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miércoles, 27 de mayo de 2015

¡VAYA TROPA!

El pueblo no entiende las gallegadas de Rajoy cuyo talento es desconocido hasta para su señora. De casta le viene al galgo porque él es, recordemos, un registrador de la propiedad que  cada mañana registra los cajones donde guarda el Marca. Su biblia particular. El diario deportivo que recoge los fracasos del Madrid; el club más rico del mundo que ha ganado  únicamente tres ligas en las últimas doce temporadas. El gallego, que debe seguir pensando como el presidente blanco que la economía es la clave de todo, no entiende que su partido se ha hundido en las comunidades autónomas donde más ha bajado el paro. De momento, Mariano sigue vendiendo humo y Florentino camisetas. Y los tontos que quieran comprárselas que levanten las manos .Yo traigo las camisas de fuerza.,

En el otro extremo la izquierda radical  pide – Podemos e IU- que en los ayuntamientos se hagan presupuestos participativos. La idea en sí es fascinante. Especialmente porque viene de gente que presume de hoz y martillo al defender dictaduras como la cubana donde, de momento, los únicos que participan son los comunistas.  Esos demócratas contumaces que celosos de la libertad impiden que el pueblo la abrace. En todo caso es llamativo que quieran llamar al pueblo andaluz a elaborar los presupuestos siendo expertos, como todos sabemos, en desfalcos gravísimos que abarcan todos los palos de nuestro ordenamiento jurídico. Lo del talento para cuadrar presupuestos podemos dejarlo para mejor ocasión.

A Pedro Sánchez no sólo se le han caído las vocales del nombre sino que 700.00 votos se  le han extraviado por el camino.  Pese a todo, el ex jugador de baloncesto, que amenaza con hacer bueno a ZP, saca pecho y ya sueña con crear nuevos tripartitos que garanticen  un nuevo cordón sanitario al PP. Eso incluye a los del nacionalistas vascos que, tan hideputas como siempre, proponen los himnos vasco y catalán para que el español no sea pitado en la final de copa. Y ya que estamos con el rollo de no ofender a nadie, yo invitaría a la banda municipal a tocar el Thriller de Michael Jackson el próximo sábado.

Seré muy claro con todos mis lectores; creo que Dios me hizo una enorme putada al hacerme nacer en España. Una broma de mal gusto que me hace perder la paciencia. Como no puedo llegar a convencer a nadie y no es plan de llegar a las manos, les dejo estas líneas a ver si el cabreo se me pasa de una puñetera vez; ¡Vaya tropa!


Sergio Calle Llorens

martes, 26 de mayo de 2015

JUAN CASSÁ

A Málaga le ha salido una estrella llamada Juan Cassá. Asturiano y presidente de Ciudadanos. Fuerza política que quedó cuarta sacando tres concejales. A pesar de ello, el tipo ha declarado a Diario Sur que quiere ser el nuevo alcalde de la Capital de la Costa del Sol. Dice que nadie puede quitarle esa ilusión que ya lloró bastante cuando acompañaba a Mario Conde en su aventura política. Como tiene las llaves de la Casona del parque, todos tratan de cortejarle y éste,  al que se le ve una ambición sin límites, se deja querer. Incluso la hija lerda del farero con menos luces que un barco pirata, experta en  fracasos en todos los distritos electorales de la ciudad, intenta que De la torre no sea reelegido.

La ilusión de Cassá me recuerda a la de mis sobrinos por tener un pene más grande. Tanto al político como a mis allegados les respondo lo mismo; cuestión de tiempo. Los niños lo entienden, pero el guaje que cada vez se parece más a Martin Feldman  al abrir los ojos, no sabe nada del trascurrir del tiempo junto al mediterráneo. En su caso, sería muy conveniente que dejara pasar muchas lunas porque así, entre otras cosas, podría dilucidar la diferencia que existe entre el Guadalmedina y el Guadalhorce. Su indigencia de conocimientos sobre Málaga se explica por el escaso cuarto de hora que lleva entre nosotros.

No quiero que nadie malinterprete mis palabras. Malagueño, al fin y al cabo, es el que decide serlo. Esta tierra es siempre hospitalaria y acogedora con los forasteros. Y no hace distinciones de lengua o de gentilicio. Ahí tienen la guía de teléfonos para comprobar la diferencia entre Málaga y el  resto de la taifa del sur. Empero, que un tipo de Avilés decida entregar las llaves de la joya de la corona al partido que más daño le ha hecho a esta tierra en los últimos treinta años, es de traca. Y mucho más si es de la mano, o los cuernos, de la representante de Belcebú  que  sería la encargada de destruir todo lo que hemos alcanzado en época reciente, a pesar del gobierno bananero de Andalucía. Cassá no lo sabe pero aquí estoy yo para contárselo; si pacta con el ángel de la muerte, la parca también se llevará por delante al partido de Albert Rivera a esta orilla de la patria salada. Será un tsunami cruel.

Es muy posible que desde Barcelona le enmienden la plana a Cassá pero, de consumarse la felonía, les juro que más de uno va a comenzar a quemar banderas asturianas por las calles de Málaga. En cualquier caso, es evidente que Rivera ha elegido rematadamente mal al candidato de esta ciudad que viene a ser, tan malo o peor, que el hombre del “flequillo inquietante” loco por pactar con Susana Díaz. Si esta es la regeneración que propone Ciudadanos, creo que lo próximo que me queda por ver es a Falete representando a España en Miss Universo. El tiempo corre en contra de Málaga pero al final, no lo duden, a algunos los van a terminar corriendo a gorrazos hasta Covadonga.

Coda: Cassa vete a tu casa. 


Sergio Calle Llorens

lunes, 25 de mayo de 2015

AUTODESTRUCCIÓN

Las urnas en las elecciones españolas son siempre funerarias. Un heraldo de miseria y oscuridad porque la turba elige lo peor de cada casa. Ganó el PP pero sin mayorías y, en casi todos sitios gobernará la ultraizquierda. Creo que esta vieja patria, herida ya de muerte, merece todo lo pero que pueda pasarle. Sus nacionales han demostrado que aman al padre estado pero odian a la nación. Y eso somos, un estado si nación.

