martes, 1 de abril de 2025

¡STEPHEN KING: EL NIÑO QUE SOÑÓ CON MONSTRUOS!

 



Nació en Maine, como si el destino le hubiera señalado con el dedo de una criatura espectral. Stephen King es el escritor que creció con el rumor de los cómics EC, con las páginas gastadas de Amazing Stories, con los relatos de Ray Bradbury y la oscura alquimia de H.P. Lovecraft. Antes de que el mundo lo conociera, ya habitaba en un universo de neones en ruinas y bosques donde el viento parecía respirar. Él no inventó el terror moderno: lo escuchó primero en el silbido de las vías del tren, en la casa que susurraba en la noche, en las historias de carretera que los adultos contaban a media voz.

Si su infancia fue una fábrica de pesadillas, su juventud fue un catálogo de supervivencia. Vendió cuentos a revistas pulp, escribió con desesperación en habitaciones pequeñas, y a punto estuvo de renunciar. Luego vino Carrie, y con ella, el relámpago. Pero no se quedó en la historia de la adolescente vengativa; en su mente ya germinaban horrores más profundos, males que acechaban en el aire mismo de América.

En Salem’s Lot, King tomó la novela gótica y la empapó de polvo y farolas parpadeantes. Los vampiros ya no eran príncipes decadentes, sino sombras al acecho en los pueblos pequeños, en las casas donde se cierra la puerta demasiado rápido. Luego, en El resplandor, transformó la locura en un eco interminable en los pasillos de un hotel, donde el pasado y el presente se fundían en una pesadilla de whisky, sangre y fantasmas sin descanso.

Pero fue en IT donde su imaginación alcanzó su cima más aterradora: la criatura que se disfraza de payaso, que se alimenta del miedo de los niños, es el mismo monstruo de las alcantarillas de su país, de la hipocresía y la podredumbre que habita bajo la superficie de Derry, de cualquier ciudad. Y cuando la muerte tocó su propia puerta, cuando la carretera le arrebató lo más querido, King encontró en Cementerio de Animales su forma de preguntarle al mundo si la muerte es realmente el final, si a veces el regreso puede ser peor que la ausencia.

Su obra es un pasillo largo, donde cada puerta es una historia. The Dead Zone es la pregunta que todos tememos: ¿y si pudiéramos ver el futuro, y si nos mirara de vuelta? Misery es la pesadilla del escritor, la sombra de un lector demasiado devoto. La Torre Oscura es su mapa secreto, la interconexión de todas las historias, el latido mismo del universo King.

Pero lo que hace que sus monstruos sean inmortales no es solo su forma: es la voz de King, esa voz de narrador nocturno, la que nos convence de que todo esto podría estar pasando realmente, a la vuelta de la esquina, en la casa al final de la calle.

Porque en el fondo, Stephen King no escribe sobre el miedo. Escribe sobre lo que nos hace humanos. Sobre la infancia que dejamos atrás pero que nunca nos deja del todo. Sobre la culpa, la pérdida, la redención. Sus personajes son personas normales, atrapadas en circunstancias aterradoras, como si el destino les hubiera dado un billete de ida sin avisarles del destino final.

Y cuando susurra el final de cada historia, cuando la última página se cierra con un golpe seco, solo queda el eco de su advertencia: A veces, los muertos son mejores. A veces, lo que creemos haber vencido solo duerme. Y a veces, lo que más tememos no está en la oscuridad… sino en nosotros mismos.

Sergio Calle Llorens


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