sábado, 19 de octubre de 2013

LA GRAN MENTIRA

La gran mentira que se ha tragado el pueblo español es aquella que afirma que mientras más cercano está el poder, más progreso y menos corrupción. Sin embargo, el ejemplo andaluz nos muestra lo incierto de tal afirmación. Ha sido con la creación de la autonomía cuando las corruptelas se han acrecentado. Además, hoy soportamos una mayor carga fiscal para mantener un monstruo autonómico de mil cabezas. En Andalucía, la administración paralela se come una gran parte del presupuesto, sin  contar con la cantidad de empresas públicas y subvenciones a organizaciones afines al régimen político que, obviamente, también salen por un ojo de la cara.

Es evidente que los andaluces son anteriores a Platón y al idealismo, pero la cruda realidad que soportan les obligaría a posicionarse en contra del dragón autonomista. Abandonar esta gran mentira y adentrarse en el reino de la cordura debería ser la hoja de ruta para salir de la crisis en la república bananera de Andalucía. Por el contrario, continuarán aguantando los resultados mediocres de la casta política que nos mangonea.

Si hacemos un análisis comparativo de Andalucía con cualquier región de Europa, corremos el riesgo de que los comparados pongan el grito en el cielo. Pensemos que cualquier tierra europea se sentiría ultrajada al ser equiparada al reino de la chalaura. Empero, si hacemos este ejercicio de analogías con regiones italianas, veremos como el país de la moda nos bate en todos los sentidos. En Italia, no  tener gobierno no es sinónimo de paralización de la administración pública. Tampoco en regiones como Walonia o Flandes necesitaron gobierno alguno para seguir adelante. Los ciudadanos siguen trabajando duro y pagando impuestos. El resultado es que la administración en estos lugares, lejos de ser una carga, ayuda al desarrollo empresarial de los ciudadanos. En cambio, en Andalucía el engendro autonómico está al servicio de la casta que aplica el latrocinio institucionalizado; sindicatos, PSOE, IU y todos los colectivos subvencionados por La Garduña socialista. Dicho de otra manera, tener gobierno propio en Andalucía es mucho menos rentable que no tenerlo en otras partes de Europa.

Buena prueba de que el régimen socialista andaluz no puede funcionar, lo tenemos en el acoso permanente que sufría hasta ahora la juez Alaya. No contentos con ello, dieron un paso más y durante toda un día, incluyendo la madrugada, insultaron a la sevillana gravemente sin que por allí apareciera policía alguna. Es evidente que cuando cualquier región incumple las leyes en su beneficio y en contra de los ciudadanos, está cometiendo un fraude imperdonable que resulta carísimo.

Al margen del no funcionamiento del estado autonómico en Andalucía, también hay que destacar como no hay motivos históricos ni culturales para mantener un autogobierno en permanente estado de delirio. Tres décadas de propaganda y de planes educativos que no han servido para crear un sentimiento de afecto a la autonomía. No les hablo de las encuestas cocinadas en San Telmo, ni de los estudios de opinión sino de la realidad. Esa que no sale en canal sur. Y, precisamente, es la que afirma que la gran mayoría de andaluces se siente más orgullosa de ser de Málaga o de Almería que de ser andaluza.

Si la economía, la cultura, la educación, la sanidad y la industria son una quimera inalcanzable para una gran mayoría de andaluces, la tiranía de la Junta sólo alberga fracasos que, una vez consumados, se necesitan nuevos ingresos para mantener su delirio autonomista. En realidad, el ciudadano no necesita este lastre para seguir caminando. Puede que una revolución no sea más que un cambio brusco del personal dirigente, pero la auténtica rebelión andaluza debe ser la superación de su autonomía. La insurrección pasa por negarse a pagar más impuestos que apenas sirven ya para alimentar al monstruo que ellos han creado.

El andaluz, en definitiva, debe alejarse del yugo de la autonomía y aprender a volar libre. Es hora de dar un paso adelante y superar el régimen autonómico que tantos muros ha levantado en Andalucía. No creo equivocarme al afirmar que tras 33 años de gobiernos socialistas, el único logro es que los andaluces de diferentes provincias se odian mucho más hoy que cuando la autonomía empezó a andar en 1981.

La autonomía andaluza,  como otras tantas taifas españolas, constituyen la gran mentira de los hijos de Gepetto. No necesitamos esa carga adicional de impuestos. No es asumible pagar sueldos, coches oficiales, jubilaciones, trabajadores, empresas públicas, embajadas y ministros de 17 autonomías diferentes, a lo que hay que sumar los que corresponden al estado. La única solución pasa por poner fin, o delimitar, el estado autonómico tal y como lo conocemos. Defendí hace años en distintos foros que nos hundiríamos con el sistema actual, pues bien, ese momento ha llegado y pueden ahogarse ustedes con el gran buque llamado La Gran Mentira. Les aseguro que yo no pienso ayudar a nadie. Mi solidaridad se ha terminado.


Sergio Calle Llorens

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