El PP es un partido alejado del pensamiento liberal que nos ha destrozado a impuestos. Por ello, los socialistas y comunistas deberían ponerle un monumento a Rajoy que, además, gobierna como Franco; dejando que los problemas se eternicen. En la taifa del sur, apenas ya resiste Málaga como una isla alejada de los aires mortales que amenazan a  sus vecinas.

 Ya le adelanté a un senador del PP los resultados electorales y, como casi todos a los que expongo frente al espejo, me tildó de tremendista. Los patéticos populares son incapaces de entender que la secta del capullo no puede perder jamás Andalucía porque el pueblo, sí el andaluz, participa en un gran porcentaje de esa corrupción. En Valencia la corrupción ha sido grande pero pertenece a los constructores y grandes dirigentes del PP y, el populacho no se beneficia tanto de ella.

Lo de Barcelona y Madrid no lo adelantó nadie pero, con toda seguridad, muestran el retraso de una clase obrera que quiere vivir sin dar palo al agua. Los palos, como ya avanzan algunos, los guardan para los disidentes. La consecuencia de lo que se ha votado es clara; Barcelona se va a convertir en la capital mundial del perroflautismo. El lugar ideal del movimiento ocupa- y lo escribo así porque sencillamente no me da la gana ponerlo con k- con su manía antiglobalizadora y sus taras mentales. Madrid, por su parte, sabrá salir adelante porque si ha podido sobrevivir a Gallardón y a a Botella, nada podrá tumbarla jamás.

Deberíamos convertir a España en un país bolivariano y marcharnos todos a vivir al extranjero. Y cuando digo todos, me refiero a los liberales que de veras amamos ese bien supremo. Antes hemos de votar por Podemos, en cualquiera de sus formas. Luego podremos sentarnos a ver en la distancia  como convierten a Celtiberia en un verdadero infierno. Arderán iglesias de nuevo. Comenzarán los paseíllos. Aplicarán, a fin de cuentas, esa guerra civil que lleva esa gentuza en la cabeza. No sé los demás, pero yo no pienso mover un dedo ni para escribir una línea al respecto. Y el resto del mundo, con toda seguridad,  tampoco.


Sergio Calle Llorens

sábado, 23 de mayo de 2015

NO PUC MÉS


Lo peor no es que te quedes sin vida sino que te dejen sin cielo. Particularmente creo que yo ya no tengo ni  vigor y, mucho menos, paraíso. No puedo más y los segundos se me hacen semanas y los meses décadas. Me siento sólo rodeado de gente y, aunque alzo mi voz, se me oye pero nadie escucha.  Lo mejor sería marcharme o tomar mi barca para morir definitivamente en la isla de los naufragios.

El veneno de la soledad ha prendido en mi alma. La cicuta de la incomprensión ha rodeado mi existencia. Me duele el pecho y el doctor recomienda la panacea de unas prolongadas vacaciones sin preocupaciones; ¿Qué le parece a usted una casita de veraneo en el sur de Suecia?- una muy buena elección- me contesta- pues mándame un cheque a casa y hago la reserva. Suelta una carcajada que me acompaña hasta la parada del metro donde unos jóvenes hablan del problema catalán. No puedo evitar pensar que mientras el símbolo del decreciente movimiento independentista sea una monja argentina con fiebre uterina, el proceso tiene menos futuro que  Falete en la NASA. Alejo de mi mente esos pensamientos y me concentro en un artículo que viene a ser una sesuda reflexión de un articulista. La conclusión a la que llego es clara; los periodistas andaluces harían un gran papel  como comerciales de Chupa Chups.

Me siento ante una alfombra marina cuyos colores van desde el azul profundo hasta el turquesa. Abro una cerveza bien fría y dejo al mar que me hable en susurros. El primer sorbo me produce un placer profundo. Por un momento me siento como ese naufrago que besa la orilla tras varios días a la deriva. Observo a los lugareños pasear junto al mediterráneo ajenos a mi pequeño momento de paz. El primero de toda la semana, al fin. Me quedo allí esperando a que el sol se ponga tras la torre atalaya y que aparezca el crepúsculo. El problema es que siento no poder compartir con nadie ese momento glorioso en el que el astro besa al mar. Me abandono completamente y bebo para pensar multitud de variantes a cual más absurda. No se me ocurre nada brillante. Las musas se han mudado al otro barrio que, tarde o temprano, será nuestra morada definitiva. Suspiro. He de hacer algo, pienso. He de escapar a algún lugar lejano ajeno a la absoluta miseria que me rodea pero, sobre todo y por encima de todas las cosas, he de escapar de mí mismo. Esta vez, muy a mi pensar, no va a aparecer un clásico de Rock and Roll a encender la llama. Simplemente me apago.


Sergio Calle Llorens

miércoles, 20 de mayo de 2015

DE DERROTA EN DERROTA


Los países anglosajones suelen ganar  porque sus gobernantes  temen a los intelectuales capaces de hacerles caer. De ahí que se esmeren tanto. En Andalucía, en cambio, no existe una intelectualidad digna de ser llamada como tal. Los articulistas son de clase baja, o muy baja, y toda la crónica política se basa en la informentira que esconde las miserias de la taifa del sur. En cada frase demuestran lo poco que han viajado y,  lo poco acostumbrado que están al  consumo de champagne francés. Un desastre sin paliativos.

El problema regional también reside en la inexistencia de sociedad civil crítica con el poder. Una gran mayoría de andaluces, simplemente, desconoce como funciona el mundo y camina de derrota en derrota hasta el final de los tiempos. Que sólo en Cádiz y en Málaga hayan tenido círculos mercantiles desde tiempo inmemorial mientras el resto de territorios se conformaba con los ganaderos, lo dice todo aunque gran parte no entienda nada de lo que aquí dejo escrito.

 Falta cultura con mayúscula. Escasea la tensión por alcanzar cotas mayores. Manca finezza porque la turba jamás ha entendido lo que significa andar por Vía Venetto pero, obviamente, lo que sobran son los modelos sociales y culturales que vende Canal Sur.

La ausencia de liberalismo es total en las desgraciadas tierras del sur. La política activa se basa en  la subvención de observatorios, amigos, vagos y maleantes y, mientras más subvenciones haya, más mísera será Andalucía. Las tres últimas décadas deberían servir para huir del socialcretinismo que nos ha llevado hasta aquí pero, el andaluz es de un empecinamiento infinito.

