en catalán que aprendí hace tiempo: “No es trist morir, el que és trist és no viure intensament. Sigo comiendo, sin ganas. La mujer arrecia con sus estúpidos  chascarrillos. Todos quieren parar la incontinencia verbal de esa petarda. Viendo como es harto difícil, recuerdo otra frase que me puede ayudar: un tonto le dice a una mujer que se calle, pero un sabio le dice que su boca es extremadamente bonita cuando sus labios están cerrados. Le suelto un tienes una boca de fresa cuando tienes los labios juntos, y la señora se ruboriza, y no vuelve a abrir el hocico hasta que termino el desayuno y pago. Sólo entonces el loro despega sus labios para decirme un sentido “Gracias guapo”. Sigue lloviendo cuando mis pasos resuenan ya por un paseo marítimo besado por la tormenta. ¡Ojalá, pienso, me lleve una ola!

A foolish man tells a woman to stop talking, but a wise man tells her that her mouth is extremely beautiful when her lips are closed.

Sergio Calle Llorens

2 comentarios:

  1. You are a wise man, Sergio. Don´t be sad. We need you, we love your blog. Go to hell with so many foolish people. Concentrate yourself in your writings. Up with your soul.

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