lunes, 14 de mayo de 2012

LA GRIEGA

Las mujeres con 20 años son como los electricistas, nunca desaprovechan un buen empalme. Yo, en fechas pasadas, tampoco desaproveché la chispa que desprendían. Las féminas digo, no los electricistas. Una de ellas se llamaba Pelagia y era griega. De aspirante a diosa, quiso llegar mocita al altar, pero no la dejé arribar virgen ni a la puerta. Aunque ha pasado mucho tiempo, conservo la viva imagen de aquella belleza y de las cosas que hicimos juntos. Me enseñó algo de griego y yo, para corresponder, le desvelé los arcanos de practicarlo. El caso es que por alguna razón que desconozco, se enamoró de mí. Y juntos recorrimos a la princesa Europa, antes de que ella se esposara con un tipo al que siempre llamaba Malakas, que en lengua griega significa gilipollas. Recuerden que el engaño es algo normal en la nación de Doña Sofía, y los cuernos, de eso sabe también nuestra reina, no siempre los ponen los hombres.

 Han pasado los años desde que retozaba en compañía de Pelagia, casi tantos como desde la entrada del Euro. Sin embargo, recuerdo los engaños de esa chica para estar con un servidor, como también me viene a la memoria lo que su padre, funcionario griego, me decía acerca de las cuentas griegas. “Hijo, todos los datos aportados por el gobierno para incorporarnos a la moneda común son falsos; incluyendo la inflación, déficit y deuda”. Y si los gobiernos griegos engañan, que decir de su pueblo que sólo ha declarado seis piscinas para no pagar un impuesto especial creado al efecto. Lógicamente cada vez que recuerdo la anécdota de las piscinas, una sonrisa se dibuja en mis labios, pero no por la artimaña griega, sino porque Pelagia solía pasearse ligera de ropa en aquella gloriosa alberca. Fueron días de vino y rosa, de pasiones encendidas y de confesiones. Aprendí algo, ya les digo, del carácter de ese pueblo; Volátiles, vagos y picarones. Nada que ver con Sócrates y Platón. Es como si hubiesen querido dejar atrás ese pasado glorioso para superar en idiocia al pueblo andaluz. Lo han conseguido.

 Hace poco, Grecia tuvo elecciones y el desenlace ha sido un parlamento fragmentado, incluso la ultraderecha ha obtenido un resultado magnífico. Su líder gritaba eufórico, en un inglés macarrónico; Get out of my country, get out of my home”. Luego me enteré de que el muy idiota pretende, si llega al poder, poner miles de minas personales en las fronteras griegas. Todo con tal de prevenir que los trabajadores de todo el mundo elijan Grecia para el tema del laboro. Increíblemente algunos justifican el descalabro de las elecciones con la desesperación de un pueblo, como si ese mismo pueblo no tuviese nada que ver con el engaño masivo protagonizado. Y es que si hay almas ruines que sólo se dejan conquistar con presentes, como muy bien dejó claro uno de sus filósofos, otros pretenden pasar por virtuosos. Sí, es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien, pero el cuento se les ha acabado y ahora con Euro o sin él, los amigos de mi querida Pelagia tendrán que pagar, como todos nosotros, por los abusos cometidos. Grecia caerá y nos arrastrará al inframundo, donde seremos guiados por Hades y allí quedaremos atrapados en compañía de Pirítoo. Mi única esperanza es que, al menos, Pelagia mi griega, que ya no le queda dinero ni para pagar a Caronte, mantenga intacta la pasión por los finales felices. Hasta entonces, a otra cosa, little Butterfly.

 Sergio Calle Llorens

5 comentarios:

  1. Imagino que el hombre de la foto eres tú cuando eras más joven, eres muy guapo y escribes de puta madre. Me encantaría invitarte a cenar y que me contarás tu vida. Tú más ferviente admiradora.

    BESOS

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    1. Muchas gracias admiradora, seas quien seas.

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  2. Susana Bonnemaison: Absolutamente brillante amigo Sergio. Me tengo que tronchar contigo, nuevo sombrerazo. Enhorabuena una vez más.

    Besitos

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  3. A writter absolutely brilliant. Rocío Jiménez. (Sergio´s english student).

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