Colectivamente, los andaluces sólo son capaces de vanagloriarse en romerías, fiestas y semanas santas. Individualmente las agallas sureñas suelen menguar de la misma forma que desaparecen los efectos del cubata. Hay una relación intensa entre nuestro estilo de vida y todas las veces que hemos hincado la rodilla.

 Si Andalucía fuese un ejército se entregaría una y otra vez a que el General les llevase al matadero una y otra vez. Si la taifa fuera un equipo de fútbol, jugaría en regional preferente. Empero, Andalucía es una autonomía cuyos dirigentes sólo tienen talento para meter la mano en la caja de los presupuestos. Dirigentes que salen del pueblo y vaya pueblo.

 Aquí, los abogados piden que les pagues en negro. Los empresarios, nada más ganar tres duros, se compran un coche para fardar entre los amigos. Los sindicalistas, que andan de mariscada en mariscada, se ríen de esos mismos trabajadores a los que dicen defender.

Mientras no digamos la verdad, Andalucía está condenada al hundimiento. Y la certeza es que navegamos en un mar de falsedades. Seamos francos aunque sea por una vez; el destino no hace visitas a domicilio y si queremos asaltar esa nave que se llama triunfo, habrá que matar por ello o morir en el intento. Ya lo dijo Wisnton Churchill; “no tengo nada que ofrecer sino sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas”. De no entenderlo, nos espera un infierno eterno y oscuro.


Sergio Calle Llorens

martes, 19 de mayo de 2015

DESPEDIDA

El macuto de un soldado es como el bolso de una mujer; un claro ejemplo de su personalidad. Como no es de recibo hurgar en el bolso de una dama, uno siempre puede sumergirse en su biblioteca, si es que tiene, para imaginar de qué forma tiene amueblada la azotea que domina su pensamiento. La literatura es un faro vital al que agarrarnos en esta existencia. El lujo de la lectura es un refugio que nos acaricia el alma. Y no hay mejor caricia que una buena conversa con una damisela instruida a base de experiencia y lecturas. Llega un momento en la vida en la que, indefectiblemente, hay que perder el culo por una buena cabeza. De mi amiga lo sé todo y no hay más que añadir salvo que nunca he entendido que, pese a todo lo que sabe, siempre camine por el peligroso desfiladero que conduce a ese personaje sombrío cuyo cuello siempre ansían mis manos.

Hablamos con unas trufas y un vino tinto en la quietud de la noche. La suave belleza de una montaña que se curva en el nocturno. Debatimos de cómo trabajar para alcanzar las estrellas y no estrellarnos. Compartimos el código Rocker, ese que empuja a pelear siempre. Todo es prescindible, me dice, menos el corazón le replico. Mi amiga parece haberse dejado las ganas de luchar en otra vida, tal vez casi no le quede vida. Le recuerdo que juramos que la derrota no tendría cabida en nosotros y que, costara lo que costara, alcanzaríamos nuestros sueños. Desgraciadamente, en demasiadas ocasiones los sueños son asesinados como Macbeth.  Ella, ya les digo, es experta en la vida y en esas tragedias que tan bien contaban los griegos.

 Se hace tarde y los dos intuimos un destello de reconocimiento en la mirada. Mi compañera de aventura debe marcharse a escribir las páginas blancas del resto de sus días y yo, amigo de años, he de dedicarme a vaya usted a saber qué.  Comienza a tararear ese clásico de those magic changes que evocan tiempos felices de una ciudad diferente  poblada de tribus urbanas. Recordamos esos chupitos bebidos en aquellos garitos de Pedregalejo. Rememoramos los baños nocturnos en el mar al claro de la luna y seguimos con los recuerdos hasta que el silencio se impone. Nos despedimos con un fuerte abrazo. Veo como se sienta junto a la ventanilla. A pesar de su altura, parece pequeña y asustada. Le lanzo un beso justo en el momento en el que una lágrima cae por su mejilla y la maquina comienza a perderse en las arterias de la noche  con rumbo desconocido. No puedo dejar de pensar en todas esas maravillosas mujeres maltratadas por sus parejas. Ellas que, por si no lo sabe yo se lo digo, son el pilar fundamental de la vida. Y por ellas estamos aquí.

Huye mi amiga, tras diez años largos de infierno en matrimonio, dejando un vacío doloroso en mi alma. Espero que el tren de la vida no vuelva a descarrilarle. Al menos me queda el consuelo de que en su bolso lleva esas fotos testigos de un pasado que si no fue mejor, al menos lo parecía. Ojalá que mi rostro no se difumine  en el ático de su memoria con el paso del tiempo . Dios quiera que encuentre un tío que, además de merecerla, entienda que Dios creó al hombre y luego tuvo una idea mejor.

¡May be the force be with you!


Sergio Calle Llorens

lunes, 18 de mayo de 2015

NAVEGANDO


La luz de la tarde se disuelve lentamente en un crepúsculo primaveral bañado en naranja. Hemos navegado todo el día hasta que el destino nos conduce a una cala donde detener el barco y acometer la cena. Bebemos vino blanco del Penedés y unas gambas rojas de Denia que considero las mejores por aquello de que se capturan en una sima por la que trascurren las corrientes de agua que van a Ibiza. Allí se concentra una gran cantidad de placton lo que contribuye a su crecimiento ejemplar. No obstante, no hay que descartar tampoco que las de Palamós o Almería tengan el honor de reinar en ese mundo marino tan desconocido para los que no conocen las delicias mediterráneas.

Cada cocina tiene su lugar; una paella es siempre valenciana y siempre es mejor degustarla en Castellón que en Madrid. Allí frente a un mar en calma voy acometiendo esas gambas que, a veces, desaparecen durante temporadas enteras. Pienso que la gastronomía es un ejercicio de nostalgia pura y dura. Rememorar a través de los sentidos del gusto el amor por el terruño. Por otra parte, mi ideal culinario es la simplicidad que prescinde del innecesario barroquismo. No soy partidario por tanto de las revoluciones en la cocina teniendo en la cabeza aquella cocina materna llena de magia. Manduco los majares marinos y dejo que el mar extienda sus olas blancas. La conversación gira en torno a los misterios de la vida. Es curioso como la mar nos termina de convencer siempre de nuestra pequeñez en el universo. El viento de poniente es suave y, allí en la cubierta vemos como las primeras luces de un pueblo cercano se encienden como antorchas. Tal vez es la sensación envolvente de la noche que me hace sentir melancólico. De pronto, me entran unas ganas locas de escribir aquella canción de amor que prometí. De improviso, raíces de plantas tristes suben a mi gola  cuyas ramas arriban directamente del corazón. Pergeñar versos en el aire es difícil cuando la miriada de movimientos marinos compite con los del alma. La tarta de fresa arriba en el momento justo para alejarme, aunque sea momentáneamente, de mis brumas. Luego hablamos de Montaigue, de Stenchal y del mismísimo Cervantes. La cocina obviamente, ha pasado a un segundo plano aunque en mi interior se cuece un cocido llamado tormenta.

