domingo, 30 de agosto de 2015

HUNDIDOS

Me pasa un amigo la columna de José María De Loma sobre el Skyline de Málaga y, puedo concluir que leo el Palique y también vomito. Al parecer,  al patético turiferario, la noria le parece de pueblo y, sus cabinas solo sirven para el morreo de parejas o, para las prácticas onanistas en una ciudad que el pagafantas declara dormida. En realidad, que alguien de la hoja parroquial del PSOE  hable mal de algo, nos debería servir para convencernos de que la Capital de la Costa del Sol ha elegido el camino correcto. Y es que ya no hay vuelta atrás porque nunca seremos aquello que quiere el socialismo andaluz; provincia de nadie.  Por tanto, dejemos que los medios de comunicación extranjeros califiquen a Málaga como la nueva Barcelona. Permitamos que la prensa internacional hable de la ciudad como el tercer destino urbano de España. Disfrutemos con los logros de los malagueños y, abandonemos a La Opinión con sus 2000 diarios vendidos. De Loma, después de todo, es un pobre animal enlomado por la rabia y el odio. Rebuznos que son música para nuestros oídos. Baladas de una tonada para que baile agarradito a Conejo y Heredia. Pues que sigan danzando hasta el final de las subvenciones de la Junta.

El segundo tema a tratar es la defunción del PA.  Y mientras lo hago escucho de fondo la marcha fúnebre de Mozart. Música divina a mis oídos. Marcha que acompaña el féretro verdiblanco por las calles de la taifa del sur. Los imagino entrando con la cajita en un pequeño barco al que empujan al mediterráneo. Esa patria salada cuyas olas jamás tuvieron nada que ver con los delirios del zumbado de Blas Infante. Evidentemente, en la embarcación, que pronto será pecio en el fondo de la mar, no hay una orquesta como la del Titanic. Para eso haría falta valentía. La misma de la que carecen los del coñazo identitario.

Se va hundiendo lentamente la nave  tal y como predije hace muchos años.  De pronto, me viene a la mente el viaje de Rojas Marcos y Luís Uruñuela a la Libia de Gadafi- otro muerto-  y me asaltan los discursos más grotescos. Un mundo, se mundo, dominado por las formas simiescas de una simplicidad inenarrable. Se hunde el barco andalucista, sí, y la mar, que hace una compañía constante pero que nunca perdona, se cobra la pieza.  El navío deja 11 millones de pérdidas y, a nadie parece importarle. Da igual, por fin se ha superado ese infantil tartamudeo tan comarca y tan andaluz. Hemos vencido al andalucismo y por el periscopio vemos la inclinación definitiva de la embarcación. Y en estas que el cielo de la bahía de Málaga parece más azul, más límpido y espectacular. Una luz dominical que busca septiembre henchida de felicidad y solo rota por un grito unánime; hundidos por fin.  Les dejo que he de enfriar el Moscatel. 


Sergio Calle Llorens

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