miércoles, 18 de abril de 2012

MÁLAGA Y ALMERÍA


Málaga y Almería son, con casi toda seguridad, las provincias sureñas que peor se sienten en la piel andaluza. En Almería la cosa viene de largo pues incluso fue la única provincia que no votó a favor del estatuto de autonomía que dio pie a la unidad política de la región. En Málaga, en cambio, pusimos hasta la sangre para alcanzar el autogobierno. Posteriormente, las políticas de agravios fuertemente centralistas han desembocado en un fuerte desencanto con el invento andaluz entre los malagueños y foráneos. En cualquier caso, cada una de estas provincias rebeldes tiene motivos más que suficientes para quejarse del trato que reciben por parte de las autoridades andaluzas y del Prisoe.


En Málaga los enfermos mentales vuelven a estar en los pasillos del hospital clínico universitario ante la falta de camas. Una situación inaceptable que ha denunciado el Sindicato Médico. Afirman que el centro hospitalario tiene la mitad de plazas psiquiátricas por habitante que la media andaluza y apenas una cuarta parte de la ratio que recomienda la Organización Mundial de la Salud. La denuncia del Sindicato Médico se une a la ya realizada a finales de febrero pasado. Hay enfermos hacinados en los pasillos. La mayoría, desgraciadamente para ellos, no tienen el carnet del PSOE en la boca. El hospital que atiene a la zona oeste de la capital de la Costa del Sol, la Serranía de Ronda, el Valle del Guadalhorce y la parte occidental de la provincia, es de tres camas psiquiátricas por 100.000 habitantes. En Andalucía tienen 6 camas. Los médicos incluso denuncian presiones a los profesionales para que realicen ingresos solo en situación extrema. Y es que, como siempre, el SAS demuestra que además de no tener corazón, se han ganado a pulso el nombre de servicio andaluz de soplapollas.


Un poco más al este, la provincia de Almería tiene en los servicios del 061 a uno de sus grandes enemigos, y es que sus unidades móviles no llegan a la mitad de la población, desde el término municipal de Níjar hasta el Levante, el Almanzora y la zona norte, donde las ambulancias convencionales cubren los servicios co un solo conductor. Lo que viene a ser un taxi para llevar enfermos. Ni siquiera la muerte de Antonio Mondéjar cuyos familiares esperaron cuatro horas la llegada de los servicios sanitarios, ha hecho que las autoridades andaluzas inviertan el dinero que se gastan en cocaína o putas en la sanidad almeriense.


A pesar de que gran parte de los ingresos de Andalucía son generados en las provincias citadas, verdaderos motores económicos de la región, la Junta sigue castigando a los almerienses y malagueños a ser ciudadanos de segunda en una comunidad autónoma de tercera. No es difícil entender ese sentimiento de agravio y de desapego con todo lo relacionado con la autonomía andaluza. Incluso hay sectores de la población que apuestan por bajarse en marcha del tren andaluz antes de que éste se estrelle. Gente honrada que preferiría una autonomía basada en las diputaciones, con pocos funcionarios, devolviendo competencias al estado y quitándonos el lastre de Andalucía. Sería bueno para todos y especialmente para el estado. Ahorraríamos dinero y Europa sabría que España va en serio en el tema de pagar la deuda. Un mensaje claro y diáfano a las autoridades de Bruselas. Soy consciente de que estos sentimientos, aunque son legítimos, exigen una ruptura con el gobierno regional a pesar de todo lo que nos une, pero no pueden esperar que permitamos que siempre se nos ataque y que nunca devolvamos los golpes.



Sergio Calle Llorens

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