Deviene el silencio en la noche en un cielo poblado de estrellas. Estoy tumbado observando aquella bóveda celestial ajena a todo. Si la comida exige que las cosas tengan el sabor de lo que son y que jamás estén adulteradas, la mar reclama respeto a todos aquellos que nos adentramos en ella. Nada de móviles ni de zarandajas de marinos de agua dulce que importunan a los que conocemos su lenguaje. Neptuno tiene muy mal genio. Hay gente que no merece, sencillamente, estar físicamente en el mediterráneo. Silencio y más silencio mientras estrellas fugaces siguen cayendo del cielo. Me estremezco en mi más fría soledad cuando la luna viene a acostarse a mi cama, que es la cubierta de ese bendito barco. Pegado a estribor contemplo el bellísimo nocturno. A lo lejos suena la sirena de un barco que me hace recordar historias de naufragios que, como muchos sueños, tienen querencia por el fondo del mar. La madrugada sigue entre el espectáculo del firmamento y ondas oscuras. Seguimos navegando por el azaroso mar de la vida y no, no quiero cerrar los ojos nunca.


Sergio Calle Llorens

viernes, 15 de mayo de 2015

TONGO


El fútbol español es un fraude sin parangón. La historia de una corrupción permanente con unos intereses espurios que responden al dominio de un club cuyos tejemanejes están entrelazados con los de los medios de comunicación. Les hablo del Real Madrid de Florentino Pérez cuyo delirante testimonio al Juez Eloy Velasco en el caso de la trama Púnica, ha sido silenciado en las páginas de los principales rotativos patrios. Tampoco las cadenas de televisión han tocado la noticia no fuera ser que el Padrino se enfadara con ellos. Ocurrió, como nos cuenta El Confidencial, el mismo día en que el ministro de Justicia, Rafael Catalá, proponía la aplicación de una ley mordaza para “sancionar con firmeza a los que filtren información que sea objeto de investigaciones judiciales”.
Es sintomático que nadie haya querido hacerse eco del reconocimiento del presidente del club de Concha Espina el pago de 300.000 euros durante un año a Alejandro de Pedro Llorca, empresario valenciano hoy en la trena, para que cuidara de la imagen del Madrid en las redes sociales. Un tipejo del que nadie sabía casi nada y que tenía unas deudas millonarias con una cartera de cliente tan exigua como las neuronas de un socialista andaluz.  Cuesta creerlo y, de hecho, el Juez no se lo cree. Casi doscientos millones de seguidores en las redes de todo el mundo, y Florentino contrata a una empresa de Valencia casi desconocida y sin capacidad para realizar este trabajo.  Él sabrá por qué pero dejemos al inteligente lector que saque sus propias conjeturas.
En la grabación podemos escuchar su arrogancia al contestar al juez cuando éste le preguntó si había pagado dinero al PP: “Si me conociera no se atrevería a hacerme esa pregunta”. En verdad, el magistrado conoce tan bien al personaje que por eso le cuestionó al respecto. El problema, claro está, es que Pérez piensa que los funcionarios de justicia, deben ser como los periodistas de cualquier programa deportivo donde abundan las rodillas desgastadas. Huelga añadir que Florentino no tiene miedo, como él mismo ha declarado  por su palco, que se parece a las cacerías de Franco, pasan Ministros, periodistas y hasta jueces del Tribunal Supremo. Ahí está el tomate de todas las salsas que complementan los platos del deporte rey.
Probablemente todavía exista gente tan cándida que obvie que los Comités de Competición se reúnen para favorecer al Madrid. Tal vez haya gente inocente que no entienda cómo funcionan los colegiados. Quizá esos candorosos no sepan nada de lo que publica la prensa internacional sobre Platini y Blatter.  Empero,  los escandalosos arbitrajes que sufren equipos como el Málaga, con tal de que el Athletic se clasifique para la UEFA, son vistos por la prensa nacional de forma natural. Así como las no sanciones a Ronaldo cada vez que grita que le están robando.  Vaya que lo del silencio de la prensa es sintomático del tongo que es el fútbol español. Tan sintomático como la forma tan arrogante en la que Florentino se dirige al Fiscal. Se sabe el dueño del mundo. El hombre que conoce cómo funcionan los sorteos de emparejamientos y las debilidades de todos aquellos que, sin que les caiga la cara de vergüenza, afirman que los árbitros a veces te dan y otras te quitan. Son los mismos zangolotinos que luego terminan trabajando, de una u otra manera,  para las empresas del padrino del fútbol español.  En conclusión; la información independiente ha muerto y los buitres madridistas se siguen alimentando de la carne de los periodistas. Como dijo Unamuno; “Vencerán pero no convencerán”. Y ya ni eso porque han sido justamente eliminados de todas las competiciones a pesar de las constantes ayudas.

Coda: Recientemente se anunció en la prensa las sanciones a Real Madrid y Atlético y, rápidamente el Presidente de la RFEF, Don Ángel Villar, se presentó ante el organismo competente para tratar de parar el proceso. Lástima que no hiciera lo mismo cuando al Málaga lo sancionaron con premeditación y alevosía.

Sergio Calle Llorens

martes, 12 de mayo de 2015

LACTANTES

Suelo tomar esos autobuses metropolitanos que unen los pueblos con la capital. Viajar en ellos supone una aventura surrealista. Me llama la atención como siempre hay tres pasajeros que tras abonar el correspondiente billete se quedan hablando con un paisano. La cosa no tendría mayor importancia si no estuvieran impidiendo el paso al resto de usuarios. Si no saben viajar en autobús, imaginen en un avión.

