sábado, 17 de marzo de 2012

EL CAMBIO



Soy de los pocos que lleva años diciendo, ahí están las hemerotecas, que Andalucía es una autonomía imparable, hacia el abismo, claro. Un invento que había que cerrar más pronto que tarde si no queríamos vernos abogados al desastre. Desgraciadamente ese desastre ya ha arribado gracias a una administración inútil y a un PSOE corrupto e ineficaz. De todo ello, permítanme la licencia, les llevo advirtiendo en estas páginas. Sólo ahora cuando hemos cruzado el Rubicón, el personal se ha dado cuenta del engaño absoluto que ha supuesto estas décadas de poder andaluz. Ahora, alabado sea Dios, los habitantes de la región saben que no pueden seguir manteniendo un miniestado que supone pagar más impuestos para recibir unos servicios paupérrimos, a pesar de las chorradas que vierte la propaganda institucional. Se puede afirmar que un creciente número de ciudadanos ve en la autonomía como un lastre inútil que debemos soltar si queremos volar alto. Al lado opuesto se encuentra el torpe vulgo que ni lee, ni piensa. Y cuando lo hace, falla por su escasa capacidad de raciocinio. Es la gente que apoya que Andalucía no tenga techo porque prefiere el cielo raso. Son conocidos como el pesebre socialista.



A estos ciudadanos habría que explicarles que existe una gran diferencia entre recortes y derroche. Lo segundo es lo que practica la Junta con sus empresas públicas, sus sindicatos y su televisión de cenutrios. Sin olvidar, claro está, el latrocinio institucionalizado de los hombres y mujeres de la rosa y el capullo. Es tiempo, por tanto, de acabar con los privilegios y las prebendas políticas para garantizar nuestra supervivencia. Si cada español adeuda 38.000 euros por cabeza, los andaluces deberían saber que ellos van a pagar, y con creces, parte de esa deuda soberana si continúan apostando por la secta socialista. No es de recibo que en algunos municipios andaluces haya un teléfono móvil pagado por cada 372 habitantes. Como tampoco se puede aceptar jubilaciones millonarias a la misma gente que coloca a su gente, hace negocios con sus familiares y viaja en coche oficial.



La pregunta que deben hacerse los andaluces es si dejarían de serlo si esta cochambrosa autonomía pasase a mejor vida o cambiase de mano. Tal vez con un nuevo timonel, la región podría ser lo que siempre soñó. Tal vez no. Lo único claro es que en Andalucía no existe un debate identitario, así que las únicas opciones abiertas son las siguientes; suprimir la autonomía o votar al PP o a UPD. El resto es seguir bajo la dictadura de los pícaros que sólo conoce el robo a mano armada como forma de ganarse la vida.



Sergio Calle Llorens

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