jueves, 14 de junio de 2012

CAMISAS

En la semana en la que el príncipe Eduardo ha visitado Gibraltar en busca de un torpedo que le arreglara su castigado trasero, otra noticia ha saltado a la primera página de los diarios. Se trata de la renuncia de Javier Arenas a seguir presidiendo su partido en Andalucía. En su marcha, le acompañará su fiel escudero, Antonio Sanz, “cara torcida”. A ninguno de los dos les recuerdo una frase brillante, o una propuesta ilusionante. A pesar de ello, es de justicia reconocerles haber vencido, finalmente, al régimen clientelar del PSOE. Algo casi tan sorprendente, como la manía de ambos de ir por todo el mundo con esas chaquetitas azules y sin corbata. Ya saben, el uniforme oficial del capillita. De cualquier forma, será extraño no verlos cabalgar por las tierras del sur, cuan Quijotes en busca de sus molinos de viento. Ésos que les han dejado con el cuerpo molido a palos. Al contrario del genio creado por el manco de Lepanto, nadie se acordará de ellos pasadas unas lunas. A lo sumo, unas pequeñas líneas analizando la oposición más pobre jamás montada con fecha, todo hay que decirlo, del día en el que los llanitos montaban el Cinexin y los monos huían despavoridos de la presencia real inglesa. Ya me entienden.

 En este tiempo de crisis moral, la Junta sigue en quiebra. No tiene dinero para terminar el metro de Málaga que tendrá que empezar a devolver 225 millones de euros sin tener todavía viajeros, y los impagos se extienden a los comedores y a las actividades extraescolares. Andalucía le debe a Málaga cuatro millones por el IBI de sus edificios. Todo unido al bloqueo de los centros del SAS que denuncian sus sindicatos, compone un panorama desolador. Lo grave es que nadie se lleva las manos a la cabeza, tal vez porque después de décadas de chalauras socialistas han curado de espanto a un pueblo que, lejos de sorprenderse, se levanta con cloroformo y se acuesta con su dosis de valium. La resignación es absoluta, sobre todo con el drama del paro. Los andaluces viven inmersos en una pesadilla interminable, y el miedo les atenaza. De noche, y de día. Es un miedo diferente al del resto de españoles, que, temen ser rescatados por Europa, mientras que los del sur temen no ser rescatados de ellos mismos. Tenemos el agua al cuello, y, aunque les advertí de que Andalucía iba abocada al desastre, no quisieron escucharme. Algunos porque tienen agujetas mentales, otros por propio interés económico, y la mayoría porque no tiene ni repojolera idea de lo que sucede en las cloacas andaluzas. Sí, el príncipe Andrew usa traje de lagarterana, los del PP chaquetitas azules,  y los que pensamos, camisas de fuerza para no ir al encuentro de nuestros políticos y hacer una auténtica barbaridad..

Sergio Calle Llorens

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