Ayer mismo el conductor de uno de estos vehículos tuvo que abroncar a un orondo señor, primo por lo  visto de un hipopótamo africano, que impedía la circulación de pasajeros.. Finalmente dejó pasó a dos señoras que se adentraron en la maquina con sus carros de Ben- Hur acompañadas de sus bebés.

Es extraordinario la atención que levantan los lactantes entre el personal femenino. A dos palmos de la puerta de salida, la llamada de la maternidad hacía babear a una moza ante la visión de la criatura. Al otro lado, una señora que fue al colegio con Nefertiti, si nos atenemos a sus arrugas, interpelaba a la mamá extranjera acerca de su niño, a pesar de que ésta era incapaz de entenderla. La cosa era algo así; ¿Cómo se llama? La otra se encogía de hombros. Y la señora a la carga de nuevo; Yo Chita, tú Tarzán y el niño… Sé que podría haber hecho de intérprete pero la guiri me daba la espalda  dejando al descubierto unas nalgas sobresalientes divididas en dos rotundos cachetes. Cada uno con su personalidad propia. El Apocalipsis y cada vez que los movía, el problema del calentamiento global del planeta se agravaba. Junto a la mamá española, viajaba su progenitora agarrando la mano de su nieto. A cada monería del chiquillo, la abuela movía la cabeza como un periscopio buscando la aprobación del personal que, a tenor de la escena, ya estaba entregado por completo riendo con los gorgoteos del rapaz. En verdad, creo que la yaya estaba viviendo el momento más sublime de su existencia. Por mi parte, seguía embelezado con la forastera a la que, para su desgracia, seguía aplicando el tercer grado la mona local;  ansiaba saber la edad del niño, si comía bien, si dormía plácidamente y otras nimiedades cuando lo relevante, digo yo, eran sus gustos sexuales, el tipo de pezones que gasta y hasta su disponibilidad sexual tras acostar al dichoso bebé. Llegado a este punto de la narración, quiero añadir que a mí los niños sólo me gustan cuando son capaces de comunicar algo en alguna parla. Por lo demás, con tan poca edad los considero un puñetero coñazo cuyos desvaríos compiten con los de los patéticos presentadores de Canal Sur.

Al vulgo le gusta exhibir sus bebés por los paseos marítimos, en las tiendas, en el transporte público y hasta en las redes sociales donde, en mi opinión, a todos los que cuelgan fotos de su descendencia de forma habitual habría que colgarles del palo mayor de un barco.

Aplicando la teoría socrática de que para desembarcar en la isla de la sabiduría hay que navegar en un océano de aflicciones, llego a la conclusión de que no hay peor congoja que contemplar a un monigote sin dientes con la convicción absoluta de que un día, probablemente no tan lejano, el rapaz se convierta en un socialista andaluz o, casi peor, en un sindicalista gorrón. Así que hasta despejar la duda, estos lactantes deben ser considerados como potenciales hijos de la grandísima puta.


Sergio Calle Llorens

lunes, 11 de mayo de 2015

MIS SILENCIOS

El otro día una amiga tuvo la amabilidad de llamarme para tener una plática conmigo. Decía que había escuchado una entrevista que me habían hecho en la radio. Quería saber directamente  la causa de que no me prodigue más en los medios de comunicación. Quiero compartir con todos mis lectores la respuesta que le dí a mi guapa interlocutora.

Soy un hombre de muchas dudas y de escasísimas certezas en relación a mi persona. Entre las últimas destacaría tres; La primera es que mis ideas no valen ni un pimiento. La segunda es que aunque tuviera algo interesante que decir, no hallaría nadie dispuesto a escucharme. La tercera, pero no menos importante, se basa en el convencimiento de que he hecho en mi vida lo que tenía que hacer pero, si lo hice, la verdad es que no lo recuerdo. Si se unen todas las certezas  mis prolongados silencios devienen entendidos.

Como articulista intento desvelar la realidad, o lo que yo percibo como tal, provocando emociones. Procuro encontrar el adjetivo pero no me duelen prendas en admitir que rara vez lo he conseguido. En cualquier caso, tirar de la manta sin que se caigan los platos es tarea harto difícil. Normalmente soy yo que el que termina recogiendo los trozos de la vajilla del suelo. Radiografiar Andalucía me ha traído muchos disgustos pero en peores plazas he toreado yo. Barrunto un odio hacia mi persona. A veces es la prosa, otras el natalicio lo que provocan esta animadversión prolongada en el tiempo. No importa porque escribir es meterse en problemas.

Por otra parte, me gusta más escuchar que escucharme aunque la parla local este llena de estulticia. Además, poner el oído me permite convencerme de que el hombre no viene del mono sino de la gallina. A veces no tengo ni que pedir a mi interlocutor que repita un axioma para darme cuenta de que es un patán elevado a la enésima potencia. Así que callo y como, escucho y bebo cervecitas junto al mediterráneo. Ese manto azul lleno que encierra toda la sabiduría del mundo.

Creo que el sistema que aplican los seres humanos es el de la adulación en las conversas. Aparentan que escuchan para demostrar que, de verdad, sienten empatía cuando en realidad sólo piensan en colocar sus historias a menos que nos descuidemos. En su defensa añadiré que escuchar es un ejercicio fatigoso. Yo aspiro a escuchar bien, pero también anhelo alcanzar la independencia que no es otra cosa que vivir sin tener que escuchar absolutamente a nadie.

