lunes, 4 de marzo de 2013

ANTONIO BANDERAS Y ANDALUCÍA



Hay quien tiende a confundir a los intelectuales con la inteligencia. A los progresistas con el progreso. Incluso se dan criaturas que equivocan a la Junta de Andalucía con la libertad. Yo, que no suelo cometer este error y, para no confundirme del todo, sigo el consejo de un tío que en valenciano me decía; “describe las cosas sin retórica. La cuestión es mirarlas, mirarlas bien, observarlas y después escribirlas”. Hago todo lo que puedo pero soy un hombre de grandes limitaciones. Pese a ello, llevo observando la realidad circundante durante demasiado tiempo y, he de añadir, que no me gusta en absoluto. Y, cuando puedo, la plasmo en diferentes medios digitales. ¿Bien o mal? Ustedes tienen la palabra.

Banderas es un tipo que me cae muy bien. Vaya donde vaya, hace patria grande y chica. No se olvida de sus orígenes en la lejanía y, como todos saben, es un gran defensor de las cosas de su tierra. Sin embargo, no es un ser infalible. A veces, como tiene boca se equivoca. Eso sí, nadie en la provincia rebelde del sur, se atreverá jamás a poner en cuestión cualquier manifestación del actor malagueño. Cualquiera que no sea un servidor, se entiende.  El otro día, me molestaron, y mucho que dijera que Andalucía es una necesidad cuando era nombrado hijo predilecto de la taifa. En agradecimiento, hizo un discurso suelto, brillante, algo sentimental, de lágrima fácil, pero efectivo entre los primates sureños. Aquel discurso fue contestado por mi persona con un comentario crítico y, como suponía, me están cayendo rayos y centellas por ello.

Yo sabía que cualquier crítica contra mi paisano hace estallar el polvorín malagueño. Lejos de achantarme quiero compartirlas con mi parroquia. Banderas dijo que Andalucía es una necesidad y, por supuesto, yo añado que lo es para que te legalicen una casa ilegal en una espacio público que ocupa media playa y, también, para que te subvencionen documentales de ese animal con el que tanto se identifica; el lince. Además a Banderas se le olvidó levantar su voz para pedir el corredor ferroviario de la Costa del Sol, el tercer hospital o el parque de los cuentos prometidos por su gente. Apuntando mi dedo al lector, pretendo hacer notar como cualquier malagueño es capaz de mirar para otro lado cuando la Junta le concede cualquier prebenda. En el caso de Banderas, es más sangrante pues las críticas que hace en privado contra la Junta las calla en público. Antonio es concurrente en el error y, por muchas simpatías que en mí despierte, no he de callar ni en mil años.

Esta polémica lejos de preocuparme me divierte. Es de un cómico inenarrable pues algunos incluso pretenden que abandone, otra vez, Málaga.. A todos ellos, decirles que haber nacido en esta tierra es una hecho accidental y que yo a Málaga no le debo nada, más bien al contrario. La he defendido, hasta con mi propio dinero, en proyectos empresariales de diferente naturaleza. Dicho lo cual, reconozco en mi un amante de las cosas de esta parte del mediterráneo; esos atardeceres rojos cuando la mar ha entrado en un silencio oleoso. Esas lucecitas que se encienden a la hora del crepúsculo, con los cristales de los faroles humedecidos por el viento, la quietud y el rumor de mi patria salada. Un espectáculo marítimo incomparable. En esos momentos, olvido que a mis paisanos hace tiempo que se dejaron dominar por la pereza de la calle andaluza con una pancarta en la mano para golpear a aquellos que no comulgábamos con los mandatos del Guadalquivir. Una vez  más yerran el tiro. 

Sergio Calle Llorens

2 comentarios:

  1. pues ese consejo de su tío de no escribir las cosas con retórica no es que lo lleves muy al extremo...

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    1. No la verdad, pero de momento me ha ido francamente bien en lo de la escritura.

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