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domingo, 22 de diciembre de 2013

RIVERA; EL KENNEDY ESPAÑOL

Albert Rivera representa como nadie el viejo anhelo liberal de que todos los españoles seamos iguales ante la ley. Un sueño que, lejos de materializarse en la España de la transición se ha convertido en pesadilla; ventajas fiscales navarras, el cupo vasco, el peligro de secesión catalana y los deseos de Sevilla de contar con privilegios económicos por ser capital autonómica. Ante tanto desvarío, el de Barcelona representa lo mejor de las Españas con un discurso moderado, inteligente y coherente.

Albert no levanta la voz pero se levanta ante tanta injusticia. Viene a decirnos que los territorios no pagan impuestos sino los ciudadanos. Y por ello, encabeza un movimiento  que huye del nacionalismo de campanario instalado en Cataluña. Llegó sin hacer ruido y aunque fue ninguneado por los medios, sus resultados electorales han sido espectaculares. De nada han valido los ataques furibundos a su persona en TV3, ni siquiera la quema de las sedes de su partido.

El catalán por cuyas venas corre sangre malagueña es el hombre elegido para llevarnos a la tierra prometida. Esa en la que dejamos de ser súbditos para convertirnos en ciudadanos. Rivera, que es un tipo joven y apuesto, recuerda al Kennedy de sus mejores tiempos. A diferencia del americano, el español no pide que la gente se pregunte lo que pueden hacer ellos por su país, les muestra con el ejemplo lo que hay que hacer por la madre España; un pacto por la educación que dure más de tres décadas, que el estado recupere competencias, listas abiertas, una ley electoral justa y proporcional, un alejamiento de los partidos tradicionales del poder judicial. En definitiva, cambiar todo aquello que el PP y el PSOE llevan destrozando demasiado tiempo.

A ratos el PSOE se nos vuelve federalismo asimétrico, republicano, federalista cuando todos sabemos que lo suyo es el latrocinio institucionalizado. Por su parte, el PP aplica aquella tendencia homicida de arruinar lo público para luego privatizarlo, por no hablar, claro está, de su tendencia a retroceder varias décadas en el tiempo. IU es tan totalitaria y tan bufonesca, que no merece la pena ni su análisis. A lo sumo, dos o tres pinceladas de Valderas y los suyos son suficientes para salir corriendo.

El movimiento ciudadano pretende apuntalar la constitución española que, aunque algunos finjan no  saberlo, es la garante de nuestros derechos y libertades, porque en un estado de derecho, lo legítimo es lo legal. Llevamos desde 1981 viendo como los nacionalistas catalanes o vascos se pasan las resoluciones judiciales por la entrepierna. Todo les sale gratis. No hay nada por lo que paguen y la moda es el insulto a España y a los españoles que no piensan como ellos.

Si Kennedy se enfrentó a la segregación racial, el crimen organizado y la corrupción política, Rivera tiene que vérselas con una población radicalizada donde el adversario político no nacionalista,se convierte en un enemigo al que abatir. Kennedy consideraba su triunfo electoral, no la victoria de un partido, sino un acto de libertad simbólico, de un fin tanto como de un comienzo que significaba una renovación a la par que un cambio. Y eso, queridos amigos, es lo que trata de realizar Albert Rivera en nuestra vieja nación herida.

El acto de libertad de Rivera significa una regeneración que no puede esperar más tiempo. El de Barcelona es el heredero de esa aspiración liberal que considera que los demás pueden estar en lo cierto, y uno ser el equivocado. La única certeza es el amor por la democracia, el deseo de recoger la antorcha porque una nueva generación de españoles está, sencillamente, harta de esperar un futuro que nunca arribará a nuestras costas. La fortuna no hace visitas a domicilio y hemos de torcerle la mano a esa ruleta caprichosa. Por eso, el movimiento ciudadano confía en la persona más revolucionaria que ha dado nuestro tiempo. Y es que, en los tiempos que corren, lo revolucionario es defender a España y la plena igualdad de todos los españoles.

Es el momento de luchar por la supervivencia de España como nación y, a su vez, por el triunfo de la libertad por la que hemos de pagar cualquier precio y sobrellevar cualquier penalidad por dura que sea. Kennedy fue a Berlín tras la construcción del muro de la vergüenza comunista y gritó que era un berlinés. Y el mundo libre aulló de alegría. El hijo de aquel inmigrante irlandés fue asesinado pero su  sueño, a la larga, se terminó imponiendo al comunismo asesino. El muro terminó cayendo.

Hoy hay muchos muros en España. Tenemos los muros imaginarios creados por décadas de educación nacionalistas. También tenemos el muro andaluz donde un régimen podrido y corrupto conduce a la población a un paro africano. Son muros que se pueden y se van a derribar. Sencillamente somos más los españoles que creemos en esa tercera España. En la nación donde cabemos todos y nadie es discriminado por razones de lengua, sexo, origen o condición social.. Unos compatriotas dispuestos a desterrar el provincianismo y abrazar al mundo. Somos gentes alejadas de los separadores y los separatistas. En definitiva, los muros que han levantado las castas políticas han de caer porque  hoy hay un grito que recorre todos los rincones; Somos muchos Albert Rivera.

Sergio Calle Llorens

2 comentarios:

  1. He pasado por tu blog pero despues de esta entrada ya me voy, yogur.

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    1. Este blog puede decir mucho de mi y, de hecho, lo dice. Sin embargo, hay algo que no has entendido en absoluto. Este es un espacio dedicado a la gente liberal, entendida como un grupo que piensa que los otros pueden ser los que tienen razón y nosotros los equivocados. Por eso, no puedes entender lo que significa el blog, sus contenidos y mi apoyo a Ciudadanos como opción política para el conjunto de España.

      El discrepar no es malo y, por supuesto, no es motivo para ponerle la cruz a alguien. Es obvio que yo pertenezco a la tercera España y tú a una de esas dos que le hiela el corazón a la otra.

      Por eso, me alegra de que no vuelvas. Nada podrías aportar y nada podrías aprender de mis textos. Buena suerte y que tu odio muera contigo.

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