Sergio Calle Llorens

domingo, 10 de mayo de 2015

MI TÍA


Unas viejas fotos en blanco y negro. Unas cartas olvidadas escritas en valenciano que narran secretos familiares. Ecos de un pasado que no mueve molinos pero, al menos, agitan mi conciencia. Ella era mi tía abuela. Una mujer bellísima con sus cabellos dorados y unos profundos ojos azules. Fémina que despertaba admiración por donde quiera que fuera. Yo no tuve el placer de conocerla en vida ya que los ángeles, o eso decía mi madre, se la llevaron demasiado pronto. Conviví con sus hijos que hablaban francés, italiano, español y la lengua de Valencia.
Verán todo empezó recién estrenada la década de los sesenta cuando la pobre no tuvo más remedio que buscarse la vida al centro de Europa. Se estableció en un pequeño pueblo de la Suiza francesa llamado Lelanderon, muy cerquita de Neuchatel. Desde allí fue tirando de sus primos a los que mandó el dinero para que la siguieran en la aventura. Y allí siguen. Todos eran hijos de profesores republicanos que, tras la guerra incivil española, el régimen franquista les impidió ejercer de nuevo su profesión. Desgraciadamente, no llegaron a tiempo de evitar que la pariente cayera rendida en los brazos de un Casanova italiano que le dio muy mala vida.
Leo esas líneas bañadas en una soledad febril, aterradora que la paralizaba de miedo en una tierra que sentía extraña. Escribía esas cartas desde el asilo en el que trabajaba que aparece en el reverso de esa tarjeta. Añoraba Málaga, Denia y toda España a la que jamás pudo volver con vida. La historia oficial afirma que murió víctima de una embolia. La no oficial era un susurro que apuntaba a su marido como responsable directo de su fallecimiento. Su vida truncada por un maldito veneno. Mi tío, su hermano, que ya por entonces era Legionario tomó un tren con destino a ese frío país, para acabar con el italiano. Por fortuna pudieron pararlo en la frontera antes de que fuera demasiado tarde.
Luego arribaron a casa de mis padres los sobrinos de mi madre hasta que el transalpino se casó con otra y reclamó a los bambinos. No lo hizo por amor, sino porque su nueva esposa era incapaz de concebir niños. Aquello fue uno de los mayores traumas de la familia.
Estoy leyendo a mi tía en su valenciano dulce y no puedo evitar estremecerme. Siento su dolor como propia y la soledad, que tanto la amargaba, me araña el corazón en esta noche de primavera. Tal vez su vida hubiera sido muy diferente si el abuelo Antón no hubiera tenido tan mala cabeza, aunque tan bien es verdad, que muchas personas tienen la desgracia de haber tenido a ángeles de la guarda que siempre andan despistadillos. El destino, por otra parte, es una pendencia curiosa.
Han pasado ya muchas lunas desde aquellos desgraciados días de Suiza. Y muchas más desde que ella posó a la fotografía ajena a todo lo que le esperaba tras la esquina de la vida. Su belleza me tiene cautivado y puedo intuir a mi madre en ella. Creo que no dejaré de pasar la ocasión de poner flores en la mar en  la memoria de ambas hermanas. Entran dos rayos de luna plateados para iluminar la estancia desde donde escribo estas letras tras  leer estas líneas:
“Puc vore la lluna des de la meua habitacio. Alguna cosa poc normal perque aci sempre està nuvolat. La veritat es que sempre que la veig alli amunt pense en la meua germana de l'anima a la que vullc tant”.
Ella también te quería y no dejó de acordarse de ti ni un día.
Sergio Calle Llorens

viernes, 8 de mayo de 2015

EN LA PLAYA


El mar completamente azul y a mi hija se le está dorando el cabello. El sol en lo alto y un baño mañanero para curar todos los males del espíritu. Las olas acariciando su rostro y las gaviotas alzando el vuelo. La fina arena haciendo de almohada y una canción que me asalta el sentido; tonada de mis tiempos de rebeldía que dejó impresa en mi corazón el código rocker. En ese instante, pienso en el camino para llegar hasta aquí. En los miles de kilómetros recorridos. En la cantidad de castillos asaltados. En los miles de fracasos. En las sonrisas de los que se fueron y, en la inmensa generosidad que tuvieron conmigo.
Es el día de la madre y mi hija ha acordado con mi hermana escribirle unas notas a su abuela y enviarla al cielo dentro de un globo. Es una sensación agradable ver como las historias de mi vida han terminando prendiendo en el corazón de los hijos. Es conmovedor sentir la candidez de una niña que ahora, por cierto, me conduce al agua para jugar con ella. A menos de media milla náutica vemos pasar un barquito en dirección este y al frente un enorme crucero busca la bahía de Málaga.  La escena le hubiera inmortalizado Sorolla o cualquiera de esos grandes pintores que hoy se encuentran en el Museo Carmen Thyssen.  Lástima que hoy la gente apenas tenga tiempo de degustar esos paisajes marinos ya que todo, absolutamente todo, lo fían al móvil y al contacto con todos aquellos que no están presentes. No parece muy lejano el día en el que las parejas de novios se casen por Whatsap.  Un desastre, un ruinoso y completo desastre.

La niña me va contando historias y chascarrillos hasta que es tiempo de secarnos en la orilla. Allí me pide que comparta recuerdos del pasado. Le hablo de damas de noches embriagadoras. Del jazmín. Del olor a hierba recién cortada. Del mochuelo que desde su atalaya esperaba capturar a los ratones. Del silencio del verano.  De las lecturas iniciáticas. De las voces quedas. De las rosas y de aquellas estrellas del cielo. Está bellísima con esa  concentración que se le pone cuando trata de asimilar todo lo que le relato, especialmente los domingos de mañana cuando llega a mi cama dispuesta a sacar varios millones de sonrisas. Al verla pienso que tal vez, sólo tal vez,  el secreto de la felicidad se encuentre precisamente en esos instantes bajo las mantas en los que padres e hijos cosemos un cordón umbilical invisible que nos une de aquí a la eternidad.  Suena la sirena de un barco y con cara muy seria le digo que tal vez sea el navío del Holandés Errante. Salta a mis brazos despavorida y me siento el más feliz de los hombres. Bendita vida.

Sergio Calle Llorens

martes, 5 de mayo de 2015

MI UNIVERSO


Nunca me han gustado las palmaditas en la espada por miedo a acostumbrarme. Jamás he aceptado las medallas por temor a que con su peso me impidan seguir mi camino. Además, el riesgo de que te las concedas es que luego se sienten con el derecho a una fidelidad extrema. Lo mío es colocar un paso tras otro sin hacer ningún ruido en la gravilla. Sin comprometerme demasiado con nadie. Aplicar soluciones individuales a problemas colectivos. Pasar por el tapiz terráqueo con un ojo en el mar y otro en mi corazón. Me abruma el ruido y tengo una querencia especial por el silencio. No soporto las conversaciones vacías y los discursos llenos de tópicos. Ciertamente mis opiniones no valen ni un pimiento pero, aquí sigo dándole a la tecla incluso cuando me estoy quedando sin cielo.
Al contrario de los que se puede desprender de mis textos, soy alguien que huye de los conflictos pero, si alguien cruza la línea que ha marcado mi acero, tomo la espada y acometo con la furia de un soldado de los viejos Tercios de Flandes. Algo chapado a la antigua suelo ceder los asientos a las señoras en el metro y, jamás alzo la voz más allá de lo necesario en un lugar público. Me encuentro muy cómodo entre libros y escuchando a los que saben. Mi amor a las lenguas se remonta a mi más tierna infancia. Me recuerdo siempre con un libro en la mano aunque fuera en otra parla y, de aquello me viene una alergia tremenda hacia los separadores y los separatistas patrios.  Lejos de la mar y de las letras me siento completamente perdido y sólo las huellas sonoras del Rock and Roll hacen que no termine sonado del todo.

