DANI ROVIRA

Anda Dani Rovira muy dolido por las críticas a su intervención como maestro de ceremonias en los premios Goya del cine español. En su descargo hay que decir que es ciertamente difícil presentar una gala de ese calibre, y durante cuatro horas, por segundo año consecutivo.  Su actuación es, ustedes perdónenme el símil sexual, casi como hacerle el amor  de la misma forma a una mujer a lo largo del calendario. Y claro, la fémina se  cansa del asunto en seguida por la falta de imaginación del Casanova. Por eso, el mete saca del actor se puede considerar como una metedura de patas y un sacar los pies del tiesto. No puede haber otra forma de definirlo porque, entre otras cosas, invitar al Ministro de Cultura y Deportes del Reino de España a un bar de Málaga y no mencionar a los profesores de la Cónsula, que tienen 8 mensualidades atrasadas por culpa de tus amigos los socialistas es, además de una traición para con tus paisanos, un insulto a la inteligencia.  Tampoco estuvo acertado el malagueño a la hora de babear con la presencia de la alcaldesa de Madrid a la que, por cierto, tampoco afeó el hecho de que su ayuntamiento haya retirado todas las subvenciones a las asociaciones del terrorismo para, un cuarto de hora después, sufragar con un millón de euros el Festival de Bollywood a celebrar en la Villa en el presente año.

A Rovira, según su propia declaración vía redes sociales, su participación en la Gala de los Goya no le ha merecido la pena. A nosotros, francamente, tampoco. Especialmente en mi caso que no pude  explicar a mi hija el asesinato del padre de un compañero del colegio a manos de la organización terrorista ETA. Esa a la que Carmena, su Carmena, ha definido, lapsus lingue aparte, como una organización política.  Ni siquiera  un paseo por el barrio marinero de Pedregalejo- situado a dos cañas del  Centro de Estudios donde se guardó un minuto de silencio por el Guardia Civil asesinado-,  pudo hacer que la niña olvidara el asesinato.

Espero, en cualquier caso, que el sectarismo mostrado por el comediante no le pase factura y en el futuro pueda seguir haciendo películas a pesar de todo. No vaya a ser que un día llegue a echar de menos a esos fans tan pesados que hoy le piden autógrafos  porque entonces entendería, y de la forma más cruel, que la fama es como la bolsa. Un día tus acciones están en lo alto del parqué y otro, en el infierno de los sin blanca. De momento, Rovira parece pensar como el personaje de Jordan Belfort  interpretado por Di Caprio  en la película de “El lobo de Wall Street que nos dejó esta frase memorable; “el juego consiste en pasar el dinero del bolsillo de tu cliente, a tu bolsillo”, sin saber que los colmillos de los agentes de Bolsa con el tiempo, como la gracia de los titiriteros, terminan por desgastarse. Avisado queda.


Sergio Calle Llorens 

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