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miércoles, 17 de marzo de 2021

lBORREGOS DE JAÉN!

 



Jaén se ha echado a la calle para protestar contra la discriminación cuarenta años después.  A eso lo llamo yo moverse con rapidez. Un poco más y esperan a la colonización del planeta rojo para manifestarse.  En cualquier caso, la gota que ha colmado el vaso ha sido la concesión a Córdoba de la base logística de Defensa que, me aseguran, había sido apalabrada a las autoridades jienenses. La ínclita Carmen Calvo admitió que había pedido al presidente, Pedro Sánchez, que apostase por su tierra que, al parecer, no incluye a la ciudad que gobierna el socialista Julio Millán.  

Jaén tiene un futuro más negro que el corazón de Pablo Echenique.  Para más inri, la provincia que limita al norte con Ciudad Real, y al sur con el ridículo, ha perdido el noventa por ciento de los servicios ferroviarios en los últimos veinticinco años, población y casi no cuenta con autovías. Las buenas perspectivas, como vemos, han desaparecido como las lágrimas en la lluvia.

Creo que ha quedado demostrado lo que es el PSOE, lo que siempre ha sido el PSOE; una máquina de generar miseria y paro. Pero esa provincia no es inocente en el  más espectacular legado de corrupción que deja la secta del capullo en la historia de España.  No es que Jaén tenga problemas, sino que Jaén es el problema por apoyar el socialismo andaluz en todas y cada una de las consultas electorales celebradas en esa singular provincia.  Para muestra un botón: cuando la Junta de Andalucía nombró a Bienvenido (nunca un nombre estuvo tan mal puesto) Martínez como presidente de Santana para reflotar la compañía en abril de 2009, la prensa de Jaén dedicó sus consabidas lisonjas al socialista: “Hombre de una dilatada carrera profesional”.  Dos años más tarde, Santana había quebrado tras una inversión millonaria en la fábrica de Linares. El asunto terminó en la imputación de Martínez junto a  la de otros cargos socialistas. ¿Y qué hizo Jaén? Pues volver a votar en masa al PSOE en la siguiente cita electoral. Además, también premiaron a su hermano en un concurso de carnaval celebrado en su cochambroso pueblo.  ¿Pero cómo se puede ser tan imbécil?

 En verdad, la satisfacción de los tiranos se basa en la opresión de los tiranizados. Y el partido de Susana Díaz está muy dichoso con los borregos jienenses.  La autonomía, más que le pese a algunos, ha sido una pesadilla más que un sueño, y los jirones que aún persisten se encuentran en lugares como Jaén. Provincia que ha demostrado una pasmosa incapacidad para crear algo bello y, a la vez, inteligente a lo largo de su reciente historia.  Al fin y a la postre, el jienense medio seguirá votando al PSOE, aunque su candidato sea un mono corroncho, la mula Francis o Paquirrín. 

¡Así que dejen de tocar el pito!

Sergio Calle Llorens


lunes, 15 de marzo de 2021

"STRIKE UP GARRY OWEN"



La propia existencia de los Estados Unidos de América estaba basada en la desposesión de la tierra de los indígenas. Si Custer estaba equivocado, la joven nación compartía ese error.   El problema era simple; los nativos vivían en unas tierras que el hombre blanco necesitaba  para desarrollar al país.  Para lograrlo depositaron sus esperanzas en el militar al que sólo se le daba bien una cosa en la vida: ganar batallas. Custer era, por mucho que se haya arrastrado su nombre por la ciénaga de la historia, un excelente combatiente, además de un grandísimo hijo de puta. La clase de tipo que uno quiere tener al lado cuando las cosas se ponen feas en el campo de batalla.  Su plan era recrear "su victoria" en Wichita

 El problema es que las Black Hills no estaban en venta. Toro Sentado y los suyos sabían que luchaban por la supervivencia de su forma de vida. Además, en muchos sentidos, los Lakotas estaban en su máximo esplendor de poder cuando “cabellos dorados” entró en sus dominios al mando del séptimo de caballería.  No sabía, porque los servicios de inteligencia de su país habían fallado, que se enfrentaba a una fuerza colosal armada hasta los dientes. De hecho, sus soldados llevaban riles Springfields- de menos cadencia de tiro- mientras los indios portaban los mortíferos Winchesters.  Por otra parte, todo aficionado a la historia conoce la siguiente máxima:  a conquering people could not be expectted to surrender without a fight.

