Rafael J. Pérez
afirma en su columna del Diario Sur
lo siguiente: “nadie debe insultar a nadie. Sea del arco que sea, sea de la ideología
que sea, sea de la religión que sea. El respeto al prójimo y a las autoridades
lo defiende la Constitución, la
legislación actual y hasta la Biblia”.
El sacerdote también nos deja otra declaración de
intenciones: “Con la llegada de las redes sociales pareció que todo el campo
era orégano y con un ordenador o móvil en la mano se podía escribir lo que
apeteciera. Manifestar la legítima diferencia de parecer es recomendable. Es más, necesario. Pero hay líneas rojas que no deben
traspasarse nunca”.
El Cura deja una última perla para sus lectores que, tal vez
sean una gran minoría, al recordarnos que a un vecino de Fuengirola la Fiscalía le pide dos años de cárcel por
fomentar odio hacia los árabes con mensajes en los que insultaba y pedía su
expulsión de España ; Ante este asunto, el cura escribía lo siguiente “A Dios
gracias, la sensación de impunidad parece que desaparece. Ya nadie puede
insultar en la red parapetándose en perfiles falsos o en su particular perfil. Difamar,
vejar o atentar contra el honor no saldrá gratis a quien llevado por los
motivos más peregrinos vomita en las redes sociales toda la mierda que lleva
dentro”.
En una cosa sí estoy de acuerdo con el articulista, hay
líneas rojas que no deberían cruzarse
nunca en el debate pero, en cualquier caso, la libertad de expresión no es un concepto abstracto, se puede o no se
puede ejercer y no debería existir ningún límite al respecto. La libertad de expresión
es lo que occidente es y representa. Y aunque a mí no me gusta lo que dicen
algunos, hay silencios mucho más hirientes y dañinos que millones de insultos
juntos ¿O no recuerda el sacerdote la ocultación de los abusos sexuales a niños
por parte de miembros destacados de la iglesia
católica? Por no hablar de la sonrisa cómplice el Papa Francisco cuando mira para otro lado con los
crímenes de la dictadura cubana.
Habría que recordarle
a este Delegado Diocesano que, como nos dejó escrito Josep Pla, encontrar el adjetivo correcto para cada cosa es un
asunto dificilísimo. Por eso, que un niño violado por un cura
de forma sistemática use calificativos duros para describir la inmensa maldad-
por no hablar de la mierda que ese malnacido abusador lleva dentro- es de obligado cumplimiento literario. Tal vez Rafael Pérez Pallarés prefiera que
llamemos “picarón” a un cura violador. Incluso, llegado el caso, estaría más de
acuerdo con epítetos mucho más suaves a la hora de definir a un sindicalista
gorrón que vive del sudor del de enfrente. No fuéramos a ofender al prójimo. Además, quién decide lo que ofende o no: ¿el Papa Paco reunido con su Eminencia e
inspirados por las enseñanzas de Torquemada?
Acabemos.
En cuanto a su afirmación de que la sensación de impunidad parece
que va desapareciendo, imagino que la escribe por desconocimiento. Y si no me
cree, pude ir a los millones de mensajes que dejan los televidentes de la
cadena Al- Jazeera cada vez que tiene
lugar un ataque terrorista islámico en occidente - últimamente cada dos por
tres- en los que más de un 70% son de mofa y de
regocijo. Claro, es mucho más fácil ir de moderno por la vida y machacar a un señor de Fuengirola por decir que el Islam es incompatible con la
democracia occidental. Por cierto, lo que defiende la Constitución es la
libertad de expresión y si el cura busca
discurso de odio, que se dé una vuelta por la cadena Córdoba TV financiada por Arabia
Saudí.
Parece claro que el señor Pérez Pallarés piensa que nunca hay que ofender a nadie. Sin
embargo, qué quieren que le diga, a mi este Sacerdote me hiere dirigiendo un
programa en Canal Sur llamado “Palabra para la vida”, mientras mi
padre murió ahogado en su propia sangre por culpa del SAS. Ya ven, dinero para el
espacio del cura y ni un céntimo para mi progenitor, ni para los millones de
sureños que siguen en las listas de espera de Susana Díaz. Y aunque el comportamiento del religioso me ultraja y
me envenena, él está en su derecho de seguir insultando y vejando a sus
paisanos con su actitud en la cadena donde la disidencia contra los socialistas
no se tolera.
Espero que Pérez
Pallarés entienda que cuando tu vida es tu argumento, nadie podrá combatir
contra eso. Y el argumento vital del Sacerdote es simplemente una capitulación
en posición genuflexa hacia aquellos que odian occidente y un aplauso a los
Fiscales- por cierto la jurisprudencia
del Tribunal Europeo de Derechos Humanos establece que por encima de la
libertad de expresión no hay nada- que odian la palabra libertad con
mayúsculas. Por eso hay que decirle que llegará un momento, tal vez cuando esté
al pie del altar y unos barbudos estén a punto de mandarlo a cenar con Jesucristo, en el que tendrá que elegir entre luchar o
rendirse.
Que escoja Pérez
Pallarés poner la otra mejilla mientras nosotros, una vez más, marchamos al
matadero con el pecho hinchado de orgullo, como ya hicimos en la Playa de Omaha mientras elevamos al
cielo una vieja plegaria: “Padre ya
sabes lo ocupado que estaré hoy en el Campo de Batalla. Si yo me olvido de ti,
tú no te olvides de mí”.
“Sancho por la libertad se puede y se debe aventurar la vida”- Don Quijote.
Sergio Calle Llorens
Tras la publicación de este artículo he recibido la noticia el bloqueo del Sacerdote mencionado. Queda demostrado que el señor Cura no quiere debate sino que todas las ovejas descarriadas bajemos la cabeza y vayamos a besarle su anillo. Pues va a ser que no.
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