martes, 11 de febrero de 2014

LA GALA DE LOS GOYA

Con el tema de la Gala de los Goya me ocurre como con la política; soy incapaz de seguir a nadie que no esté dispuesto a respetar a los que piensan de forma diferente. Sin embargo, tengo a bien ir a ver de vez en cuando alguna película  en el Festival de cine español de Málaga. Única muestra de cine, por cierto, que no es subvencionada por el gobierno de la República Bananera de Andalucía. Soy de la opinión que es harto difícil encontrar una cinta nacional acabada con tino. Y luego está el tema de la calidad de los actores. A veces me es imposible disimular mi espanto con lo poco que vocalizan esos cabrones. En cuanto a la temática, he de añadir que pareciera por momentos que al margen de la guerra incivil española, no hay nada de valor que mostrar al gran público. Nada de las grandes hazañas nacionales. Y miren que quedaría bien una gran producción sobre Bernardo de Gálvez, Blas de Lezo o Sanz Briz pero, queridos amigos, todo aquello que huela a España es tachado de fascistas por la gente que domina las cosas del celuloide. Sobre todo cuando España sale victoriosa. Hasta Alatriste fue catalogada de camisa vieja. Y eso que es, al margen de las aventuras, una crítica feroz a la España Imperial.

Desde un punto de vista del mérito cinematográfico, el problema no es sólo la baja calidad de las películas sino que, encima, quieren hacernos ver que son obras maestras. Claro que la cosa tiene sus matices y atenuantes. Vaya que a veces uno puede disfrutar con algunas cintas de cine de terror hechas en España. Lo que es difícil de entender  es esa forma de promocionar sus trabajos insultando, como hacen, cuando los suyos no están en el poder. Y que no me vengan con el cuento del IVA porque ZP también se lo subió y no dijeron ni pío. Tampoco habría estado mal que un actor catalán al recibir un Goya se hubiese postulado contra el plan soberanista de Mas, o, digo yo, algún andaluz del gremio hubiese denunciado el latrocinio institucionalizado del PSOE andaluz. De haberlo hecho, ahora contarían con muchos más millones de españoles secundando sus ataques al ministro Wert. En realidad, manifestarse contra la guerra de Irak y hacer la vista gorda sobre las matanzas de ETA tiene un nombre; cobardía.

Que Javier Bardén y su tropa se solidaricen con los afectados del ERE de Coca Cola mientras aplican uno en sus restaurantes demuestra que todo es más falso que un decorado de cartón piedra. Empero, lo peor es que la gente ha terminado aceptando que cualquiera que se dedique al cine se convierte, de facto, en un intelectual de prestigio. Esa gente que agasaja a Maribel Verdú por denunciar los desahucios, mientras un par días antes grababa de tapadillo un Spot en el que un banco ofrecía esas malditas hipotecas que han llevado a tanta criatura a la ruina.

Los faranduleros convertidos en grandes sabios de los nuevos tiempos; con sus eslóganes, sus carísimos trajes, sus vicios y sus paranoias no son ni mejores, ni peores, que el resto de los mortales. Todo es una ilusión e iluso es el que se crea que después del corten, los intérpretes siguen aplicado su genio y valentía al resto de actividades de la vida. Recuerden a Errol Flynn haciendo muchas películas de la Segunda Guerra Mundial pero incapaz de pasar las pruebas físicas del ejército porque era, gracias a su afición al alcohol, un desecho humano.

Si en la Gala de los Goya el cielo progresista derrama todas sus bendiciones mientras elimina a todos los directores de derechas de la historia del cine, siempre habrá menos gente dispuesta a comprarles la moto. Al final, la fiesta del cine español se convierte en un mitin más de un partido de izquierdas. Y creo yo, que con la que está lloviendo, el cine está para hacernos soñar y distraernos de un mundo en tremenda decadencia. Por ello, huyo de Galas casposas y me refugio, siempre que puedo, en una vieja cinta de John Ford cuya adscripción ideológica, como imaginan, me trae sin cuidado. Espero que algún día los del cine se den cuenta de que llevan años marcándose goles en su propia portería, porque cuando al final de una película dicen corten, millones de ciudadanos les hacen un corte de manga rotundo y contundente.

Sergio Calle Llorens




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