lunes, 3 de noviembre de 2014

GANAREMOS

Ayer hojeaba de pie las páginas amarillas y quebradizas de un libro escrito por un viejo soldado de los Tercios de España, con ese delicioso olor a desván y polvo, y me invadió una extraña sensación de triunfo. Sentir el miedo pavoroso que me tienen algunos en Andalucía y en el resto de la nación. Notar que me temen más en las distancias cortas que tras la fría pantalla del ordenador. Y hacen bien, por cierto. Nunca he tenido el cuerpo para requiebros y me gusta más un combate que a un socialista andaluz el olor del dinero ajeno.

Esa sensación de triunfo se fue acrecentando a medida que pasaba el día y me iban llegando noticias alentadoras. Ese Jordi Évole en Dinamarca para constatar lo que yo llevo una década denunciando. Eso sí, el catalán dejaba de pasar una oportunidad única de mostrar la verdadera cara del fraude de los Cursos de Formación en Andalucía. Al menos pude presenciar su asombro por la forma tan eficiente en la que funciona el sistema laboral danés. Ya les digo, diez años en los que me han llamado de todo para terminar viendo como el gurú de los progresistas agacha la cabeza en señal de reconocimiento.

Hay gente empeñada en confundir los ojos con la mirada. Incluso los insultos pierden valor si no tienes delante a la persona que abre la boca para acordarse de nuestros familiares fallecidos. Y no, no es lo mismo que alguien nos ponga a parir escondido tras un teclado, que un callejón en plena noche. Ayer mismo varios de Podemos se enfadaron con mi columna por no poder mandarme a una columna de fusilamiento. Son los mismos que luego alquilan espadas ajenas por no tener las agallas de terminar ellos viejas disputas ideológicas. Sin embargo, el tiempo me ha dado la razón y ha ocurrido, asómbrense, en el momento en el que se va a cumplir el aniversário de la caída del muro de Berlín. Ese 9 de noviembre de 1989 que jamás olvidaré. Meses después tuve que escapar de Rumania cuando el dictador cayó. Los extranjeros fuimos repatriados por la vía de urgencia. Algún día les contaré la aventura.

Esos 25 años que vamos a celebrar la próxima semana suponen una fecha de honor en mi calendario vital. Y hoy, cuando aquellos viejos camaradas quieren volver a traernos su horror y su dictadura del proletariado en una camisa nueva me viene a la imagen aquella escena de la película Cabaret; en ella un nazi comieza a cantar el Tomorrow belongs to me y alguien pregunta si podrán pararles. Y vaya si pudimos. Vencimos a los nazis y a los comunistas. Ahora, aunque les parezca mentira, va a ocurrir lo mismo. Nos negamos a volver a los hornos crematorios o al gulag. Podrán ganarnos algunas batallas pero nada más. La victoria final es nuestra porque ya no nos importa tener razón, que la tenemos, sino simplemente ganar.

Sergio Calle Llorens

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