Siempre me ha interesado más el resultado del arte y algo menos el proceso que ha usado el artista para alcanzar el fruto. Las obras maestras deben de ser como esas mujeres que tras pasar horas arreglándose aparecen radiantes para una cena con velas. Personalmente no me importa lo que hayan hecho para estar tan bellas porque lo relevante es el acabado. A muchos escribidores les encanta escucharse hablando sobre la psicología de sus personajes. Suelen usar teorías a cual más rebuscada para parecer intelectuales de primer orden. Yo me decanto por no explicar nada porque todo está queda aclarado en la obra que es un espejo del que la admira. A veces he encontrado más profundidad y belleza en un buen plato típico de los Montes de Málaga que en una delicatesen servida en un restaurante de Manhattan.  La cocina debe de ser más efectiva que efectista y el arte, imagino, una forma de explicar el mundo.

Mi universo es multicolor pero no parece ser apreciado por el prójimo que se declara daltónico. También podría ser que mis tonalidades sean más grises una postal antigua. Soy todo dudas. Mi única certeza es que todos los que acuden a un servidor en busca de consejos cuando tropiezan en las piedras de la vida, se esconden tras a ellas, o desaparecen en un halo de misterio. Dejemos que ese enigma vital sea envuelto por el silencio de la noche.

Sergio Calle Llorens

domingo, 3 de mayo de 2015

EL OBSERVADOR


El Observador es una revista que pretende ser la columna vertebral de opinión del socialismo malagueño cuando no llega ni a espinitas de sardinas de la bahía de Málaga.  Por cada línea escrita un ridículo sin paliativos. Por cada artículo un nuevo tarado se asoma al balcón de la desvergüenza. No hace falta ser un licenciado en óptica para ver quién está detrás de este infumable panfleto. Son ellos los que llamaron a María Gámez la Obama de Málaga en las pasadas elecciones. Justificaban su sesión oral a la hija del farero con menos luces que un barco pirata diciendo que era tal la ilusión que despertaba en la ciudad que, claro está, la tiñeron de moreno para asemejarla al presidente norteamericano. Les faltó el “Yes we can”, pero no pudieron porque la marquesa de la chalaura fue la primera socialista en perder las elecciones en todos los distritos de la Capital de la Costa del Sol.
Ahora vuelven a la carga criticando la política turística del Alcalde por no apostar por un desarrollo sostenible y evitar, eso dicen, que cometamos los mismos errores de Barcelona. Y mire que el regidor tiene mucho que criticar pero atacar la línea de flotación del punto fuerte de la ciudad, es de memos. Para no iniciados, hay que recordar que el “desarrollo sostenible” de ciudad que tenían, y tienen los socialistas, es el de convertir a Málaga en ciudad dormitorio de la costa. Hubo un tiempo que la Junta, su Junta, nos prohibía colocar hasta las señales de los hoteles. Aquello está ya superado y, volver a caer en las garras de la secta del capullo no es una opción ni tan siquiera para el líder nacional de los socialistas que, obviamente, no arribará a la ciudad del paraíso para apoyar a la pérfida Gámez.

El problema de estos “observadores”, que jamás observan nada de la corrupción de su partido o las irregularidades de la Fundación de su  mismísima universidad, no ven, porque no lo desean, que en el primer mes de funcionamiento del Centro Pompidou de Málaga, el muelle  uno del Puerto ha recibido más de 700.000 visitas. Ese enclave artístico, el primero fuera de Francia, compone junto al Carmen Thysssen, el Picasso, el Museo Ruso y el CAC una milla de oro envidiada en toda España.  
 
Por otra parte, que esta pandilla de incapaces mencione a Barcelona demuestra hasta qué punto no temen el ridículo. Veamos, la Ciudad Condal está sufriendo en la actualidad el haber apostado por hacer de la urbe un lugar mucho más habitable para los turistas que para los barceloneses de toda la vida. Junto a  la propia plaza de la Sagrada Familia, tan usada por los lugareños y sus familias, se le colocó un mamotreto donde aparcar los autobuses turísticos que visitan la obra maestra de Gaudí. Algo que no está pasando en Málaga.

Escribir es un acto de libertad y de amor, que probablemente sean la misma cosa. La libertad es un deber ciudadano y el amor es una exigencia hacia el prójimo. El problema de la muchachada del Observador es que escribe con un odio hacia Málaga inmenso y se les nota a leguas. Su único amor es al partido que está detrás de su panfleto. Su misión tiene el sabor del beso de Judas y, por más que traten de ocultar sus taras mentales, no lo logran en ningún caso. Ese desprecio hacia la inteligencia del personal es propio de almas atrofiadas. Deberían, en vez de pergeñar líbelos loquinarios, dedicarse a algo que realmente amen. Alguna actividad provechosa que no haga daño a nadie; ¿Qué les parece la recogida de espárragos?

