La izquierda española más radical siempre quiso llevar a
Franco ante un tribunal civil y condenarlo. Al fracasar en el intento, se
vengan en España, una nación a la que identifican con el dictador. De ahí que
ni acepten la bandera, ni la constitución, ni todo aquello que huela a español.
Cualquier intento de menoscabar el poder central del estado es jaleado por esa
izquierda a la que aludo. En ese contexto hemos de entender sus guiños al mundo
etarra, su mamoneo con los nacionalistas periféricos e, incluso, el apoyo al
Reino de Marruecos en relación a sus reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla.
Recientemente, se produjo un concierto por la independencia
de Cataluña en el que acudieron 90.000 almas, acontecimiento que fue
retransmitido por el canal autonómico catalán que pagan muchos catalanes que no
comulgan con el ideario nacionalista, Se vieron muchas esteladas y, por
supuesto, el payaso de Ramoncín acudió presto a apoyarles sin complejos.
Posteriormente, afirmó que a él lo que le gustaría es una República Ibérica de
pueblos. Una vez más, la palabra España provoca en la siniestra el mismo efecto
que a la niña del exorcista los latines del Padre Mancuso. Realmente no me
sorprende este tipo de discurso trasnochado de personas que se quedaron en
1977.
Si les digo la verdad nunca he sido mucho de banderas y,
como no podía ser de otra manera, me ha horrorizado siempre el uso incorrecto
que la derecha española ha hecho del distintivo de todos. Sin embargo, la
bandera nacional es la mía, la que siento y, como imaginan, me molesta que la
quemen o la pisen. Pero como de la
enseña española está todo dicho, me gustaría hacerlo con las del prójimo.
Afirma la izquierda que no pueden aceptar la bandera
española porque fue con la que los nacionales asesinaron a miles de ciudadanos.
Hago un esfuerzo por entenderles, pero vamos a aplicar su lógica sobre otros
estandartes considerando que, tal vez, tengan razón. Entonces, deberían retirar
de sus mítines las banderas comunistas que han causado más de 100 millones de
víctimas en todo el mundo. Si tanto odian la enseña que identifican con el
fascismo, podrían abrazar la americana de la barra y estrellas que fue, de
hecho, la que seguían miles de jóvenes norteamericanos para liberar Europa del
yugo nazi. Incluso, si se tercia, deberían incluir en sus mítines el blasón de
Israel, única democracia de Oriente Próximo donde, por cierto, se ha dado el
Kibbutz, uno de los únicos experimentos
socialistas que ha funcionado en la historia de nuestro loco mundo.
Imaginen la escena de un mitin de Izquierda Unida con una
bandera de Israel y otra de los Estados Unidos. Todo acabaría como el rosario
de la aurora. A la izquierda española le sobran tópicos y le faltan ideas.
Lleva perdida desde que cayó el muro de Berlín y, que sepamos, todavía no ha
incluido ninguna propuesta valida para el siglo XXI. Lo suyo es el siglo XIX y
los años de la guerra civil española del siglo pasado. Lejos de ahí, no tienen
nada que aportarnos que no sea la de querer identificar a los españoles que no
vivimos la guerra civil con el bando vencedor por, si cuela, poder seguir
viviendo del cuento de buenos y malos. Una guerra que, por cierto, provocaron
al pensar que serían capaces de vencer e imponer su dictadura del proletariado.
Fracasaron y su estúpido intento dio paso a 40 años de oscuridad franquista.
El debate de las banderas tiene en Andalucía un epílogo
divertido. Y es que los hombres y mujeres de IU que no aceptan la bandera
nacional gobiernan, y en coalición, con un PSOE que tiene en sus filas a hijos
de grandes franquistas. Es más, el todavía presidente andaluz es un madrileño
cuyo padre fue escolta del mismísimo Franco. Y es que en la taifa del sur sigue
imperando el franquismo en el que el subdesarrollo se convierte en tipismo.
Mírese Canal Sur.
Creo, por tanto, conveniente que la izquierda española se
modernice de una vez por todas y se convierta en lo que nunca ha sido;
NACIONAL. No hace falta que miren a las patéticas Repúblicas Bolivarianas, ahí
cerquita tienen a Francia, Gran Bretaña y Alemania donde cualquier desafección
por la bandera se paga con el ostracismo en las urnas. Finalmente, y sin que
sirva de precedente, quiero gritar un rotundo; ¡Viva España y sus mujeres, de
bandera!
Sergio Calle Llorens
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