sábado, 17 de marzo de 2012

MENTIRAS NACIONALISTAS


Edición Bilingüe- Edició Bilingüe:
Un mar escarlata se extendía como una alfombra en la bahía malagueña. El levante travieso hacía rato que se había marchado con la música a otra parte. Aquella estampa parecía sacada de una marina pintada por una mano experta. Las olas reptaban lentamente desde la inmensidad para besar, sin cansarse, a la orilla repleta de conchas. En la fina arena, se tumbaban cientos de cuerpos buscando tostarse al sol de la mañana. Respiraba la esencia de mi patria mediterránea cuando arribó mi amiga Meritxel que, además de catalana es profesora de historia.




Mi amiga suele hablar en susurros, como si temiera que alguien le echara en cara que hablara conmigo en la lengua de Plá. Meritxel es una mujer de armas tomar pero disfruto de su adorable compañía de cuando en cuando. La catalana suele tener una conversación muy interesante. Además nunca hablar por hablar y sólo se atreve a soltar la maldita cuando sabe de la materia. Entre ellas, destaca la historia y es muy hábil con el florete. Es más, jamás observé a una mujer combatir como ella. Lo único que no me gusta de ella es que anda tan lento y bebe tan poco que a veces la confundo con un camello, aunque con las jorobas delante.




Pero la mujer de Sort escribió un libro sobre Rafael de Casanova, catalán reconvertido en héroe de los nacionalistas de esas tierras. Meritxel, en cambio, hizo un trabajo en el que demostraba que el personaje animaba a los ciudadanos portando el pendón de Santa Eulalia a grito de ¡Luchad por una España libre de la garra francesa, pues el Rey Sol quiere convertir a ésta en provincia de Francia!”. El Conseller en Cap, en definitiva, no apoyó jamás una Cataluña independiente. Por si fuera poco, la historiadora defendía en su libro que la derrota de Carlos de Austria supuso el fin de un sistema medieval que aún permanecía vigente en Cataluña en pleno siglo de la luz y la razón, instaurándose de tal manera la Ilustración, que para la época era el sistema de gobierno más moderno. Sin embargo, nos han hecho creer que fue una guerra contra España y que la suspensión de la Generalitat fue un cataclismo, y eso que no era una institución democrática que afectase a todo ciudadano, sólo que unos pocos tenían en este organismo asegurado y garantizado sus privilegios. Por ello, me contaba, jamás se debería hablar de Casanova como de un patriota catalán.




Pensaba en ello al escuchar las palabras dulces de Meritxell. Apuraba mi cerveza y recordaba los mitos nacionalistas basados en aquello de mentira bien inventada vale mucho y no cuesta nada. Entonces recordé como los vascos mismos habían vendido la imagen de unos habitantes irredentos que jamás habían sido completamente dominados. A mi mente, llegaron las imágenes de esos gudaris que en la guerra civil española tenían que ser encadenados a las metralletas para no salir corriendo ante el empuje de las tropas de Franco. Pero esa imagen dio lugar a la de las vascas de hace miles de años que, por lo visto, solían decorar sus cabezas con un peinado en forma de falo. Al parecer, estaban divinas de la muerte con él y ligaban a destajo. Le conté a Meritxell las imágenes que venían a mi testa. Ella agradeció mis observaciones con una carcajada sincera. Poco a poco, parecía salir del enfado que le había producido que una editorial catalana le dijese que nadie iba a publicar un trabajo que desmontase las mentiras nacionalistas. Incluso, vaya tela, aunque su trabajo fuera desde el punto de vista histórico una verdad incuestionable.




Meritxell y yo en compañía del mar que seguía en calma queda a unos cientos de metros, repasamos los mitos nacionalistas y las mentiras históricas que nos han vendido como ciertas, incluidas las de la nación española. Y todo regado con anécdotas personales jugosas. Allí sentado junto a mi patria salada, recordé que Cataluña, gracias Dios, es más que esa pandilla de nacionalistas. Porque convendrán conmigo que la Barcelona bilingüe, urbana y cosmopolita nada tiene que ver con la de los Pirineos o con la Cataluña profunda. Esa que algunos medios de comunicación en colaboración con los meapilas de la Generalitat se empeñan en vender con la intención, unos, de presentar a los catalanes con cuernos, y otros con la idea de crear una frontera en el Ebro. Sí, allí sentado, me gustaría que esa conversación con mi amiga Meritxell hubiese sido trasmitida en directo al resto de españoles. Seguro que entonces se darían cuenta de que en el principado hay mucha más gente leal a España de lo que nos quieren hacer creer unos cuantos. Y que los catalanes no hablan catalán simplemente para joder al resto de españoles. Mantener eso, disculpen, sólo puede salir de una boca tan sucia como la de los viejos cantabros que solían limpiarse los dientes con sus orines. Una practica que, seguro, algún político estaría dispuesto a abrazar con tal de defender el terruño. España, les juro, podría ser como Barcelona, si la dejasen.




Sergio Calle Llorens

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