Sergio Calle Llorens

sábado, 2 de mayo de 2015

LA MEDITERRANEIDAD


En los atardeceres cárdenos de mi patria salada suelo pensar en el significado de las mediterraneidad. Tal vez apenas sea el paisaje, la buena mesa y la apertura de mente que contrasta con esa costumbre, tan andaluza por otra parte, de contaminar el debate por el encono político.  El andalucismo, en mi modesta opinión, es una diarrea mental colectiva que como todos los ismos, suele prender en los pueblos de poca entidad. Lo mediterráneo es, o debiera ser, otra cosa.
Mis diatribas libérrimas contra la Andalucía oficial se explican, en parte, por ese componente mediterráneo que se opone a todo lo que yo detesto; cortedad de miras, ruido insoportable, personas con actitudes gallináceas y ausencia de mentes empíricas. El mar suele abrazar diferentes culturas y, los pobladores de sus orillas adquieren unas tonalidades cromáticas diferentes a las de aquellos que boquean en el interior. A resultas de ello, Denia, Ibiza,  Cadaqués o Nerja son poblaciones donde nos sentimos mucho más cómodo que en cualquier punto de la geografía andaluza del interior. Si uno lo piensa bien, es realmente conmovedor comprobar cómo un malagueño mediterráneo sufre una incapacidad absoluta para hacerse entender por uno de Coria del Río. Ese indeleble deseo de hacerle ver su realidad se topa, casi siempre, con un muro granítico imposible de derribar. Empero, el debate se torna mucho más sencillo con una dama de Alicante. Debe ser el componente mediterráneo. En todo caso, siempre es mejor sentirnos culpables de ese fracaso comunicativo que tener que dar explicaciones de lo que no sentimos como propio.

La mediterraneidad se basa en unas cuantas certezas que acercan las olas rizadas a nuestras orillas. Ese moderado epicureísmo que constituye la única militancia presentable al hombre cuerdo. Una aceptación de la condición de los otros. Un alejamiento de aquellos que no entienden esta hermandad cultural que va más allá de fronteras regionales. La ataraxia, que no es otra cosa que la ausencia de turbación, es inimaginable cuando soportamos un modelo cuyo único logro, desde un punto de visto cultural, es la imposición de unos valores ajenos a esta condición mediterránea. La intransigencia, que no puede pertenecer a esa característica tan nuestra, siempre choca con la moderación de aquellos que nos imaginamos parte de un todo más profundo.

El problema es cuando le das el poder sobre estas orillas a alguien que desconoce casi todo y, encima, es incapaz de hilar dos lecturas para comprendernos. Con lo fácil que sería que nos dejaran vivir del comercio como los fenicios. Con lo sencillo que supondría que aplicaran nuestro modelo de hacer negocios; Bajar impuestos para poder gastar el dinero en bellas señoritas. Entiendan que no somos geniales pero sí eficaces a la hora de crear riqueza. Empero, cada día que el gris amanecer retira el telón oscuro de la noche, Andalucía entrega el mando de nuestra nave a un timonel que al entrar en contacto con una carta náutica , aparenta desear que nuestro barco se termine estrellando contra las rocas. Se escora tanto  a babor que el navío parece estar borracho. Y luego, el botarate de turno agita los brazos de forma tan discreta como un elefante en Calle Larios.  En esos momentos, nuestras manos ansían el cuello del piloto. Luego todo se atempera por el apunte racionalista y vuelve la calma chicha hasta el día, claro está, de que esta población tan levantisca dedica echar al patán de turno por la borda. Y no hay nada más propio del mediterráneo que los motines y los abordajes.

¡Cuidado!

Sergio Calle Llorens

viernes, 1 de mayo de 2015

SILENCIO


Después de la lectura el bosque parece más misterioso. Un remanso de paz al que huir temprano de mañana cuando los lugareños duermen. A lo lejos aparece tras la neblina una armada fantasmal  surgida como por encanto.  Las blancas crestas de las olas acarician esos barcos que pierden el menor tiempo posible porque, creo, no tienen tiempo que perder. Me siento en un claro de la patria arbórea para leer unos artículos infumables pero que, al menos, me ayudan a aprender que significa ser progre en la Ciudad del Paraíso. Es difícil entender como los directores de esos periódicos no les dan la baja a todos esos escribidores de pacotilla. Esos que clamaban al cielo asegurando que el apocalipsis andaba cerca.  Con humor y tristeza me voy choteando de los plumillas que compiten en ego con Noctiluca.
Suenan las roncas notas de una avioneta que surca los cielos teñidos de un bermejo profundo. Candelabros de llamas que me hacen recitar esa vieja oración; “Oh Dios ya sabes lo atareado que estaré hoy. Si te olvido, no me olvides tú”.  Pienso que lo malo de vivir no es que te espere la muerte, sino que nunca vivas del todo. Lo malo de morirte es que nadie, o casi, se acordará de uno cuando tome cañas en el otro barrio. A resultas de estas certezas mías, creo que nunca me quedaré sin cielo pero, a cambio, no tengo esperanza alguna.

Hubo un tiempo que yo tenía fe, inmensas cantidades de ella, hoy la convicción ha pasado a peor vida. Existencia entre dudas y tinieblas por aquello de que ser lúcido y español, lejos de ser una bendición, constituye una puñetera condena. Decía Shakespeare que los viajes terminan cuando los amantes se encuentran. Tal vez tuviera razón. En mi caso, mi andadura siempre acaba en un muro de incomprensión Kafka, que era el escritor que mejor narraba la soledad, lo hubiera expresado mucho mejor.

Observo la falda de tierra que cae dulcemente hasta la mar desde estos montes situados de perfil. Pienso en italiano aquello de non si trova pace se non nei boschi. Y el bosque, que compite en armonía con el mediterráneo me ayuda a sobrellevar el estropicio meridional y tartésico en el que me hallo. No encajo en ningún sitio y no hay encajes para mis sitios. Si yo hubiera sido una botella con un mensaje dentro surcando los mares, sería como aquel Holandés Errante condenado a vagar por toda la eternidad. Todavía hay gente que me dice que soy un trasatlántico cuando no llego ni a jábega. Aún me dicen que soy un volcán a punto de estallar pero, por no tener, no tengo ni cenizas.  Canturreo, imagino para alegrarme el alba,  una vieja balada de Frankie Valli and the Four Seasons;

Headed for city lights, climbed the ladder up to fortune and fame. I worked my fingers to the bone. Made myself a name. Funny I seemed to find that no matter how the years unwind, still I reminisce bout the girl I miss and the love I left behind.

Mi tonada es interrumpida, por las campanas de una ermita que, como todas en estas orillas marinas, tocan a muerto.  Comienzo el descenso escuchando pasar el viento entre los pinos. Deambulo hasta la última hilera de árboles para contemplar el mar en calma que me susurra su canción triste. Llega la hora de desaparecer.

Sergio Calle Llorens