Estudiando con sosiego los momentos previos a la legendaria batalla de little bighorn, podemos concluir que Custer avanzó porque tenía la impresión de que los indios estaban huyendo, y de haber sabido que iban a su encuentro, estoy convencido, hubiese actuado de forma muy diferente.  Seguramente no habría dividido sus fuerzas al tener que enfrentarse con una fuerza superior. Probablemente no habría dejado atrás las ametralladoras Gatlling-, y el resultado hubiese sido diferente.  No fue culpa de Custer el rocambolesco asalto del Mayor Marcus Reno al poblado donde concentraban sus fuerzas los lakotas, arapahoes y cheyenes. 

Las conclusiones de la comisión que investigó el desastre de little bighorn estableció, y sin ningún género de dudas, que el gran número de indios fue clave en la derrota. Reno podría haber estado borracho cuando asaltó, y a pie, el poblado indígena, o podría haber rayado la insubordinación, pero el factor clave permanece; el número superior de  lakotas y cheyenes y sus ganas de luchar. Intentando prevenir que los nativos escaparan a campamentos satélites, Custer cometió un grave error de cálculo al dividir sus tropas. Su decisión fue fatal, pero comprensible. Por poner las cosas en perspectiva, hay que decir que nadie en el ejército esperaba un enfrentamiento con una fuerza de tal calibre.  Al ser preguntado por la batalla Sheridan declaró lo siguiente: “ I cant´believe that Custer and his whole command would be swept away. I don´t think there were enough indians to do it like this”. El Mayor Reno declaró a su vez que el objetivo de Custer era atacar el poblado simultáneamente desde los dos lados opuestos al poblado.  

Desgraciadamente la narrativa popular mantiene como verdad indiscutible que la personalidad alocada de Custer llevó a sus hombres a la muerte en aquella  lejana jornada de 1876. Sin embargo, nuestro protagonista demostró ser un gran soldado  desde la guerra civil hasta las dos batallas en las que venció en Yellowstone. 

Podemos concluir que Custer contribuyó a transformar el viejo mundo en uno nuevo, pero no llegó a comprenderlo. Hombre de frontera incapaz de entender a los indios. Fracasado hombre de negocios, pendenciero, mujeriego y jugador compulsivo. Un  sureño que luchó por el norte.  Racista que creía en la democracia del hombre blanco como todos los miembros del partido demócratas de su tiempo. Enemigo de Grant, a cuya administración acusaba de corrupción en su oficina de defensa, llegó a señalar al mismísimo hermano del presidente por lo que fue apartado de su puesto,  Hombre contradictorio que fue en busca de una victoria militar para redimirse. De haber hallado el paso correcto del río, hubiese tomado a las mujeres y niños de los nativos como rehenes. A punto estuvo de salir victorioso.

La explicación más simple para explicar el desastre del séptimo de Caballería es la siguiente: el ejército perdió porque ganaron los indios gracias, alguien tenía que decirlo, a la gran estrategia de Caballo Loco. Sin embargo, son legión los que todavía tratan de justificar la derrota en las tierras dulces de Montana recordando que el de Ohio fue, además de un loco, el último de su promoción en West Point. A todos habría que hacerles la misma pregunta: ¿Quién recuerda al primero? Seamos claros; miles de lunas después todavía recordamos al teniente coronel George Armstron Custer cabalgando hacia la muerte gritando aquello de “Strike up Garry Owen”. Por algo será. 

Sergio Calle Llorens