lunes, 20 de agosto de 2012

CRÍTICAS


El sentido común es el menos común de los sentidos y, algunos jamás han tenido la suerte de toparse con él, especialmente los críticos teatrales y cinematográficos. Esos seres que viven encerrados en sus torres de marfil y por eso, imagino, no reciben noticias del mundo exterior. Recientemente leí una crítica teatral en el New York Times que hacía buena mi teoría sobre esa secta. El crítico que reconocía haber pasado una velada riendo, decidió finalmente que era una obra muy mala. El tipo desconoce el hecho de que la ausencia de sonoras carcajadas es parcialmente responsable del estado actual del teatro. Estaría bien, por tanto, que se mantuvieran alejados de las tablas unos cuantos siglos para dejar, sobre todo, al público decidir lo que vale la pena ver.

Si en el mundo del espectáculo hay tipos empeñados en hacer crónicas para despellejar a honrados directores, qué me dicen de las cronistas políticas estilo María Antonia Iglesias- la niña del exorcista- o Curry Valenzuela. Esta última señala que el pluralismo está en el mando a distancia. La andaluza que cuenta con tres años menos que Matusalén, tiene menos idea de democracia que el padrecito Stalin. Ese criminal al que sigue defendiendo el progresismo español.

Pero si Valenzuela e Iglesias parecen haber sido expulsadas del museo de figuras de Madame Tussaud de mi amado Londres, algunos tertulianos radiofónicos merecen el calificativos de raros. Entre ellos destacan, sin duda, Enric Juliana y Pepe Barroso. El primero es un catalán con el que me gustaría estar de acuerdo pero, desgraciadamente, habla con una patata metida en la boca y, a estas alturas, no he podido sacar en limpio ninguno de sus enigmáticos discursos, además cuando al articulista de La Vanguardia se le cae, accidentalmente, el tubérculo de la boca, le da por imitar el sonido de una Mobyllette a punto de gripar. Algo así como; “ajunnnnnnnnnnnnn. Desconozco quien ha sido el lumbreras de Onda Cero que ha elegido al noi como tertuliano, pero si de mi dependiera, ya estaba de patitas en la calle. El segundo caso de tertuliano al que aludo, es el rey del ceceo, el cual no pergueña párrafos sueltos para los diarios. Lo suyo es decir tonterías a cual más grande. La última fue expuesta cuando España ganó la tercera Eurocopa de fútbol, pues no se le ocurrió otra cosa que criticar al equipo nacional por haber celebrado el título en el césped con sus hijos. Un comportamiento al que calificó como “Picnic impresentable. ¿Y dónde coño quería que lo celebrasen, en los aparcamientos?

A los críticos teatrales o políticos habría que decirles que los ciudadanos somos suficientemente inteligentes para saber lo que nos conviene. Imagino que esta no es una observación original, pero al menos espero que sirva contra esa gentuza que pretende gobernar nuestras vidas y prohibir, si les dejasen, todo aquello que nos agrada. De hecho, llegado el momento, regularían hasta la forma de eyacular de los varones morenos. La respuesta, ante tanto desvarío, sólo puede ser más liberalismo.

Sergio Calle Llorens

No hay comentarios:

Publicar un comentario