miércoles, 29 de enero de 2014

LOS COLUMNISTAS ANDALUCES

Hay un elemento que los periodistas del régimen andaluz llevan en la sangre; no pueden  aguantar la menor crítica, la más ligera alusión a su deber de informar sobre los abusos del partido que lleva gobernando más de 30 años les vuelve locos. No lo toleran, por más que les demostremos objetivamente que su silencio es nefasto y perjudicial para el interés general de los ciudadanos. Aunque la autonomía está basada en el saqueo continuado de las arcas públicas, no soportan nuestra crítica a sus panfletos llenos de fervor y halagos a los que les pagan.

En una tierra de puntillosos columnistas, la supresión de toda posible crítica representante una inmensa cucaña. Lo suyo es mencionar los recortes sanitarios de Madrid y obviar que es en Andalucía donde hay un enfermero por cada 18 pacientes. Málaga, la que más aporta a las arcas de la república bananera, tiene el triste récord de ser la región de Europa con menos camas por habitante. Y cuando quintuplica su población en época estival, el gobierno socialista cierra plantas enteras en los hospitales.

A mí me gusta coincidir con todo el mundo siempre que la coincidencia pueda producirse sobre cualidades probadas y ciertas. Se me hace ciertamente difícil, en cambio, sumarme a la opinión de los demás si de lo que se trataba esencialmente es contribuir al entontecimiento general de una población, por lo general, no muy espabilada.

Estos soberbios majaderos que escriben en los diarios del régimen andaluz no conocen la palabra vergüenza, pero tal como les sucede a sus mentores políticos, han de aprender a vivir con el hecho de que no aceptemos que se llamen periodistas.  Sé que el impulso natural del reportero andaluz a dar a las palabras su significado auténtico y trocarlo por otros más adecuados a sus intereses determinados. Empero, sus formas endiosadas contrastan con la ocultación de la realidad andaluza.

Cuando camino por la taifa del sur, leo, y las letras y el paisaje se me funden en la retina. En los artículos, la presencia del sentido común es difusa, en el paisaje también encuentro esa difusión. El personal parece avanzar como pollo sin cabeza y, lo que es más grave, sin esperanza.

Nacer en Andalucía es una maldición pero vivir es todavía peor y, ahora, incluso morir se nos antoja difícil. Moribundos mezclados con bebés recién nacidos, salas de espera donde huele a desesperación y a miseria. Parece que vinieran a decirnos; ya que os hemos jodido toda vuestra existencia, no podemos dejar de hacer lo que mejor se nos da a la hora de la parca.


 Cuando critico a los periodistas que callan, uso el tono más amable que es susceptible el método socrático. Estoy más habituado a la ironía que a la intolerancia pero, aceptar sus mentiras se me hace imposible. Incluso cuando me tienden la mano, uso a Cervantes y respondo: “que la mano que me pides y quieres darme, no sea por cumplimiento, ni para engañarme de nuevo”. Esas manos con las que escriben, tristemente, son cómplices del mayor engaño de la historia de España; la autonomía andaluza. 

Sergio Calle Llorens

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